El alcañizano Mikel García Escocia (1989) está en ese 1% de la población mundial que a lo largo de su vida corre, al menos, una maratón (42 kilómetros y 195 metros). Concretamente, su caso es todavía más excepcional ya que lo hace verdaderamente deprisa. Tras debutar en Frankfurt (Alemania) en 2015 y dos años después irse hasta Tokio (Japón), hace unos días compitió en el campeonato de España de maratón disputado en Sevilla paró el crono en unos envidiables 2:19:29 (un promedio de 3:19 por kilómetro, o, aproximadamente 33:05 los 10k). Todo ello tras «la mejor preparación de su vida» y acumular 1.400 kilómetros en las últimas 11 semanas. Supera así los grandes fantasmas del pasado y lo hace pese a encontrarse con grandes baches en el camino -el pasado verano perdió a su padre-. Con sus idas y venidas, sus buenas y malas decisiones y también con los triunfos y los golpes de la vida, García Escocia tiene detrás una increíble historia de amor-odio con el atletismo cuyos inicios se remontan hace ya más de 25 años.
«Realmente no recuerdo ni exactamente la fecha en la que comencé», explica. Haciendo memoria retorna a hasta 1997 o 1998. Por aquel entonces, y desde la Cuenca Minera -entonces con su familia vivía en Utrillas- comienza a competir a nivel provincial entrenando con Carlos Hueso en el club del colegio de Montalbán. «En Utrilla no había equipo. Entrenábamos un par de días a la semana. Éramos pequeños pero ya empecé con mis primeras carreras», rememora. Ya a finales de 2001, los García Escocia se trasladan a la capital del Bajo Aragón donde continúa en el club del poli. Lo define como «jugar al atletismo». «Solo era en la época del curso escolar. Entrenábamos muy poco, principalmente jugábamos. Un día hacíamos salto de altura, otro corríamos…». Eso sí, poco a poco, empezaba a dejar huella en el camino. Sus cualidades atléticas no tardan en florecer y con poco esfuerzo comienza a destacar a nivel regional y logra disputar sus dos primeros campeonatos de España a nivel individual siendo infantil de primer año.
Los años más dulces
Ya asentado en Alcañiz, comienzan tres años llenos de alegrías y buenos momentos. En la capital del Bajo Aragón coincide con el incombustible Alberto Sábado -por aquel entonces toda una promesa del atletismo aragonés- y pasa a entrenar con Carlos París en el club zaragozano del Stadium Casablanca. Sigue quemando etapas y cosechando triunfos importantes que le abren las puertas del Playas de Castellón, uno de los equipos punteros en España por el que ficha dos temporadas. «Yo siempre digo que fue mi mejor momento. No consigo medallas a nivel nacional porque me falta velocidad al final pero estoy siempre en la pelea», puntualiza. Y para muestra un botón: En un breve intervalo de tiempo, alcanza puesto de finalista en hasta siete campeonatos de España y llega a conseguir grandes proezas colectivas con el club castellonense que se traducen en varios oros nacionales e incluso el campeonato continental de pista. «Corría y estaba siempre delante. Recuerdo con especial cariño el Campeonato de España por clubes en 2006, en Valladolid. Fui 5º siendo de primer año. Lo viví con mi hermano y también disfruté mucho de ese día».
En pleno apogeo, el de Alcañiz termina sexto en el campeonato de España de cross individual en Melilla y se queda como reserva para competir en el mundial de campo a través. Llega el primer revés. El primer batacazo. A las puertas de cumplir un sueño. «Empecé a presionarme mucho y todo se torció. Me empiezo a hacer muchas preguntas y consulto a otros atletas con los que me codeo a nivel nacional y me doy cuenta que entrenan mucho más que yo», admite. Esta situación le lleva a perder la confianza en su entrenador, Carlos París, lo cual hoy en día considera un error. Decide seguir en solitario y cambia el Playas de Castellón por el F.C. Barcelona, otro de los gallos del atletismo español, en un año con más sombras que grises. Allí únicamente destaca el oro por equipos en el nacional de cross en el que fue clave con su 12º lugar.
Un lustro sin correr
La sombra del nacional de Melilla fue demasiado alargada y tras su año en el Barça llega la desmotivación y el alcañizano decidió dejar de correr cuando todavía era un adolescente. Sería un parón de casi cinco años, muy largo, pero no el último. Con el paso del tiempo estos se vuelven habituales por sus idas y venidas. «’Mikel, qué cabecica tienes’. Me lo dicen siempre», apunta. Será ya a finales de 2011 cuando retoma. Aquí, de nuevo, será clave la figura de Alberto Sábado. Sin embargo, fue un espejismo y volvió a tirar la toalla. «Me ganaba gente que no lo había hecho nunca». A partir de ahí hace varias intentonas de regresar a la competición pero ninguna de ellas cuaja. Eso sí, por el camino empieza a tener sus primeros pinitos en la larga distancia firmando un gran tiempo de 1:12 en su debut en media maratón en 2014.
Es ya para las fiestas del Pilar de ese mismo año cuando el de Alcañiz vuelve a tomarse verdaderamente el atletismo. Fue a raíz de una llamada del zaragozano Toni Abadía, olímpico en 5000ml en Rio y uno de los mejores atletas aragoneses del siglo XXI, quien le pide que tome parte del club que iba a crear por aquel entonces. Decide aceptar y trasladarse a Zaragoza para entrenar con los ‘Marecas Boys’, pupilos del entrenador José Luis Mareca. Allí comparte entrenamientos con la élite aragonesa: el propio Toni Abadía, Carlos Mayo o Juan Carlos Dutrey, este último, albalatino. «Empiezo a entrenar con ellos y la verdad es que me paso. No hago caso a los ritmos y además, por trabajo, duermo muy poco y termino con síndrome de post entrenamiento». Este fue el segundo gran revés. Los valores de la sangre del alcañizano se alteraron por la destrucción muscular y se ve obligado a parar por completo durante varios meses.
