Manuela Estaña: «Tras años de óleo, le tengo ganas a la acuarela»

EncontrARTE. La maellana vive entre el pueblo y Zaragoza, donde durante más de dos décadas acudió a clases de pintura tras un encuentro providencial con otras paisanas artistas. Ha expuesto en Maella varias veces y, ahora que lleva unos meses parada dice que ya necesita retomar la acción
Publicado por Beatriz Severino el 7 de marzo de 2026

Se acuerda del momento. Tiene fresco cuando decidió darle la oportunidad a ese arte que le corría por las venas y apaciguado desde que dejó atrás las aulas del colegio, e incluso las de bachiller. «Dibujaba bien, hasta el dibujo lineal me gustaba. Disfrutaba con ello», recuerda con media sonrisa. «Pero fue a raíz de ver la exposición de las hermanas Viver cuando empecé», sentencia.

Manuela Estaña Lacueva (Maella, 1958) le debe a estas hermanas maellanas el inicio hace unas dos décadas de una producción pictórica con la que sigue pasándoselo bien, indagando y probando cosas nuevas porque todo lo que le gusta intenta hacerlo a su manera y con su toque. Hasta entonces solo había hecho una incursión en Fabara, localidad en la residió 20 años y en la que regentó la farmacia junto a su marido hasta que se trasladaron a Zaragoza. La incursión fue breve pero suficiente para certificar que el gusanillo seguía vivo.

«Lanzaron un pregón para dar unas clases con Bernarda Antolín, una pintora local, y nos apuntamos tropecientos. Hice un cuadro y me gustó, pero ahí se quedó la experiencia», rememora. En la exposición de las hermanas Viver, además de deleitarse con lo que había, conoció a Mar Sorrosal, la que apenas un mes después se convirtió en su profesora tres horas semanales durante dos décadas hasta el año pasado, que se jubiló. No obstante, parece que ser que su regreso también va a estar propiciado por las mismas hermanas y un encuentro providencial que se produjo este mismo domingo. «Siempre he querido hacer acuarela, pero sola no me atrevo y justo el domingo me preguntaron si quería aprender acuarela, porque ellas también hacen… ¡Y tanto que quiero!», ríe. Como toda técnica con un alto porcentaje de agua, la acuarela no es fácil de domar. «Llevo un tiempo parada y la verdad es que tengo ganas de emprender otra vez, yo salía de las clases relajada total, una persona nueva», dice.

En estos años ha acumulado buena producción de óleo en todos los tamaños y estilos tanto figurativos como paisajes. A veces innova, como el día que decidió pintar como un bodegón de botellas a los miembros de la asociación musical de la que también era integrante su marido en Fabara. «Cada uno se busca y cree qué recipiente puede ser según su complexión. Yo les dejo libre interpretación», ríe. Unos cuadros los tiene ella, pero otros muchos los ha regalado. Encargos solo acepta los de las amistades, y alguno descansa paciente en el trastero a que la nueva dueña acuda a buscarlo y lo cuelgue en la pared que ya tiene elegida y para la que solicitó unos colores determinados.

Estaña se inspira en todo, en cualquier cosa por muy nimia que pueda parecer. Incluso los mensajes que se envían una y otra vez en cadena por mensajería móvil deseando buenos días pueden ser un objetivo que reinterpretar en un cuadro con su sello. Entre los óleos hay mucho pincel, pero también hay pintura aplicada con espátula.

En algunos casos conviven ambas técnicas en la misma obra, como sucede en el que plasmó la línea del horizonte con el contorno de Maella en un atardecer encendido. Lo guarda en su casa zaragozana, que combina con la maellana con idas y venidas continuas. «Este lo tengo siempre cerca, no lo regalo», sonríe.