Después de más de cuarenta años detrás del mostrador, y también después de meditarlo, Angelines se asoma a estas páginas para lanzar un agradecimiento público a todas las personas que la han acompañado en estos años. Son unas cuantas y, como ella dice, todas buenas. «He tenido la suerte de haberme rodeado toda mi vida de gente muy buenas», dice. «Me voy agradecida a mi familia y, sobre todo, a las personas que han confiado en nosotras de una manera tan fiel todos estos años. Es un agradecimiento de corazón, yo no puedo pedir más», sonríe.
El día 1 de octubre ya no abrió la verja de Pekes y fue ese día porque había que decidir uno, y más teniendo en cuenta que en venta de ropa se trabaja con meses de antelación a las temporadas y se decidió ya no servir otoño e invierno. No obstante, y si nada cambia, este cierre es un punto y seguido porque en primavera Pekes volverá a la carga con otra gerencia. En cualquier caso, ya sin Angelines Pascual Antolí, que se retira después de 44 años atendiendo lo mejor posible a su público. «Ese ha sido mi objetivo todos estos años, aconsejar lo mejor posible, y supone muchas veces anteponer los intereses de la clientela a los tuyos, pero que la gente se vaya contenta ha sido mi mayor satisfacción», asegura.
Esa satisfacción viaja a diferentes puntos de la geografía además de quedarse en Alcañiz. «Si enumero los pueblos de donde han venido personas a comprar no termino, son muchísimos», dice. Cuenta con clientes en las tres provincias aragonesas e incluso de pueblos de provincias vecinas como Castellón.
Se despide sin tener un ápice de pensamiento de jubilada, pero en algún momento había que poner el punto. Sigue con mil recados que hacer pero también pensando en todo el tiempo que va a poder compartir con sus nietos. Por la trastienda de Pekes han pasado algún rato, igual que lo pasó su hija siendo niña y ella misma, porque ese local siempre ha estado en la familia. Allí abrieron sus padres la primera tienda de Muebles Pascual y ella, estudiante en La Inmaculada, hizo allí unos cuantos deberes al salir de clase. Con el traslado de los muebles a la avenida Aragón, se quedó como almacén hasta que en casa decidieron abrir Pekes, un comercio del que se haría cargo Angelines, la pequeña de cinco hermanos.
Recuerda cómo hicieron unos cuantos kilómetros para empezar a hacerse con género. Los primeros zapatos los compró en la localidad alicantina de Villena. Allí llegó en coche con uno de sus hermanos para visitar fábricas. A partir de ahí, una vez dentro de la industria, la historia se fue tejiendo sola y ya han pasado cuatro décadas. «Mi familia siempre ha estado arropando y también las personas que han trabajado conmigo en la tienda, porque con todas ha habido mucha armonía. Los últimos 18 años ha estado Pilar y ha sido como si fuera yo misma… Yo me lo he pasado muy bien viniendo a trabajar, me voy porque toca, pero he sido muy feliz», confiesa.
Adaptarse a las circunstancias
Pekes abrió en abril de 1981 y hasta octubre de 2025 son 44 años en los que ha habido de todo en todos los sentidos. «Crisis hemos pasado todas las habidas y por haber, pero hemos salido… Nos hemos adaptado a los tiempos que han tocado», dice. En estos años se incluye el auge y caída de la Térmica de Andorra, y ambas circunstancias han repercutido también en lo comercial. En estos años se han echado muchas persianas de muchos sectores, en unos casos por situaciones de crisis varias y en otros por no encontrar un relevo. Pascual se marcha con el deseo de un resurgir del comercio, uno de los pilares sobre los que considera que se sostiene Alcañiz junto a los servicios. «Una tienda no es solo vender, hay mucha tarea detrás y te llevas muchos quebraderos de cabeza a casa, pero como sucede en todos los trabajos, cada uno tiene lo suyo», apunta.
En estos años también ha sido testigo del nacimiento y despegue de internet y lo que ello conlleva. Asegura que las compras online no le han afectado, porque su clientela no ha dejado de ir a la tienda. «La gracia es el trato personal, la gente me dice lo que necesita o para qué ceremonia y se lleva lo más adecuado», dice. «Todos picamos algo en internet y mucho de capricho, pero si nadie va cogiendo las riendas de los comercios físicos, al final será por necesidad», reflexiona. Ella nunca se planteó abrir una página web ni vender online, pero tiene unas redes sociales que amplían el escaparate de la calle Blasco. «Sí que funciona, porque ponemos algún descuento o novedades y vienen a la tienda a preguntar», sonríe. Por esas misas redes ha recibido muchas muestras de cariño y otras tantas llegaron en forma de abrazos besos los días antes del cierre. «No me esperaba todo esto, pero son muchos años vistiendo a niños que ahora son padres y siguen viniendo, a mucha gente la conozco desde que abrimos y se crea una relación más de amistad», explica y dice que el sentimiento de cariño es recíproco.