María Pilar Lasheras ha coordinado distintos proyectos cooperación en Albania y, sobre todo, en Pakistán. En la aldea pakistaní de Hushé, la Fundación Sarabastall ha actuado en áreas como la educación y la sanidad, entre otras
Lasheras: «El medio rural si de algo puede presumir es de ser solidario»
María Pilar Lasheras./ S.F.
¿Dónde va a ser más necesaria la solidaridad en 2024?
Es una pregunta difícil porque es fácil contestar que en todo el mundo pero, al paso que vamos, es así. Nuestro continente es el único en el que afortunadamente no hace falta, sin contar Ucrania. En la mayor parte de los continentes va ser necesaria la solidaridad y la ayuda.
¿Cree que conflictos como la Franja de Gaza nos llevan a ser más solidarios?
La verdad es que no lo sé, porque hay tantas necesidades en el mundo que cuando los medios de comunicación se centran en un conflicto, nos bombardean a información en un tiempo concreto y rápidamente surge otra cosa en otra parte del mundo y cambia el foco de atención. Hasta hace nada todos nos volcamos con el pueblo ucraniano y ahora casi da la sensación, aunque sabemos que es mentira, de que ha terminado la guerra y no lo ha hecho ni lleva idea de terminar. Ahora, todos los días tenemos imágenes dantescas del conflicto entre Israel y Palestina. Si miramos atentamente, no es solo Palestina e Israel, es que está Yemen, Irak a punto de empezar… es tanto… que yo creo que a veces nos sentimos desbordados.
¿Los países más desarrollados tenemos la responsabilidad de ayudar a los más vulnerables?
Tenemos la responsabilidad, el deber y es nuestra obligación. Lo que no debemos olvidar nunca es que muchas veces los países más desarrollados se han desarrollado a costa de los menos desarrollados, es una historia escrita con letras muy negras en nuestros antecedentes. Y aunque no fuera así, nosotros no hemos hecho méritos para haber nacido en una parte del mundo que es mucho más amable, libre y con mas posibilidades. Nos ha tocado, así que lo mínimo que podemos hacer es mirar a aquellos que menos tienen y que sufren. Además, las condiciones geográficas de los países no son las mismas. No es lo mismo vivir en un continente que no suele sufrir grandes problemas climáticos que vivir en un lugar que un terremoto de gran escala lo reduce a cenizas en un momento. Yo creo que es nuestra obligación como seres humanos y como país más desarrollado tener siempre un ojo mirando al futuro y el otro mirando a nuestro alrededor, a aquellos países que nos necesitan.
¿Cómo podemos incentivar la solidaridad en las personas?
Tengo excelentes experiencias con la gente de mi alrededor. Somos gente solidaria y, cuando ocurre algo muy serio, la gente se vuelca y da un paso adelante. Hay mucha gente en silencio trabajando por los demás y a lo mejor lo hacen con la persona que está en el piso de debajo de su casa y esa gente es solidaria con mayúsculas. Lo que ocurre es que hay tanto ruido a nuestro alrededor que no nos permite ver esa realidad. Pero ese sentimiento de solidaridad tenemos que hacerlo crecer como sea, hay tanta necesidad que si nosotros no nos multiplicamos por tres vamos a ser incapaces de llegar a todo y, desde luego, el mundo en este momento necesita muchísimo que las personas seamos solidarias.
¿Cómo de importante es la solidaridad en el medio rural?
Es de vecino a vecino, de persona a persona, gente que se moviliza todos a una cuando hay un problema. Las ciudades son mucho más deshumanizadas en ese sentido, hace falta más motivación por parte de las organizaciones. En el medio rural hay mucha solidaridad pequeña que, al mismo tiempo, es muy grande. Eso no sale en ningún medio de comunicación pero el mundo rural si de algo puede presumir es de ser solidario.
¿Qué papel tienen las asociaciones en la sociedad?
Tienen el papel de intentar paliar con mínimos recursos aquello que le correspondería, por ley, a los gobiernos. Es verdad que algunas entidades se sostienen con fondos públicos pero la mayoría lo hacen con un dinero ganado con muchísimo esfuerzo gracias a la solidaridad de todos los que nos rodean. Yo me pregunto dónde está ese 0,2 % del presupuesto que se destina a solidaridad, que no es nada, no está en ningún lugar. Ya no se si me enfada o me sume en una tristeza desesperada ver como cuando llega un gobierno, del tinte que sea, lo primero que hace es recortar en solidaridad porque ¿qué ganamos recortando en solidaridad? Nada.
La Fundación Sarabastall puso en marcha una iniciativa pionera ‘Las chicas en la cumbre’ en Husé (Pakistan) a través del que se creó, hace cinco años, un grupo de mujeres alpinistas, ¿en qué punto se encuentra el proyecto?
Esta actuación es una pequeña muestra de un gran proyecto de cooperación que se lleva a cabo desde hace 21 años en esa aldea porque las organizaciones pequeñas tienen que enfocarse en un lugar y volcarse allí para que realmente se lleve a cabo un proyecto integral de desarrollo de esa zona sino es prácticamente imposible. Tras haber trabajado en otras áreas como la sanidad y la educación, nos fijamos en las mujeres y a petición del abuelo de estas chicas, Little Karim (el mejor porteador del Karakorum), creamos este grupo que ha subido ya un 5.000 y un 6.000 y que este año elegirá otra cumbre. Además, esperamos que se amplíe y de cabida a más mujeres de la aldea. Es un proyecto sobre el empoderamiento de la mujer porque ningún país que no cuente con sus mujeres puede alcanzar un pleno desarrollo.
¿Qué deseo le pide al 2024 en cuanto a solidaridad?
Pediría que los sueños de todas las personas que se dedican o que tienen como objetivo en su vida la solidaridad puedan cumplirse porque entre todos seríamos capaces de mejorar el mundo y esos puntos negros que hay en el planeta a todos los niveles.