Las hermanas Morraja-Bellido, amantes del tambor de Alcañiz e impulsoras de la tradición familiar

LA FAMILIA DEL TAMBOR. Eva y Sara Morraja comenzaron a tocar el tambor con 18 y 14 años respectivamente y nunca más lo han soltado. Son parte activa de la asociación Amigos del Tambor
Publicado por Laura Castel el 5 de agosto de 2025

Cuando tenía 18 años, Eva Morraja Bellido empezó a trabajar en Andorra y uno de los lugares que visitaba era a una tienda de tambores. Quería tocar uno así que «chinchó» a su hermana, Sara, de 14, con una pregunta: «¿Nos compramos un tambor y nos apuntamos a la Escuela para aprender a tocar y así después salimos?». Así comenzó la tradición semanasantística en el hogar de las Morraja-Bellido, siempre ligado al toque del tambor y que después han transmitido a sus respectivos hijos y maridos. Son parte activa de la asociación de los Amigos del Tambor, de las Jornadas Nacionales y de la Ruta -ahora solo Eva y su marido Jesús García- y salen en las procesiones de tambores.

Cuando eran pequeñas iban a ver las procesiones pero no participaban. Así que se cuando ilusionadas se apuntaron a la Escuela del Tambor de Alcañiz, sus padres les compraron un tambor a cada una. A sus 42 años, Eva sigue tocando el que le regalaron con 18 y Sara, de 38, lo ha llevado hasta el año pasado, cuando se lo pasó a su marido, Marcos Pallás.

Ese primer año de Escuela tan solo aprendieron. Recuerdan cómo con su «risa de novatas» las miró el que fue entonces su profesor, Ramón Solá 'Pescadillas'. «Todo empezó gracias a la buena acogida que tuvimos, nos ayudaron mucho. El segundo año ya teníamos túnica y nos propusieron salir en la exaltación de la Ruta. Fueron nuestras primeras jornadas, en Urrea y nevando. Nos apuntábamos a todo lo que nos ofrecían porque había muy buen ambiente», recuerdan las dos.

Ese segundo año también comenzaron a procesionar y fue el inicio de una relación con los Amigos del Tambor que con el tiempo se convirtió en verdadera amistad que se mantiene con encuentros durante todo el año. También entraron a formar parte de la junta como vocales. Sara fue secretaria pero se quedó embarazada enseguida y cedió el testigo a Eva, que lleva 12 años en el puesto.

Sara y Eva Morraja en 2005 / Archivo familiar

Las dos hermanas fueron formando sus propias familias y les han inculcado su pasión por el tambor. Jesús se apuntó a la Escuela del Tambor en 2013 cuando su mujer le dijo que retomaba las Jornadas Nacionales después de los dos embarazos. Marcos, el de Sara, es de Maella y en su casa tampoco tenía tradición. Fue hace un año cuando salió por primera vez.

Así que a medida que nacían sus hijos y que aprendían a tocar sus maridos se les han ido sumando al Pregón y el Santo Entierro. Cuentan orgullosas que sus hijos han procesionado desde bebés y nunca en carro. Además, aguantando toda la procesión. Primero Óscar y Rául, los chicos de Eva; y después Claudia y Paula, las hijas de Sara. Para ello todos los adultos llevaban arnés bajo la túnica pero un tambor menos para ir turnándose el llevar en brazos al niño más pequeño. Siempre salen al principio de la procesión porque se para menos y se hace más corta.

Los cuatro primos, Óscar, Raúl, Claudia y Paula; el año pasado / Archivo familiar

Además, Eva destaca emocionada que también procesiona como cetrillera del Silencio desde que en 2010, embarazada de su segundo hijo, le cedió el puesto Roberto Esteban. El alcañizano murió en octubre de ese mismo año.

Otra cita indispensable para Eva y Sara es la noche de Viernes Santo, la de tambores «por excelencia». «El Viernes y el Sábado por la mañana procesionamos con la familia pero esa noche es de fiesta con los Amigos del Tambor. Son especiales porque sin ellos no estaríamos aquí y participaríamos de forma tan activa en la Semana Santa. Forman parte de nuestra familia sin tener consanguinidad», destacan.

Sara y Eva Morraja en 2023 en la noche de los tambores, cuando salen junto a «sus amigos de los Amigos del Tambor» / Archivo familiar