Impulsar una explotación agrícola desde cero es actualmente una misión prácticamente imposible. La vía más habitual para incorporarse al sector pasa por los vínculos familiares y por apostar por zonas donde el regadío ya está modernizado. Es una de las principales conclusiones de la primera edición del Congreso de Regadíos ‘Agua, vida y desarrollo’, que se ha celebrado este jueves en Alcañiz, organizado por Caja Rural de Teruel. La cita ha llenado la platea del teatro con representantes de la Administración, comunidades de regantes y profesionales agrarios de distintos puntos de la provincia.
Han sido los propios agricultores quienes han defendido que el regadío es una de las herramientas más importantes para garantizar el relevo generacional en las explotaciones. El agua regulada que llega a los campos no solo permite mejorar la productividad, sino que también garantiza «una calidad de vida que nunca antes hubiéramos imaginado». La modernización de las infraestructuras hidráulicas se ha reivindicado durante la jornada como un instrumento fundamental para generar empleo, mantener la actividad económica y fijar población en el medio rural.
Ramón González, agricultor y presidente de la Cooperativa La Calandina y del Consejo Regulador de la DOP Melocotón de Calanda, pionero en poner en riego una parcela del Canal Calanda-Alcañiz; José Miguel Ayuda, agricultor desde los 16 años, presidente de la Comunidad de Regantes del Canal Calanda-Alcañiz y vicepresidente de la Cooperativa Nuestra Señora de los Pueyos; Ángel Artal, agricultor y empresario con una amplia trayectoria en el cultivo del olivar y en los sectores de los áridos y el hormigón; e Ignacio García, arquitecto técnico incorporado a la agricultura en 2023, que representa el relevo generacional en el sector, han protagonizado la mesa redonda de la mañana.
Todos ellos han explicado cómo la modernización del regadío en sus respectivas zonas ha permitido que sus hijos puedan continuar con la actividad familiar. En el caso de García, es él mismo quien representa a la nueva generación de agricultores.
«Si no hubiéramos tenido el proceso de modernización del regadío, ahora mismo mi hijo no estaría trabajando conmigo, estaría en cualquier otro puesto y fuera del pueblo», ha apuntado González. Los profesionales han coincidido en que disponer de agua y de unas infraestructuras adecuadas resulta determinante para que las nuevas generaciones encuentren oportunidades laborales en sus municipios.
Además de garantizar la continuidad de las explotaciones, el paso al regadío modernizado supone un aumento considerable de la producción. Casos como el de La Calandina demuestran que, desde el año 2000, la producción se ha multiplicado gracias a la transformación de los cultivos. En la Cooperativa Nuestra Señora de los Pueyos, dedicada mayoritariamente al cereal, los cinco años que duró el proceso de transformación al regadío han permitido cuadruplicar la producción. En San Miguel, en Calanda, un incremento de apenas el 8 % de la superficie de regadío ha supuesto duplicar los resultados productivos.
Acabar con la burocracia abusiva
Pese a los beneficios de la modernización, los representantes de las comunidades de regantes han advertido de que el proceso para sacar adelante estos proyectos continúa siendo largo, tedioso y requiere de mucha paciencia. La principal dificultad, han asegurado, no reside tanto en ejecutar las obras como en conseguir los permisos administrativos y las subvenciones necesarias para financiarlas.
A las esperas para impulsar las infraestructuras se suman las trabas burocráticas que los agricultores encuentran durante el desarrollo de su actividad. «Está claro que tenemos que cumplir controles para garantizar la calidad de los productos. El problema está cuando se nos criminaliza y tenemos que estar sometidos a la lupa», han lamentado los productores locales.
Los representantes del sector también han insistido en que la modernización exige un esfuerzo conjunto de los regantes y las administraciones. «A los regantes no podemos pedirles que asuman los más de 14 millones que cuesta el proyecto de modernización del regadío, pero sí que podemos pedirles apoyo, que insistan y que reclamen las infraestructuras necesarias», ha apuntado José Fernando Murria, presidente de la Junta Central de Usuarios del Río Guadalope y de la Comunidad de Herederos Regantes de Alcañiz.
Murria ha recordado que, aunque la paciencia es fundamental para afrontar estos procesos, los proyectos únicamente podrán salir adelante si los interesados trabajan de manera coordinada. «Las administraciones tienen que financiar parte de estos proyectos, pero nosotros no podemos esperar a que todo llegue», ha añadido.
Desde la Administración también han secundado esta necesidad de colaboración. «Si en la provincia de Teruel vamos con algo más de retraso es porque no hemos conseguido ponernos de acuerdo. El sector tiene que ser quien presente las soluciones que le hacen falta», ha señalado el secretario general técnico del Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Adolfo Ballestín.
Una transición justa «para todos»
Durante la jornada también se ha debatido sobre la importancia de alcanzar un equilibrio entre la sostenibilidad y la productividad de las explotaciones. Los representantes del sector han recordado el cierre de la central térmica de Andorra como uno de los golpes más importantes para el territorio en su historia reciente, especialmente por la pérdida de las aportaciones económicas que llegaban desde Endesa.