Primeras maratones
Fue un nuevo punto de inflexión que, tras poder volver a correr y hacer la media de Zaragoza en 1:12 en abril, le trajo de nuevo a la ciudad de la Concordia con la intención de ya correr su primer maratón. Lo hace junto a Chema García Rodríguez, compañero de fatigas durante años y al cual considera una figura clave para que él continúe.
Todo fluía y la preparación fue muy buena pero una torcedura entrenando que no se tomó enserio le apartó de terminar su primera maratón en el kilómetro 30 de Frankfurt. En esa época los fisios se vuelven una constante en su vida hasta que finalmente da con la tecla. Vuelve a retomar y se propone como reto la media de Madrid. Aquí aparecen problemas del pasado como la ansiedad pre carrera o el insomnio. «Me pudieron los nervios. Es algo que me pasa mucho. Salí a bajar de hora diez pero me retiré», admite. Se siente motivado y pese a trabajar con una psicóloga deportiva decide volver a apartarse del atletismo.
El día después de su 27 cumpleaños, -en ese mes de octubre que tiene por amuleto- decide volver a preparar un maratón. Elige Tokio, a miles de kilómetros de casa. Para este segundo intento decide volver a contar con Pepe Mareca como entrenador pero entrena casi en solitario desde Alcañiz. «Lo vi como una oportunidad para viajar. Además Tokio es una de las grandes». La preparación volvió a ser buena y contó con el inestimable apoyo de su padre con la bici en algunas tiradas y también de Chema en otras. En febrero de 2017, en Japón, Mikel Escocia terminó su primer maratón pero el sabor de boca no es bueno. «Las comidas que nos daban allí tenían pocas cantidades y a mi se me ocurrió comer galletas para cargar hidratos. Se le sumó que el primer gel que me tomé en carrera tampoco me sentó bien. Paré tres veces para ir al baño en carrera y aún así hice 2:25», reflexiona. Volvió a España con la sensación de que podía dar más e intentó resacirse con la 10K de Zaragoza en abril. Pero volvió a salir cruz y serían sus últimos kilómetros hasta finales de 2019. «Me autopresioné. Pasé una noche de mierda y en el kilómetro seis me vine abajo yo solo y yendo tirando en cabeza me aparté y me paré», expone. Fue su enésimo parón. Los fantasmas atacaron de nuevo…
Pierde a su padre y corre en Sevilla meses después
A punto de iniciar el 2020, tras varios cambios en su vida personal y profesional regresa a Alcañiz y poco a poco comienza a sumar kilómetros. Lo hace combinando dos o tres días por semana de carrera con el gimnasio, algo que nunca ha dejado. «Fui al 10K de Valencia y a principio de año con poco entrenamiento hice 31.46», adelanta. Se vuelve a trasladar a la capital de Aragón y comienza con una preparación específica para correr el 10K de Laredo en marzo, considerado el 10000 en ruta más rápido de España. «Estaba muy en forma y tenía el objetivo de hacer 30.20 o 30.30. Entonces llegó la pandemia y se paró todo», lamenta. Y paró de verdad. En su caso supone el segundo parón más largo porque tras el regreso a la normalidad no se encuentra dispuesto a «volver a pasar por todo el proceso» y vuelve a parar de correr.
Fue el 30 de diciembre de 2022 cuando se le volvió a encender la bombilla. Le vuelve a picar el gusanillo y llega, entrenando un par de días por semana, a hacer menos de 33 minutos en el 10K de Zaragoza. También empieza a combinar el gimnasio y el atletismo con el ciclismo. Y entonces se apunta a esa maratón de Sevilla en la que meses después firmaría el sub 2h 20’. «Mi intención hasta el verano era correrla a lo que pueda pero entrenando no más de tres días por semana», asiente.
Sin embargo, en verano, su manera de ver la vida cambiaría. Eso también le llevaría a cambiar los objetivos en la ciudad hispalense. Durante unos días de descanso en Asturias su padre falleció repentinamente. «El día antes incluso subimos el Angliru. Nos fuimos a dormir y ya no se despertó. Siempre ha tenido muchísima confianza en mí y me decía que yo podía conseguir lo que quisiese. Me hizo pensar mucho y llegué a la conclusión que mejor no dejar para mañana lo que podía hacer hoy», subraya. Ya no había nada que le pudiese pasar y las próximas semanas, progresivamente con mayor volumen, decide preparar a conciencia la maratón de Sevilla, también campeonato de España.
Durante esos meses compite en la media de Málaga (1h 09’) y la Behobia-San Sebastián (1h 06’) consiguiendo controlar sus capítulos de insomnio o ansiedad y se hace fuerte. Ya en los últimos tres meses, el camino a Sevilla ha sido mimado al detalle: 11 semanas con una media de algo más de 120 kilómetros semanales para llegar en «el mejor estado de forma de su vida». Se constató en la capital andaluza con esos 2:19:29 que refrendan su calidad y las palabras de su padre. Fue décimo en el campeonato de España individual y plata por equipos junto a Chema García, Alberto Puyuelo y Víctor Tello con el Running Zaragoza.