Los 38 asesinatos y medio del castillo de Hull y Otras novísimas aventuras de Sherlock Holmes

En ellas, el autor hace gala de un ingenio hilarante y absurdo, con personajes como el violinista rumano Chulesko y otros que tienen voz de patinador noruego
Publicado por Miguel Ibáñez el 16 de octubre de 2025

Podríamos decir que Ramón Gómez de la Serna fue su descubridor y aglutinador. Todos ellos compartían edad y puntos de vista parecidos, además de ansias de renovación, motivados por los cambios que veían y leían en Europa; por eso terminaron trabajando en revistas como Gutiérrez, que se estrenó en los kioscos en un año tan crucial como 1927.

Poco después, nos dice el crítico Alfonso Vázquez, algunos de ellos hicieron las maletas y se fueron a probar suerte a Hollywood como guionistas, donde se hicieron íntimos de Charlie Chaplin. Hablamos de "La otra Generación del 27", la del humor, como la bautizó José López Rubio. Además de él, la formaron: Edgar Neville, Miguel Mihura, el dibujante Tono y el más significativo y que mayor fama alcanzó: ENRIQUE JARDIEL PONCELA.

La producción de este coloso de las letras fue verdaderamente ingente: novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro... Muchas de ellas están editadas en la actualidad, la mayoría permanecen olvidadas (es una lástima). Pero algunas editoriales, como la deliciosa Reino de Cordelia, hacen esfuerzos por reeditarlas y alegrar así la vida de muchos lectores adictos a Jardiel. Hace poco ha vuelto a salir al mercado dos de sus novelitas más divertidas y disparatadas de su producción: "Los 38 asesinatos y medio del castillo de Hull y otras novísimas aventuras de Sherlock Holmes", que en realidad forman un solo conjunto.

De los numerosos textos apócrifos protagonizados por el genial detective, ninguno es equiparable en humor delirante a estas dos obritas que hoy os recomiendo. En ellas, Holmes, al que todos creían muerto en las cataratas del Niágara (según uno de los cuentos de Conan Doyle), convence al propio Jardiel, que había ido a Londres a que le plancharan un sombrero, para sustituir al Doctor Watson como asesor. Y así, emprenden la resolución de misteriosos e inauditos crímenes que se suceden sin parar (en estas obras sí que se puede decir que muere hasta el apuntador).

En ellas, el autor hace gala de un ingenio hilarante y absurdo, con personajes como el violinista rumano Chulesko y otros que tienen voz "de patinador noruego", que mantienen constantemente la sonrisa en los labios del lector.

Esta edición incluye además los dibujos originales del médico republicano Joaquín Sama (en ocasiones era el propio humorista quien adaptaba el texto al dibujo que Sama le presentaba y no al revés). Bueno, el resultado final es una gozada. Casi un siglo después de su publicación, estas aventuras de un Holmes que llevaba como arma defensiva no una pistola, sino un tomo de "El paraíso perdido" de Milton, no han perdido frescura ni gracia.

El del autor madrileño (cuya madre nació en Quinto de Ebro) es un humor blanco, en el que priman el ingenio y el intelecto; un producto de calidad que se resiste a caducar y que reivindica el humor español de la Edad de Plata, la de la Otra Generación del 27.

Como gran parte de los genios, ENRIQUE JARDIEL falleció arruinado y abandonado por muchos de sus amigos; fue en el año 1952, a la temprana edad de 50 años. En su nicho figura como epitafio una frase suya:
"Si buscáis los máximos elogios, moríos".