Que las cuencas mineras se miren unas a otras, se conozcan y se reconozcan. Es uno de los objetivos del libro «Hijos del carbón», de la periodista y escritora Noemí Sabugal. Es un ensayo literario que combina el periodismo narrativo con el relato de viajes y la crónica, que hace especial hincapié en la identidad de las cuencas mineras y su capacidad de lucha para conseguir ser referentes en la consecución de derechos sociales y laborales. «Mi intención era doble. Ser el espejo en el que se mire la sociedad minera y servir como ventana para que quienes no conozcan la vida en las cuencas mineras, la entiendan», explica la joven nacida en Santa Lucía de Gordón. Dedica la publicación a su bisabuelo, abuelos, padres y todas las familias de las cuencas españolas que han vivido «la vida y la muerte» del sector aunque, «todos hemos sido hijos del carbón, ya que a esta fuente le debemos el desarrollo del siglo XX», reflexiona Sabugal.
En 2016, con el cierre de la empresa referente en la cuenca minera leonesa y ante la previsión de cierre de minas y centrales, se propuso iniciar este proyecto que se publicó en septiembre y ya va por su tercera edición.
El sello personal, «aunque no excepcional», se ve reflejado en las historias de la autora, con la silicosis de su abuelo José o el accidente en la mina de su abuelo Santos. «Intento partir de lo personal a lo colectivo», dice. La escritora ha visitado en los últimos tres años todas las cuencas mineras el país, hablando con protagonistas y afectados.
Un capítulo para Teruel
Dentro de la publicación no falta un capítulo dedicado a la cuencas de Teruel y Mequinenza. Noemí ha visitado Ariño, Andorra y la cuenca central estos tres últimos años para detallar la situación en que queda Teruel con el cierre de la actividad minero-eléctrica. En este apartado no falta la reivindicación. «En la provincia de Teruel existe una circunstancia demoledora que es la falta de comunicaciones, sin autovías que vertebren el territorio y faciliten el emprendimiento e instalación de empresas».
La escritora es «realista» con respecto al Plan de Transición Justa. Lamenta que se esté centrando en instalar molinos y placas solares, «que hacen falta», pero critica que se pongan en marcha grandes instalaciones sin una industria detrás capaz de mantener el empleo que ha destruido el final del carbón.