Ibrahim Shazad es uno de los vecinos que ha pasado la noche en el edificio en ruinas de Caspe. Desde hace cinco años vive en el edificio con su mujer, pero asegura que hay vecinos y amigos suyos que han pasado en el inmueble más de una década y que cada uno tiene su propia solución. Asegura que ellos no fueron conscientes de la problemática hasta anoche cuando, «mientras cenaban», la Policía Local se personó y les pidió que salieran por el riesgo de derrumbe.
«Tenemos aquí a nuestras familias, hay niños pequeños, no podíamos dejarlo todo porque hoy tenían que ir al colegio», explica el vecino. Argumentan que su religión, la mayoría de ellos son musulmanes, les impide vivir todos juntos en un mismo espacio y que por ello rechazaron la opción del pabellón.
«Les dijimos que si nos buscaban pisos, en un minuto estaríamos fuera en la calle para irnos», añade el vecino, que sostiene que no es muy complicado estar en las viviendas sabiendo el riesgo que supone. La mediación de los representantes políticos y los servicios sociales de la Comarca del Bajo Aragón-Caspe permitió apaciguar la solución.
«El edificio estaba mal, nosotros nos hemos estado organizando para juntar dinero y poder cambiar la puerta, pero no imaginábamos que los cimientos estaban dañados. No hemos entrado abajo, no sabemos en qué situación está», explica Shazad.
Miedo a no encontrar vivienda
Asumir el riesgo de quedarse es una decisión dura, pero que los vecinos se han visto obligados a tomar porque sostienen que «no tienen alternativa». Caspe apenas cuenta habitualmente con viviendas en alquiler y las familias tienen miedo de no poder encontrar una alternativa. «Es muy difícil, prácticamente imposible, encontrar casas para tantas personas; somos 18 familias», añade el vecino.
En las últimas horas la comunicación ha sido compleja porque en el bloque reside una gran cantidad de nacionalidades diferentes. La orden preventiva de desalojo se tuvo que traducir al urdú, árabe e inglés, dado el escaso dominio del idioma en algunos de los hogares.traducir al urdú, árabe e inglés, dado el escaso dominio del idioma en algunos de los hogares.