Raúl, Guillermo, Manuel y Cuca de Lafuente todavía recuerdan con cariño los momentos previos antes de salir a procesionar cuando eran niños. Los cuatro hermanos, acompañados de sus padres, Carmen José Liedana y Guillermo de Lafuente, siempre acudían al portal número ocho de la calle Santa Pau de Alcañiz. Ahí, vivían sus abuelos, Manuel Liedana y Ángeles Borge, los encargados de guardar las túnicas, tambores y toda la indumentaria relacionada con la Semana Santa de la familia. Lo hacían durante todo el año en una habitación exclusivamente reservada para ello. Había llegado, al fin, el día más esperado por toda la familia. Era el momento de sacar del cuarto los trajes, vestirse, y partir hacia la plaza España, como siempre, todos juntos.
La calle Santa Pau guarda cantidad de anécdotas de los de Lafuente. Allí, los dos hermanos mayores, Raúl y Guillermo, aprendieron de la mano de su padre, también Guillermo, sus primeros toques con el tambor, de hecho, todos los días de Cuaresma se escuchaba el estruendo de aquellos niños que querían imitar a su maestro y ya sentían la misma devoción de la familia por la Semana Santa que les inculcaban desde pequeños en casa. «A mí padre le gustaba mucho y la afición nos la supo trasmitir muy bien, al igual que nuestra abuela, Ángeles. Después de comer y antes de ir al colegio siempre salíamos a la terraza de nuestra casa a practicar y cada vez lo hacíamos mejor», ríen.
Manuel y Cuca, el tercero y cuarta hermana de la familia de Lafuente, los observaban muy atentos y, enseguida, quisieron unirse y seguir sus pasos y, de alguna manera, imitar a sus hermanos mayores. «Recuerdo perfectamente cómo nuestro padre le ponía letra a la música para que aprendiéramos el toque alcañizano y, así lo hicimos. Eran momentos muy especiales para toda la familia y que se iban transmitiendo de padres a hijos», dice Manuel.
El abuelo de la familia estuvo siempre ligado a la Semana Santa alcañizana y participaba en todo lo que podía hasta que falleció. Toda su vida tocó el tambor y, además, tres de los que tuvo los siguen conservando 60 años después en casa. De hecho, en la actualidad son sus tres hijos, Raúl, Guillermo y Manuel los que los hacen sonar los tambores en las calles de Alcañiz con «mucho orgullo» durante la Semana Santa.
Guillermo (hijo) restauró uno de ellos, que sigue conservando las pieles antiguas que tenía para mantenerlo lo más auténtico posible. El que ahora lleva Manuel también fue restaurado y se le colocaron bordones nuevos y el tercero, que tiene alrededor de 40 años, no se ha tocado y sigue tal cual lo compró Guillermo (padre). Conforme iban haciéndose mayores, los cuatro hermanos fueron adquiriendo responsabilidades. Seguían las indicaciones de su abuela materna y arrimaban el hombro con todas las cofradías y procesiones. Además de tocar el tambor siempre que podían porque «era y es lo que más les gustaba a toda la familia». A Cuca, la hermana pequeña, la solían vestir de baturra y los trajes que llevaba eran los de su abuela.
Los años fueron pasando y ese sentimiento por la Semana Santa seguía creciendo más y más, al igual que lo hizo la familia de Lafuente. Los cuatro hermanos tuvieron hijos y nacieron Ángel Luis, Andrea, Mencía, Blanca, los dos Guillermos, Patricia y Raúl. La tradición no solo siguió el mismo camino, sino que se multiplicó con la llegada de los ocho nietos. «Desde siempre lo hemos visto en casa y es algo que nos llena. Al final, es la semana más esperada del año por todos y no concebimos no estar y participar, al igual que han hecho siempre nuestros padres y abuelos», explican.
Fueron ellos, los padres de los ocho, los encargados de trasmitirlo a sus hijos, al igual que lo habían hecho sus abuelos a ellos. «La familia nunca se perdió la Semana Santa, siempre han estado allí y seguirán». De hecho, cuentan, que, durante la pandemia, el primer año tocaron en la terraza de casa y, al siguiente en la calle. Tampoco se la perdieron los hermanos cuando estaban en la mili, ya que conseguían el permiso para venir a la Semana Santa y acudir, como siempre, a casa de su abuela Ángeles.
En la actualidad, casi todos se visten en sus respectivas casas. Sin embargo, hay una cosa que no ha cambiado desde que los cuatro hermanos eran pequeños. La casa del portal número ocho de la calle Santa Pau ya no pertenece a la bisabuela, sin embargo, al igual que lo hacían de pequeños, es su punto de encuentro para dirigirse, juntos hacia la plaza de España. Desde la humidad, la familia trata de mantener el toque alcañizano, «fino, individual, y personal», que «les define y forma parte de su forma de entender el tambor y la Semana Santa.