Manolo Royo, pregonero de Caspe «Voy a contar lo que veía desde el balcón de mi abuela cuando tenía 7 años. Es emocionante»

ENTREVISTA. Manolo Royo (1951) será el encargado de dar el pregón de las fiestas patronales de su pueblo, Caspe, donde vivió con su familia en la infancia. A los caspolinos quiere explicarles los recuerdos que guarda de cuando era pequeño y se asomaba en el balcón de su abuela, justo al lado de la Colegiata
Publicado por Alba Zurita el 11 de agosto de 2025

Manolo Royo (1951) será el encargado de dar el pregón de las fiestas patronales de su pueblo, Caspe, donde vivió con su familia en la infancia. A los caspolinos quiere explicarles los recuerdos que guarda de cuando era pequeño y se asomaba en el balcón de su abuela, justo al lado de la Colegiata.

¿Qué es lo que se le pasó por la cabeza cuando le dieron la noticia de que iba a ser el pregonero de las fiestas de Caspe?

Me hizo mucha ilusión. Fui a Caspe a ver un concierto y ahí me encontré a la alcaldesa, Ana Jarque. Hablamos y más tarde me llamó para decirme que en la casa que vivía iban a poner una placa en la que diga que nací allí en 1951. Aprovechando la llamada me dijo que si quería hacer el pregón de las fiestas y no lo dudé.

¿Qué vinculación tiene con el pueblo? ¿Qué recuerdos guarda?

Los voy a contar en el pregón. Los recuerdos me vienen cuando me asomaba al balcón de mi abuela y veía todo desde allí. Era un trasto tremendo (ríe) y estuve en Caspe hasta que hice la primera comunión. Tengo familia y amigos entrañables de toda la vida, aunque, algunos ya han fallecido.

¿Cuáles son esos recuerdos que quiere contar?

Hay que venir a ver el pregón, no lo voy a adelantar. Voy a contar lo que veía desde esa altura del balcón de mi abuela cuando tenía siete años. Estoy muy contento y es una mezcla de emociones. Al final, me marche por el trabajo de mis padres , pero siempre he guardado mucha vinculación.

¿Cuándo dio el paso de dedicarse al mundo del humor? ¿Cómo descubrió que quería dedicarse a ello?

En la escuela a mí me gustaba hacer reír a la gente. Siempre estaba haciendo chistes y para mi hacer reir te hace querer a todo el mundo porque no discriminas a nadie. Es una satisfacción y he sido muy feliz durante 50 años.

¿Qué importancia tiene el humor en la rutina diaria?

Mucha. Los cómicos somos muy tímidos y de broma en broma tratamos de hacer una crítica social y decir como deberían de ser las cosas. Con los años me he dado cuenta que para ser humorista hay que tender humor y sentido común.

¿Cuándo dio su primer show?

En la COPE se hacían una especie de concursos. Llegué ahí un día y en lugar de cantar hice imitaciones. El programa se llamaba Embajada de la Alegría e íbamos por los hospitales haciendo reír a los enfermos o cantándoles. Así fui empezando y después fui al circo de los hermanos Tornetti. Un día yendo a la escuela de maestría pasé por la puerta y creían que quería entradas y me preguntaron que buscaba y les respondí que una oportunidad y expliqué que era cómico. Lo conseguí y salí rodeado de gente porque estaba el circo lleno. Me puse en el micrófono a hacer los ruidos y la gente se río mucho. Me dieron mil pesetas y ya me dijeron que al día siguiente había dos funciones. Y hasta aquí.

¿Cuál es el espectáculo que recuerda con mayor cariño en el Bajo Aragón Histórico?

Todas son con cariño porque siempre que voy a hacer reír a mi gente, a mi pueblo es muy peculiar porque me dejo llevar. No hago las cosas como las haría en Sevilla o en la Coruña. Recuerdo una actuación en Alcañiz. Fue a ver a un amigo mío, que vivía en calle Torrevelilla y en ese momento estaba llena de baches y no había aceras. Cuando anunciaron mi espectáculo salí dando saltos y la gente se extrañó. Entonces me acerqué al micrófono y les dije: tendrán que perdonar ustedes, pero como está la calle llena de badenes no dejo de saltar. Me llevé una buena ovación del público y después me volvieron a contratar.

¿En qué se parece dar un pregón a realizar un show cómico?

He tenido la oportunidad de dar muchos pregones. De hecho, muchas veces en algunos ayuntamientos a lo largo de estos 40 años me contrataban para actuar y me proponían ser el pregonero. No obstante, son pregones que no están hechos con el corazón, ya que los haces en función de lo que ves durante ese tiempo que estás en el pueblo y algunos ‘chascarrillos’ que te enteras. En mi pueblo no tengo que preguntar a nadie y es un gozo para mí.

En tu trabajo vemos ese lema del humor basado en hechos reales. ¿Es importante también saber reírse con uno mismo?

Sí. Hay que saberse reír uno, todos somos humanos, decimos y hacemos tonterías. Hay que tener sentido el humor, al fin y al cabo, el sarcasmo, la agudeza y el ingenio ayuda mucho al humor.

¿Qué planes de futuro tiene Manolo Royo?

Vivir. Estuve en coma y muerto durante un minuto. Resucité y desde entonces trato de vivir la vida. Estoy en activo, pero, poco a poco, de hecho, tengo algún bolo cerca de la zona. Ahora lo que quiero disfrutar de mi nieta, que está a punto de cumplir los dos años y ha sido una alegría para mí.