El presidente de la IGP Vinos Bajo Aragón repasa la actualidad del sector y hace balance de su primer año al frente de la asociación
Javier Azuara llegó a la presidencia de la IGP Vinos Bajo Aragón hace justo un año. Aunque ha mantenido una línea de trabajo continuista, ha centrado sus esfuerzos en la conversión de la entidad a Denominación de Origen, algo que repercutiría directamente en el reconocimiento que tiene el consumidor sobre el producto. En esta entrevista hace balance de su año como presidente, explica en qué punto se encuentra la conversión a D.O., y repasa aspectos de interés para el sector vinícola.
2018 está a punto de acabar. ¿Cuál es el balance de ventas del año?
El año ha sido similar o un poco mejor que el anterior. Vamos progresando y creciendo poco a poco. Se van incorporando nuevas bodegas y en ahora ya contamos con 20.
Ya no queda nada para la Navidad. ¿Cómo se plantea la campaña?
Realmente estamos casi a final de la campaña de Navidad, porque se plantea en octubre y noviembre por las empresas que se dedican a las cestas. La campaña va bien, se nota cada año un poco más de alegría en el consumo y en las compras de vino.
Entraste a la presidencia de la IGP hace justo un año, ¿qué ha cambiado desde entonces?
Se ha seguido una línea continuista con respecto a la anterior presidencia. El hecho más diferencial ha sido una apuesta más decidida por intentar transformar la IGP en una Denominación de Origen.
¿Cómo va el proceso?
Se han ido dando pasos. Se preguntó a las bodegas si estaban interesadas en transformar la IGP a D.O. y han contestado que sí. La semana pasada tuvimos la asamblea general de la asociación y se decidió recabar el apoyo de la administración. Lo siguiente será contar con viticultores, porque dentro de una D.O. entran tanto los productores de vino como los de uva. Se decidió plantear a la administración que queremos seguir adelante para recabar su apoyo a la hora de convocar a los viticultores y en cualquier apoyo técnico que nos puedan prestar.
«Se preguntó a las bodegas si estaban interesadas en transformar la IGP a D.O. y han contestado que sí»
Precisamente a tu llegada a la presidencia explicaste que uno de los objetivos era estrechar lazos con las administraciones. ¿Se ha conseguido mejorar en este aspecto?
Es complicado. Este año hemos tenido la primera ayuda en 20 años, ¡por fin!, procedente de DPT aunque no ha sido por mérito mío. Si quieres convertirte en D.O. tienes que ir de la mano con la administración para que te ayude en la normativa. Además, si en el futuro somos D.O. uno de los miembros del Consejo Regulador tiene que ser personal de la propia administración.
¿Qué falta para dar el paso definitivo y lograr la conversión a D.O.?
La tramitación administrativa, porque a priori se cumplen todos los requisitos. Aparte de esto falta que los operadores (bodegas y viticultores) realmente apuesten por la D.O. Supone un esfuerzo, principalmente económico, pero es una inversión en aras de darle un mayor valor añadido al producto.
«La conversión a D.O. supone un esfuerzo, principalmente económico, pero es una inversión en aras de darle un mayor valor añadido al producto»
¿Te marcas alguna fecha para que la D.O. sea una realidad?
Los trámites son relativamente farragosos porque primero se tiene que aprobar en Aragón y España y luego pasar a la comunidad económica. (Duda) Yo creo que nos podemos marcar el objetivo de intentar ser D.O. en dos años.
¿Qué define a la IGP Vinos del Bajo Aragón? ¿Qué la hace especial?
Lo que la define es la apuesta por la calidad. No tenemos mucha capacidad de producción porque somos una IGP pequeña aunque muy grande en extensión, la formamos 80 pueblos y ocupa unos 6.000 o 7.000 kilómetros cuadrados. Pero en cuanto a calidad la materia prima es buena y da muy buenos productos.
En el apartado positivo, muchos vinos de bodegas adscritas están logrando premios, qué mejor reconocimiento...
Es una consecuencia de la apuesta por la calidad. El año ha sido bastante provechoso, y en algunos premios estamos casi al nivel de algunas D.O. como Somontano... Aunque luego llega Campo de Borja y te avasalla (ríe). Poco a poco vamos sacando premios, medallas de oro y empezamos a tener bodegas de renombre.
«En algunos premios estamos casi al nivel de algunas D.O.»
En lo negativo, ¿qué es lo que se podría mejorar de la IGP?
La colaboración de las bodegas. Es complicado porque somos pocos y tenemos pocos medios económicos, y ahí entra el esfuerzo personal. Se necesita una mayor implicación por parte de todas las bodegas: en la promoción y en creer realmente en la IGP y futura D.O., es muy importante ir todos a una.
¿Crees que la IGP está lo suficientemente valorada por los aficionados al vino en el Bajo Aragón Histórico?
(Duda). Comme ci comme ça. Se nos empieza a conocer y a valorar, pero hay gente que todavía no se cree que aquí seamos capaces de elaborar un producto de calidad, al nivel de Denominaciones de Origen tanto de Aragón como del resto de España. Estamos logrando un producto de niveles similares, y falta concienciación en los propios consumidores. Falta creer en el vino, igual que se cree en el jamón, la trufa, el queso, el melocotón o el aceite. Esta zona da fruta muy buena y la viña no tiene por qué ser algo diferente.
«Hay gente que todavía no se cree que seamos capaces de elaborar un producto de calidad»
De cara al futuro, ¿estáis trabajando en algo más aparte de la D.O.?
La D.O. es la principal arma de cara a la promoción de nuestros vinos. Mucha gente sabe lo que es una D.O., pero una IGP... En España es mucho más desconocida, siendo que a nivel europeo son figuras bastante similares. El hecho de ser D.O. te da un plus añadido, no te va a solucionar las cosas pero te va a facilitar el hecho de llegar al público.