Cuando una novela empieza con una cita tan contundente del ya olvidado Max Aub: "En España somos grandes cuando somos cien; más, nos entrematamos", empieza a interesarme. Cuando leo que el autor, David Uclés (Úbeda, 1990), que además es músico y dibujante, siendo todavía tan joven, ha invertido quince años de su vida en su escritura, me interesa todavía más (pues ahora muchos escritores en menos de un añito te componen "una obra de arte"). Y cuando me dicen que esto va de una historia sobre la Guerra Civil Española en clave de realismo mágico, en cuyo interior se narra la descomposición de una familia, la deshumanización de un pueblo, la desintegración de un territorio y, sobre todo, la existencia de una península llena de casas vacías; me intriga tan sobremanera que empiezo a leerla ya. El resultado: una lectura en verdad hipnótica, una narración ambiciosa que te hace olvidar el tiempo, una prosa maravillosa y agitadora que te atrapa y te hace lector. El mejor lector de "La Península de las Casas Vacías".
La historia es la de un soldado que se raja la piel para dejar salir la ceniza acumulada, la de un poeta que cose la sombra de una niña tras un bombardeo, y la de un maestro que enseña a sus alumnos a hacerse los muertos; la de un general que duerme junto a la mano cortada de una santa, la de un niño ciego que recupera la vista durante un apagón, y la de una campesina que pinta de negro todos los árboles de su huerto; la de un fotógrafo extranjero que pisa una mina cerca de Brunete y no levanta el pie en cuarenta años, la de un gernikarra que conduce hasta el centro de París una camioneta con los restos humeantes de un ataque aéreo, y la de un perro herido cuya sangre teñirá la última franja de una bandera abandonada en Badajoz.
En definitiva, la historia total de la Guerra Civil española y de una Iberia agonizante donde lo fantástico apuntala la crudeza de lo real; donde los anónimos miembros de un extenso clan de olivareros del pueblo de Jándula cruzan sus destinos con los de Lorca, Unamuno, Zambrano, Hemingway, Orwell, Bernanos, Picasso, Azaña o Foxá; donde lo épico y lo costumbrista se entrelazan para tejer un portentoso tapiz, poético y grotesco, bello y delirante.
Dice el crítico Pablo Martín: "Con una prosa imprevista, tan original como desacomplejada, David Uclés es un auténtico soplo de aire fresco en las letras españolas". Y en verdad que así es.
Miguel Ibáñez. Libreria de Alcañiz
La península de las casas vacías
Cuando una novela empieza con una cita tan contundente del ya olvidado Max Aub: «En España somos grandes cuando somos cien; más, nos entrematamos», empieza a interesarme
La península de las casas vacías./ Miguel Ibáñez