Andorra dio la bienvenida a su Semana Santa con el tradicional desfile de estandartes, un recorrido desde la plaza del Regallo hasta la iglesia parroquial en el que participaron penitentes, el grupo de tambores y bombos y representantes de las autoridades locales. Este acto, que marca el inicio de los días grandes en el municipio, estuvo acompañado por una gran expectación y el cariño de vecinos y cofrades.
Ya en la iglesia, el pregón de la Semana Santa de Andorra se convirtió en un acto de emoción compartida. El encargado de pronunciarlo fue un andorrano profundamente vinculado a la tradición que, aunque reside en Zaragoza por motivos laborales, mantiene intacta su conexión con el municipio. Para Juan Ramón Galve, ni la distancia ni el paso del tiempo han sido impedimento para que siga unido a Andorra a través de sus recuerdos, su familia y el inconfundible sonido que invade la plaza del Regallo.
Agradeció a todos los que, desde distintos ámbitos, contribuyen a que la Semana Santa siga creciendo: desde el Ayuntamiento hasta las cofradías, pasando por la Junta del Cristo de los Tambores y Bombos y la escuela que forma a las nuevas generaciones. «Para mí, ser pregonero es poner voz a lo que todos sentimos en estos días tan señalados», expresó.
A lo largo de su intervención, el pregonero recorrió con detalle su vivencia personal, que es también la de muchas familias andorranas. Rememoró sus primeros pasos en esta tradición: los días en la calle Baja, cuando su padre preparaba los bombos y su madre se encargaba de las túnicas. También evocó los ensayos con sus primos, la ilusión de romper la hora, y el nacimiento de una pasión que ha sabido transmitir a su hija Anaís.
En su recorrido vital por la Semana Santa, mencionó su paso por la Banda de los Azules, su incorporación al grupo de los Penitentes y, más adelante, su integración en «La Cochera», una cuadrilla de amigos con quienes vivió intensamente la preparación de los actos procesionales. En todos estos momentos, aseguró, comprendió que esta tradición «va mucho más allá de lo que se ve en la calle: es un sentimiento colectivo, un orgullo compartido».
No faltaron los agradecimientos a quienes siguen trabajando para mantener viva la tradición: las cuadrillas, la escuela de tambores y bombos y, de forma especial, al grupo de «La Cochera», por el compañerismo y el cariño con el que lo acogieron. También dedicó unas palabras a quienes ya no están, pero siguen presentes en cada redoble.
El pregón finalizó con una invitación clara: vivir la Semana Santa con el corazón lleno de emoción, la cabeza repleta de recuerdos y el alma encendida de pasión. «Sigamos haciendo sonar nuestros tambores, nuestros bombos, y vivamos estos días con el fervor de siempre», concluyó, antes de desear a todos una feliz Semana Santa.
Momentos durante el pregón de Semana Santa de Andorra. / S.C.