Tenía un montón de recuerdos y fotografías encima de la mesa Antonio Navarro, pero, la primera imagen que escogió, entre todas, fue solo una. La instantánea estaba tomada el 12 de abril de 1995, aparecía su hermano, Jaime, con la capa de Hermano Mayor de Honor del Nazareno, su hermana, Eva María, vestida con la túnica azul y capa roja, su madre, Rosa Mari, en el centro, y él, con el traje oficial y los guantes blancos de Semana Santa.
La familia Navarro Zaurín - casi al completo- posaba porque justo ese día nombraban Hermano Mayor de Honor a Título Póstumo a su padre, Arturo Navarro, que falleció el 19 de agosto de 1994, ocho meses antes. Nació en Valdealgorfa y, enseguida, su familia se mudó a Alcañiz. Allí, se casó y tuvo a sus tres hijos. Participó de forma activa en asociaciones culturales, deportivas y religiosas, de hecho, de la Hermandad del Nazareno fue presidente durante varios años.
Una biografía casi calcada y que recuerda a la de su hijo, Antonio, que 30 años después del nombramiento de su padre es también Hermano Mayor de Honor de la Cofradía del Nazareno esta Semana Santa. «Las cosas en la vida pasan por algo y, de alguna manera, se va repitiéndolo en casa, te enseñan y eso es lo que me ha ocurrido con mi padre», expresa.
Su vinculación con la Semana Santa la «siente y vive desde pequeño y el valor de la tradición se lo inculcaron en casa». Aún recuerda cuando salía a ver las procesiones con sus padres y cómo se fue implicando y tomando responsabilidades, algo que ha tratado de inculcar a sus dos hijas, Carlota (2006) y Cecilia (2010).
Siempre ha participado en todas las procesiones, pero un paso importante fue en 2007 cuando Manolo Poz le propuso tomar posesión como presidente de la Hermandad. De aquella primera Semana Santa, recuerda cómo quedaban en la iglesia para ultimar detalles, ese cosquilleo antes de salir a procesionar, la ayuda desinteresada del resto de cofradías, las constantes miradas al cielo para que el tiempo respetase, la comida en el Hotel Guadalope cuando ya estaba todo preparado para calmar los nervios y la llegada, al fin, del Miércoles Santo, día de su esperada procesión.
Fueron doce años los que estuvo como presidente y en los que el apoyo de su familia fue importantísimo. Su hija mayor, Carlota, solo tenía ocho meses cuando accedió al cargo y la pequeña, Cecilia, nació la semana previa a la Semana Santa. De hecho, coincidía con las jornadas culturales que organizaba la cofradía y Navarro, dos días después, regresó a Alcañiz para presentar un acto del periodista y escritor Javier Sierra. «Sin el esfuerzo de la familia, en especial de mi mujer, Laura Giner, no hubiera podido hacerlo», insiste. Pasó rápido el tiempo, al igual, que fue quitando a personas queridas. En este tiempo, Antonio forjó grandes amistades, que hoy en día sigue manteniendo en su memoria; José María Sanz, Mari Carmen Casanova, Norita Aznar, Roberto Esteban, Gusi Costea, o José Luis Díaz, «su mano derecha». «Adquieres unos vínculos muy fuertes y se convierten en familia», reflexiona.
Dentro de la procesión es cetrillero, al igual que lo era su padre, y que el mismo tomo su relevo cuando falleció. Este año saldrá a procesionar ocupando el cargo de Hermano Mayor de Honor y lo hará junto a sus dos hijas. Su padre, Arturo Navarro, los verá desde allí arriba orgulloso a los tres.
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Un orgullo, el legado de la tradición, que representaréis como bien se merece, por Arturo ("escarbacho" en origen como yo) y por esas otras personas que están siempre en el recuerdo de muchos. Se os quiere, familia.