"Luciérnaga", atónitos lectores, es el apelativo metafórico reservado a los niños que crecieron en Bielorrusia tras la explosión de la central de Chernóbil, que hacía referencia a su condición radioactiva. Pero "LUCIÉRNAGA", nos dice la crítica Alba Correa, es, también, una luz en la oscuridad que aparece en forma de escritura. Son los niños con preguntas que no hallaban respuestas en los adultos, también adultos que no se atrevían a formular las suyas, o las mujeres que en tiempos de guerra recogían turba para alimentar de electricidad la maquinaria de la antigua Unión Soviética. Pero, sobretodo, "LUCIÉRNAGA" es una novela hermosa y delicada y contundente con la que la poeta y editora bielorrusa NATALIA LITVINOVA (1986) -que vive en Buenos Aires desde los diez años- ha obtenido el Premio Lumen de novela, y con la que quiere demostrar que "La escritura no lo arregla todo, no es utilitaria, pero puede acercar y cobijar", como ella misma afirma.
La narradora de esta historia nace a pocos kilómetros de Chernóbil el año que explota la central nuclear y crece en un país atravesado por la confusión y la miseria. En la tierra de los "niños radioactivos", las frutas monstruosas de la Zona, los cielos rojos y los hombres alcohólicos, enfermos o desorientados, las mujeres son las únicas que resisten haciendo de la cotidianidad un refugio: es la madre cuyo nacimiento no fue registrado por la persecución de Stalin, la abuela secuestrada por los nazis que regresa al final de la guerra y, acusada de traición, debe trabajar recogiendo turba junto a sus amigas del pantano, como la joven enamorada de Mayakovski o la que pesca con sus trenzas. Desde esa Buenos Aires a la que emigró con su familia, NATALIA LITVINOVA rompe el silencio de su madre para reconstruir en "LUCIÉRNAGA" toda una estirpe acallada durante demasiados años.
En el acta del Jurado del Premio Lumen se puede leer: "Una voz deslumbrante y conmovedora, con la difícil cualidad de la sencillez. En la tradición de la mejor literatura rusa, pasa del realismo a lo mítico con naturalidad y sabe recurrir al humor y la ironía para narrar una historia que todavía no habíamos leído".
Pues eso, esta luminosa novela que habla de tiempos oscuros, tierna en su dureza y demasiado sencilla para mostrar la complejidad del mundo que nos toca vivir, es capaz de demostrarnos que "LUCIÉRNAGA" es esa luz que debe recordarnos eternamente por qué debemos resistir en la oscuridad.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz
Luciérnaga
RESEÑA. «Luciérnaga», atónitos lectores, es el apelativo metafórico reservado a los niños que crecieron en Bielorrusia tras la explosión de la central de Chernóbil, que hacía referencia a su condición radioactiva
Luciérnaga./ Miguel Ibáñez