Pilar Gómez
Presidenta Junta Coordinadora
Las 12 de la noche del Jueves Santo nos congregan a todos los hijaranos en la Plaza de la Villa para Romper la hora. Ese instante en el que suenan por primera vez «Las Imagenes» es difícil de trasladar a los ajenos y sencillo para nosotros. Hablamos de emociones y de pasión. Y cada uno de nosotros tiene su propia y personal explicación. Estamos allí por el determinante y rotundo peso de la tradición. Porque no tocamos solos. Rodeados de nuestros congéneres, tocamos y celebramos con los ausentes, los que nos inocularon este veneno, tocamos con todos los que nos precedieron y con las nuevas generaciones, aquellos a los que nosotros se lo transmitimos ahora.
Dispersos tras la conmoción de las 12 de la noche, volvemos a reunirnos, esta vez en otra plaza, la de San Blas. Son las dos de la madrugada, allí está la peana de la Oración del huerto, a su lado se congregan los Rosarieros. Asistimos entonces a la primera procesión de la Semana Santa: el Prendimiento. Nosotros la llamamos Los Despertadores. Todo comienza cuando, de repente, una calle estrecha, abarrotada de tambores y bombos, se abre para dejar paso a los Alabarderos: son el cuerpo de soldados romanos que con su paso marcial, gobernado por cornetas y tambores, se dirige hacia allí para prender a Jesús y llevarlo preso. Llegan con sus toques, rodean la peana y comenzamos. A tambores y bombos nos agrupa de nuevo una sola marcha, «Las Imagenes» (escrito así, sin acento) pero esta vez con otra cadencia.
Entran en escena los Rosarieros. En cada plaza la procesión parará, el silencio se abrirá paso y se escucharán las nueve coplas que dan sentido y significado a esta procesión. Las letras recogen los momentos de la Pasión venidera. La aceptación definitiva se concretará en «La oración del huerto para Viernes Santo», conocido como «El Humilde», una conmovedora tonada que se oirá casi al final, de nuevo en la plaza de la Villa.
Si humilde he de apurar
el cáliz del dolor
conforta el alma mía,
¡piedad de mí, Señor!
Redime a los mortales,
sea su propia luz
mi sangre derramada
en sacrosanta Cruz.
La triste profecía
cumplida al fin será:
Perdona a mis hermanos.
¡Piedad, Señor, piedad!
Los Despertadores es una de las procesiones más queridas por los hijaranos. Con los mismos componentes que las demás es, sin embargo, diferente. Su peculiar y nocturno recorrido, el sonido de tambores y bombos, el lejano sonar de los Alabarderos y el silencio que precede a las coplas de los Rosarieros hacen de ella una cita que no hay que perderse. Si pueden, vuelvan a la plaza de la Villa esa madrugada. No se arrepentirán.