La artista caspolina Marta Castelló ha emprendido uno de los viajes más transformadores de su carrera junto a Payasos Sin Fronteras, donde es voluntaria. Del 30 de marzo al 19 de abril, participó en 19 espectáculos en 5 estados de México, junto a sus compañeros Toño Zarralanga, Pablo Regalado y Noche Diéguez, con el objetivo de llevar la risa a donde más falta hace.
Marta Castelló, payasa caspolina: «Llegar a donde no había llegado nadie y ver que la risa es universal, es algo espectacular»
Marta Castelló en uno de los espectáculos en México./ M.C.
¿En qué ha consistido este viaje?
Hemos visitado los albergues de refugiados de desplazados internos del propio país porque hay mucho conflicto y también de desplazados que vienen de otros lugares camino hacia una vida mejor. Hemos trabajado con Acnur, que allá hace una labor impresionante, es increíble cómo trabajan con los refugiados, cómo los cuidan y cómo han elegido cuidadosamente los albergues a los que debíamos ir. Se tarta de buscar lugares donde por un motivo interno, externo o una catástrofe meteorológica, hay una situación problemática y nosotros lo que hacíamos era levantar la moral o curar a través de la risa.
¿En qué estados habéis estado?
En Estado de México, en el Estado de Guerreo, que ha sido muy interesante porque hemos visitado la costa y la ciudad de Acapulco, donde hay muchos damnificados por el huracán Otis. También hemos estado en los estados fronterizos de Tabasco y Chiapas, que son los que más circulación tienen de desplazados, y en Michuacán, uno de los estados interiores con un poco de costa.
¿Cómo ha sido para ti la experiencia?
Entrar en el centro de México, en esa línea caliente que llaman, y estar 3 horas en una camioneta, en un camino, que dices madre mía, protegidos por los militares y la policía del estado para llegar a un lugar donde nunca había llegado nadie y menos a nivel artístico, que justo llegaba el maestro, y ver como van bajando de las comunidades que trabajan allí -desde el corte del limón o del corte del aguacate ya que son zonas mu agrícolas- y ver que, efectivamente, la risa es universal y que hay una reacción inmediata a lo que les ofreces y a esa sensación de estar bien, de estar curados, es algo espectacular.
¿Qué espectáculo ofrecíais?
Es un espectáculo que tiene formato calle, era hablado y llevábamos pequeños gags separados en los que había magia, una parte acrobática, una parte más visual, mímica de comedia física y una parte participativa que era una forma de subir el ánimo al final del espectáculo. Todo ello con música porque también tocábamos en directo. Se intenta que ya que llevas algo, que sea lo más posible y que vean cosas diversas, que haya un abanico amplio artístico y que vean cosas que quizá no hayan visto antes. Cuanto más, mejor en ese caso.
El objetivo es llegar a la infancia pero los adultos también disfrutarían...
Sin duda, los cooperantes de Acnur, en muchas ocasiones, cuando nos marchábamos a otro lugar nos comentaban que estaban sorprendidos por como personas adultas que hacía una hora estaban con ellos gestionando temas muy delicados, los veían ahí riéndose, con los ojos brillando, entregados a lo que estábamos haciendo. Son cosas que te llegan muy profundo porque realmente es para todas las edades, la cura es general.
El arte tiene muchas maneras de comunicar pero en México el idioma sería un aliado también...
Sí, la risa es el idioma internacional y muchas veces no hace falta hablar pero sí que después de los espectáculos hay mucho intercambio. En Acapulco, estuvimos con una comunidad de payasos que decidieron salir a la calle después del huracán y repartir risas para recuperar un poco el estado de ánimo de esa ciudad que quedó devastada. Tuvimos 3 días maravillosos de charlas, de ver cuál es la situación del arte allá, cómo autogestionan todos los espacios artísticos y de compararlo con nuestra experiencia o la experiencia de mis compañeros que han estado en más expediciones. Ahí, sí, el idioma es una maravilla.
Pensar en ayuda humanitaria nos suele llevar a hablar de asistencia sanitaria o de los campos de refugiados, vosotros os centráis en la risa...
Vamos a ver si la risa alcanza ya el primer plano y nos damos cuenta todos de que la risa y el buen humor cura. Está ya demostrado, de hecho hasta tenemos estudios. En cada espectáculo teníamos un estudio de la risa, de cómo afectaba y cómo reaccionaba el público, porque queremos demostrar que realmente cura y que vale la pena invertir en estas cosas, en el arte.
Como voluntaria, ¿qué te llevas de esta expedición?
Yo siento que me llevo muchísimo cariño y mucho amor. Lo que regresa de lo que tú das es tan grande y tan beneficioso para ti. Darte cuenta de que tu trabajo está siendo útil y que lo que has soñado o has pensado que iba a funcionar, funciona, es lo más reconfortante que puede haber. Regresas muy agotado, con una carga emocional fuerte porque tienes que gestionar emociones allá que no es fácil a veces, pero al regresar es cuando todo viene y dices venga ahora voy a hacer toda la digestión de lo que ha sucedido y es tan maravilloso.
¿Cómo se organiza una expedición?
Se comunica que hay una expedición a la Asamblea de cada comunidad, se determina el destino, la misión y se crea un equipo que monta un espectáculo, si tiene opción. Hay veces que desde la central se pide una payasa y se encuentra con el equipo en el lugar directamente. Por tanto, en el hotel en un rato libre que tienes pues piensas como va a ser el espectáculo según lo que cada uno hace. En nuestro caso, creo que fue una ventaja que nos conociéramos los cuatro, habíamos trabajado ya en alguna ocasión y a la hora de trabajar juntos fue muy fácil, parecía que éramos una compañía cuando cada uno veníamos de compañías distintas. En Aragón, somos unos 50 artistas voluntarios.
¿Vas a volver pronto de expedición?
Mi compañía y el espacio de la Casa de Burbujas Azules me demandan trabajo y también es mi pasión traer el arte a mi pueblo y a mi territorio. De momento está muy bien así, es una experiencia que he vivido maravillosa, ojalá pueda repetir pero hay muchos payasos que están deseando ir de expedición y eso es lo bueno, que haya mucha variedad y todos tengamos la opción de marchar. Hasta que no sea necesaria estoy en la retaguardia. Ahora están preparando expediciones a Marruecos, Kosovo y Armenia. Quiero destacar que la ONG funciona con aportaciones individuales principalmente. Hacemos galas abiertas al público y cuando la gente se entere de que hay un espectáculo de Payasos Sin Fronteras, que vaya, se compre una camiseta… son pequeños gestos que ayudan muchísimo.