Manuel Marlasca, periodista especializado en sucesos, crónica negra e investigación criminal, será este año uno de los ponentes del VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz. Ha desarrollado buena parte de su trayectoria en televisión y radio, con una larga experiencia en el tratamiento informativo de casos policiales, judiciales y de alto impacto mediático. Fue jefe de Investigación de la Sexta Noticias y ha estado vinculado a formatos especializados en crónica negra y sucesos.
Manuel Marlasca: «Hacer periodismo de sucesos desde detrás de una pantalla es una barbaridad. Hay que estar en la calle»
Manuel Marlasca, periodista en investigación de sucesos y ponente en el VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz./ La COMARCA
Después de tantos años contando crímenes y grandes sucesos, ¿qué es lo que todavía consigue ponerte en alerta como periodista?
Cualquier reportero sigue teniendo como principal estímulo el rastro de una historia. Ese resorte todavía lo tengo: cuando voy detrás de una historia o detecto una noticia se me activa todo. El día que deje de funcionar será el momento de dejarlo, más allá de que la biología también me obligue.
¿Hay momentos en los que una exclusiva puede ser periodísticamente muy buena y, sin embargo, no merecer la pena publicarla?
Muchísimas veces. Los reporteros de sucesos hemos visto grandes historias que era mejor no contar ni hacer públicas porque podían causar un daño adicional a una tragedia.
En una investigación hay muchas versiones, intereses y fuentes. ¿Cómo detecta un periodista cuándo le están informando y cuándo le están utilizando?
La mejor receta contra la manipulación es ser profesional, contrastar con más fuentes y trabajar con el rigor que exige esta especialidad. Las fuentes habituales del periodismo de sucesos, como policías, guardias civiles, jueces, fiscales, abogados, delincuentes y víctimas, suelen tener intereses diferentes a los de otros ámbitos. Aun así, en una investigación abierta puede haber intentos de manipulación y hay que saber detectarlos.
El true crime ha convertido muchos crímenes reales en entretenimiento. ¿Hasta dónde puede llegar un medio contando una historia sin convertir el dolor de una víctima en espectáculo?
El límite está en hacer información. Cuando se mezcla entretenimiento o espectáculo con información puede salir un producto que no responde a los estándares de calidad, rigor, seriedad y respeto a las víctimas. Es una mala idea espectacularizar un crimen o a unas víctimas.
¿Tenemos demasiada fascinación por el criminal y poca curiosidad por las víctimas?
Creo que sí. En Teruel, si preguntas por Igor el Ruso, mucha gente sabrá quién es, pero si preguntas por los nombres de sus víctimas casi nadie los recordará. Es un síntoma de esa realidad.
En la información de sucesos y en el true crime la víctima tiene que estar siempre en el centro. A veces damos una pátina de importancia a los criminales y les atribuimos facultades que casi nunca tienen. Normalmente son personas vulgares y mediocres. Hay que quitarse esa fascinación por los victimarios y estar más al lado de las víctimas.
Has recibido reconocimiento por tu labor informativa sobre personas desaparecidas. ¿Qué cambia al informar cuando todavía no sabemos qué ha ocurrido y una familia espera respuestas?
He conocido a muchas familias de desaparecidos cuando no había protocolos ni ayudas suficientes y las investigaciones eran muy deficientes. Una madre de una desaparecida, Rosana Maroto, me dijo una frase que siempre he tenido presente: una familia de un desaparecido nunca puede cerrar el luto porque nunca lo abre hasta que tiene una prueba, un cadáver, unos restos o la constatación de lo ocurrido.
Cuando se informa sobre desaparecidos hay que ser extremadamente prudente. Una información puede frustrar una investigación. Yo he cometido ese error alguna vez, lo reconozco, y he pedido disculpas por haber publicado informaciones que pudieron perjudicar o retrasar una investigación.
En relación con el triple crimen de Andorra y el protagonismo que llegó a tener el asesino Norbert Feher, ¿crees que ha cambiado la forma de contar sucesos tan graves?
Creo que la prensa local trabaja de forma ejemplar en sucesos. Los reporteros locales están por delante en muchos aspectos del tratamiento que hacemos desde las redacciones de Madrid. En provincias se mantiene un periodismo de fuentes, de calle, de fidelización de contactos y de respeto a las víctimas.
Cualquier periodista de sucesos debería hacer prensa local porque es uno de los últimos reductos del periodismo de sucesos de verdad.
En un medio local, las víctimas, las familias o los investigadores pueden formar parte de tu entorno. ¿Esa cercanía ayuda a contar mejor o complica el trabajo?
Ayuda a contar mejor. Cuando un periodista conoce a las personas con las que trata, esa cercanía facilita la información y también ayuda a saber dónde están las líneas rojas y los límites.
Después de casi 40 años de profesión, ¿qué hemos perdido por el camino y qué hacemos mejor?
No soy contrario a las nuevas tecnologías. Han sido una herramienta utilísima y permiten transmitir información desde cualquier parte del mundo. Eso es maravilloso para el periodismo, pero la irrupción de las tecnologías, las redes sociales y la falta de perspectiva de algunos responsables de medios han hecho que se pierda algo esencial: la calle. No concibo hacer un suceso sin ir al lugar, sin escuchar a la gente, sin ver cómo es ese escenario.
Lo que hemos perdido es calle. A los estudiantes de periodismo siempre les digo que, para dedicarse a sucesos, necesitan dos cosas: tolerancia a la frustración y buenos zapatos para gastarlos en la calle. Hacer periodismo de sucesos desde detrás de una pantalla es una barbaridad.
¿Cómo se encuentra el equilibrio entre informar sin caer en el morbo ante sucesos brutales?
La fórmula para no caer en el morbo o el amarillismo es aportar información y no revictimizar a nadie. En crímenes como el de Andorra no hace falta añadir dramatismo. Contados de forma fría, científica y aséptica ya son suficientemente terribles.
No hay que entrar en detalles innecesarios porque al otro lado puede haber alguien relacionado con esa historia. La prudencia debe estar siempre presente.
Tu ponencia en el Curso de Alcañiz hablará de exclusiva, relato y responsabilidad. ¿Cuál de esas tres palabras pesa más cuando todos quieren llegar los primeros?
La responsabilidad. Un periodista de sucesos tiene que saber que no todo vale. Llegar un poco más tarde puede servir para llegar mejor y ninguna portada ni minuto de televisión merece perjudicar una investigación o hacer daño a una víctima.
La palabra exclusiva se ha utilizado tanto que ha perdido parte de su sentido. Antes una exclusiva era una información que cambiaba completamente la perspectiva porque la competencia había conseguido algo que tú no tenías. Ahora se llama exclusiva a muchas cosas que no tienen ese valor.
¿Qué te gustaría que alguien se replanteara después de escuchar tu ponencia?
Que siguiesen haciendo periodismo. Quiero que comprendan que en el periodismo no hay barra libre. Exige normas y responsabilidades. El primero que tiene que exigirse rigor y responsabilidad es el propio periodista.