Manuel Pimentel: «No se debe quitar ni un litro de agua a los agricultores para otros usos»
Imagen de archivo de Manuel Pimentel./ L.C.
¿Cuál es el reto del campo en zonas rurales como el Bajo Aragón Histórico, donde hay una importante presencia de explotaciones familiares?
La agricultura, en lo que es la tríada mediterránea con el cereal, la vid y el olivo, está pasándolo mal y va a empezar a pasarlo peor, como síntoma de la crisis estructural que sufren las principales tipologías agrarias de España. La razón principal son los bajos precios, que hacen que no salgan los números. Además, hay una parte de la sociedad que los considera enemigos del medio ambiente o maltratadores de animales y eso genera un problema de autoestima. Y, por último, está el problema de personal y relevo generacional. No obstante, en aquellas zonas donde hay regadío la población se mantiene y la economía crece, por lo que el acceso al agua es fundamental. Donde hay regadío hay vida, riqueza y gente joven.
En este territorio se ha invertido en la creación de regadío y su modernización, ¿se ha apoyado lo suficiente desde las administraciones a los agricultores?
Sin entrar en el caso concreto de Alcañiz y hablando de la media española, en estos últimos años no ha habido un objetivo de ampliar el regadío ni de producir más, porque la política agraria europea no entiende el regadío. En Europa llueve mucho y, por tanto, no hace falta. Además, son políticas que no se fijan en la producción porque no quieren que produzcamos más, sino que tienen otro tipo de prioridades. Sin embargo, creo que el Ministerio sí hizo algo bien: conseguir fondos para la modernización del regadío para automatizar y optimizar el agua. Esto es clave porque los regadíos hacen falta para la producción de alimentos y que los precios no sigan subiendo, y para el mantenimiento de las zonas rurales, que sin agua van a perecer.
¿La entrada de infraestructuras como los centro de datos es un problema en cuanto a la competencia en el uso del agua?
Cualquier uso nuevo va a generar competencia. En España sobra agua, pero falta una política hidráulica para emplearla mucho mejor. Por otro lado, los derechos de riego son derechos y no se pueden quitar ante ninguna actividad, aunque algunos plantean comprarles a los agricultores los derechos, algo de lo que no soy partidario porque castigaría la economía agraria. Los centros de datos hay que ubicarlos donde no afecte a los agricultores y plantarnos ante lo contrario. No se puede quitar ni un litro de agua que va para la agricultura. En España, sobra el agua, pero faltan días de lluvia y necesitamos regadío.
Sobre las políticas europeas, hay una apuesta por las energías renovables, que terminan ocupando terrenos agrícolas...
La sociedad europea y los grupos de presión han apostado por la energía renovable y lo vemos en que cada vez hay más paneles solares y aerogeneradores. Sin embargo, la PAC que todavía está vigente mientras se negocia la próxima, no confía en la agricultura y no quiere producir más. Por contra, quiere que el campo europeo sea un lugar para pasear en paz, anteponiendo el principio de sostenibilidad o de medio ambiente a la producción agraria. El campo está sufriendo mucho y se siente abandonado, es por eso que están volviendo las tractoradas, que yo apoyo.
Aparte de esta realidad económica, la guerra también es un factor importante. Nos estamos armando; pero no tiene ningún sentido tener un hangar lleno de misiles y la despensa vacía. La alimentación se convierte en un arma estratégica y no podemos depender de la comida de fuera, debemos tener unas mínimas reservas estratégicas. Espero que los negociadores actuales cambien esa visión de la PAC, que ha perjudicado a la agricultura y beneficiado a las energías renovables. Parece que poner paneles, cimentaciones de hormigón y subestaciones es economía verde, mientras que cultivar trigo o frutales no lo es. Es un sinsentido. Mi problema no son las renovables, sino el campo porque quiero que se considere un activo y que tengamos políticas de producción estratégica y de renta.
Escribió un ensayo en el que reflexiona sobre la guerra por la proteína animal. En Aragón el sector porcino es clave, al igual que en el Bajo Aragón Histórico. ¿Hay una burbuja?
No. En el mundo ahora mismo hay demanda de proteína animal y en países del este de Asia y en África se están creando clases medias que aspiran a comer proteína animal. En España estamos bien situados, somos un gran exportador, sobre todo, de porcino. Como todos los sectores, tiene riesgos, por ejemplo, estamos muy preocupados por la peste porcina de Cataluña y dependemos mucho de la importación de cereales. Ahí tenemos un punto de debilidad, pero hay buen mercado, demanda y estabilidad. Además, como no se dan permisos para granjas nuevas y las macrogranjas se persiguen, quien tenga una explotación, tiene un tesoro.
Por tanto, el relevo generacional aquí es aún más importante...
Es un factor crítico. Las explotaciones tienen que ser rentables y el trabajo es duro, además, durante años han estado muy mal vistas ya que hay quienes les considera maltratadores animales. Esto provoca que pese a que hay granjas rentables, hay severas dificultades para que continúen. Por otro lado, para rentabilizar más las explotaciones hay que automatizar más y eso implica unas dimensiones mínimas de las granjas.
¿Eso no perjudicará al medio rural, donde las explotaciones pequeñas y medianas son fuente de trabajo?
Las formas de alcanzar un mayor tamaño son muchas, como integrarte y tener servicios compartidos. Lo que ya no se puede hacer, como hicieron nuestros abuelos, es sacar adelante una familia con un pequeño trozo de tierra. Hoy es muy difícil y probablemente no vuelva a ser posible, porque necesitamos unas economías de escala mínimas.