«Yo mismo recibí el compromiso de la entonces ministra Teresa Ribera de que se nos compensaría y nunca nos ha llegado. Consideramos que la transición tiene que ser justa para todos», ha manifestado Murria.
Pimentel reivindica el valor social de los agricultores
La importancia del agua como garantía de futuro para el medio rural también ha centrado la intervención de Manuel Pimentel, exministro de Trabajo del Gobierno de España, que ha sido el encargado de pronunciar la conferencia inaugural del congreso.
«Un territorio cuyos campos sean de regadío nunca estará vacío. La España que tiene agua es la que está llena de vida y de prosperidad», ha defendido Pimentel, quien ha reivindicado el papel estratégico de las infraestructuras hidráulicas para garantizar la actividad económica y el desarrollo de los territorios.
El exministro ha advertido de que el futuro de los agricultores no se decide únicamente en el campo, sino también en los espacios donde se elaboran las normativas que condicionan su trabajo. «Tan importante es plantar el fruto como generar ideas en la sociedad. Si conseguimos convencer, se traduce luego en una normativa más favorable», ha puntualizado.
Quien fuera ministro durante el Gobierno de José María Aznar entre 1999 y 2000 ha realizado un recorrido por la evolución de la figura del agricultor desde la década de 1950 hasta la actualidad. Hace unos 75 años, ha recordado, los profesionales del campo gozaban de autoridad y prestigio social porque eran los encargados de garantizar el abastecimiento de alimentos.
«Eran los que llevaban los alimentos a los colmados y a los ultramarinos en los que se abastecía la población. Eran necesarios», ha explicado. En aquella época, una familia destinaba de media un 40 % de sus ingresos a la alimentación y la sociedad valoraba «a quienes asumían la responsabilidad de garantizar la llegada a la mesa de los alimentos».
Sin embargo, el fin de la autarquía, el comienzo de las relaciones comerciales entre países europeos y la llegada de la globalización provocaron un cambio de paradigma. «La producción empezó a estar garantizada en cualquier momento porque fue entonces cuando los productos podían llegar de cualquier lugar. Que aquí hubiera sequía ya no era un problema porque seguro que en algún lugar del mundo había llovido lo suficiente», ha explicado Pimentel.
El crecimiento de la oferta supuso una reducción de los precios percibidos por los productores y modificó la percepción que la sociedad tenía del sector agrario. «Los países europeos quisieron que sus campos fueran para ir en bicicleta y no para los cultivos y nosotros, como impedimento, nos convertimos en el enemigo», ha asegurado. Pimentel ha defendido que este cambio estuvo acompañado de una legislación cada vez más restrictiva para los agricultores. «Dejamos de ser importantes y también dejó de serlo nuestro regadío. Los legisladores tenían en sus planes no mantener las obras hídricas, sino reducirlas y terminar con lo que ya habíamos conseguido», ha añadido.
Al mismo tiempo, la expansión de los grandes supermercados y las grandes explotaciones, acompañada de productos cada vez más baratos para el consumidor, redujo el gasto familiar destinado a alimentación hasta el 18 %, según los datos expuestos por el exministro, que ha situado el mínimo de esta evolución en 2018. Pimentel también ha señalado que la llegada de Donald Trump al poder y la imposición de aranceles han contribuido a recuperar el interés por los productos locales. «Es la lucha contra la globalización, los productos locales empezaron a tener más valor», ha apuntado.
La pandemia y las tractoradas
El exministro ha defendido que, tras varias décadas de pérdida de influencia y reconocimiento social, la pandemia supuso un nuevo punto de inflexión para los agricultores. «Los problemas de abastecimiento y la preocupación por la calidad de los alimentos durante el confinamiento nos devolvieron el valor que habíamos perdido porque entonces dejaron de llegar de otros países», ha señalado.
Pimentel también ha recordado las grandes tractoradas de 2024 como unas movilizaciones que consiguieron despertar una respuesta positiva por parte de la sociedad. «Fueron muchos quienes nos vieron y nos entendieron», ha puntualizado.
Como reto de futuro, el exministro ha señalado la necesidad de afrontar la implantación de la automatización en las explotaciones, especialmente ante la creciente dificultad para encontrar trabajadores. «Vamos a tener problemas para encontrar mano de obra, ya los tenemos, pero es un problema que va a ir a más», ha concluido.
Un proyecto de Caja Rural de Teruel
El primer Congreso de Regadíos ‘Agua, vida y desarrollo’, organizado por Caja Rural de Teruel, ha reunido este jueves a una numerosa representación del sector agroalimentario, con presencia mayoritaria de agricultores, ganaderos y regantes procedentes de distintos puntos de la provincia.
El encuentro ha arrancado con la inauguración institucional a cargo del director general de Caja Rural de Teruel, David Gutiérrez; el alcalde de Alcañiz, Miguel Ángel Estevan; el presidente de la Diputación de Teruel, Joaquín Juste; y el secretario general técnico del Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Adolfo Ballestín.