Como dijo el sábado el alcalde de Moratalla, Juan Soria, el tambor y el bombo son más que sonidos, son un lenguaje que transciende fronteras y une corazones. Los 22 pueblos que este fin de semana se han reunido en la localidad murciana son «unos privilegiados a los que se les brinda la oportunidad de crear un espacio común en el que pueden compartir sus emociones, historia y, sobre todo, sus tradiciones». «Sigamos construyendo juntos este lazo que nos une y nos conecta. Que cada golpe resuene en nuestras almas y nos inspire a seguir preservando nuestra cultura», pidió a los tamborileros, que ya han llegado a casa este domingo por la tarde después de tocar hermanados durante dos días.
Cientos de tamborileros de la Ruta del Tambor y Bombo y Valderrobres han disfrutado del viernes a altas horas de la madrugada del sábado al domingo de las XXXVIII Jornadas Nacionales que este año se han celebrado en la ciudad murciana de Moratalla. Albalate del Arzobispo, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y la capital del Matarraña han tocado unidos por las calles murcianas junto a sus compañeros de los 12 pueblos restantes de Albacete, Castellón, Córdoba, Murcia, Teruel, Valencia y Zaragoza bien en la calle o en los actos oficiales como el desfile y la exaltación.
El siguiente fin de semana los pueblos bajoaragoneses tienen una cita en las Jornadas de la Ruta pero el resto no se volverán a ver hasta dentro de un año. Entonces será La Puebla la anfitriona, tal y como hizo gala este fin de semana con la presentación de su vídeo anunciador de la edición de 2026.
Por primera vez desde su tierra, Muricia, en el acto central, la exaltación del sábado por la tarde, el presidente del Consorcio, Paco Pastor, subrayó el valor del tambor y el bombo como «patrimonio cultural inmaterial de la humanidad que trasciende generaciones y fronteras»; y puso en valor a los verdaderos protagonistas del evento: «los tamborileros, los tamboristas y los artesanos, cuyas manos hacen posible que esta tradición siga viva en cada rincón de nuestra geografía».
Pastor destacó también la riqueza de estilos y expresiones de cada localidad participante: "Cada redoble es un homenaje a nuestra historia, a nuestros mayores, a quienes nos enseñaron a sentir la emoción de este arte», recalcó el presidente, quien animó a todos los asistentes a vivir la tamborada «con orgullo, como una gran familia que comparte el latido del tambor». El acto cerró con una llamada a preservar este legado para las generaciones futuras. «¡Vivan nuestros tambores, vivan nuestros bombos y vivan nuestras raíces y tradiciones!», exclamó Pastor, ovacionado por un auditorio entregado al eco de la percusión más ancestral.