Un grupo de caspolinos pertenecientes al club de montaña Zalagarda ascendieron varias cumbres de los Alpes durante las pasadas fiestas de San Roque. Empezaron por el pico suizo Eiger, que cuenta con una altura de 3.970 metros, aunque durante su descenso tuvieron que atravesar otros diferentes como el Jungfrau o los picos de Mönch.
Los caspolinos decidieron ascender al Eiger por una de sus aristas, y no por una de las caras de la montaña, ya que cuentan con una pared vertical de 2.000 metros de desnivel. Para Carlos Gallego, uno de los alpinistas caspolinos, "es una arista que tiene su parte de complejidad técnica, aunque no está reservada solo para unas pocas personas". "El gran reto del ascenso es la sensación de vacío que sientes a ambos lados cuando recorres las rocas y el hielo", aclara Gallego.
El descenso fue otro de los momentos claves de la salida y el más complicado para los alpinistas. Según el caspolino,"fue lo más duro, ya que no lo hicimos por la misma cara que el ascenso, aunque dosificando las fuerzas lo conseguimos superar". Para conseguir descender el Eiger los montañistas tuvieron que atravesar otros diferentes picos hasta llegar al Jungfrau. Desde allí retornaron a la localidad de Grindelwald con un tren cremallera por dentro de la montaña, finalizando así la travesía.
El tiempo acompañó a los alpinistas, lo que les facilitó en parte el ascenso hasta la cumbre. El recorrido duró tres días, uno de acercamiento, otro de ascenso hasta la cima y por último el descenso. Durante este pudieron disfrutar de unas vistas únicas de los glaciares alpinos. "El paisaje es muy diferente al que estamos acostumbrados en los Pirineos, allí son todo glaciares horizontales, mientras que aquí es en gran parte roca", explica Gallego.