La parte de la escalinata y los frontispicios estrenan decoración esta Semana Santa obra de Joaquín Sanz
Las manos son la herramienta de Joaquín Sanz. Es artesano, artista y, desde luego, apasionado del tambor. Por su buen hacer es reconocido a muchos niveles. Urrea está salpicada por muchas obras suyas empezando por el Monumento al Tambor ubicado en una de las entradas al pueblo y continuando por otras muchas y no solo ligadas a la Semana Santa. Algunos de sus trabajos están en el interior de la iglesia donde también hay varias de su padre Manuel, que también era artesano. Entre ellas, el altar de San Antón y muchos pedestales. También la mesa donde se coloca Monumento, precisamente donde a partir de este año se podrán apreciar los últimos trabajos de Joaquín.
El artesano es uno de los muchos colaboradores que tiene la Semana Santa urreana y en la que todas las manos son bienvenidas. Hace un par de domingos un grupo de voluntarios acudió a ayudar a los Franciscanos en la limpieza del Calvario. Cada cual aporta en la parcela que mejor puede y la de Joaquín es la artística. Los últimos meses los pasó dando forma a la decoración al Monumento, en concreto, a la escalinata y los dos frontispicios. «Hay uno a cada lado y en uno irá Moisés y en el otro David representado como Rey con el escudo y la estrella», explica. Son varias imágenes.
En una aparece el candelabro judío de siete brazos, -Menorah- y a su lado, el Padre Nuestro escrito en arameo que en otra parte aparece traducido al Latín. En Semana Santa, Joaquín y su familia se reparten entre tocar tambores y bombos y acompañar a la Virgen. Fue la madre de la suegra de Joaquín la que la regaló a Urrea ya que sus hijos regresaron del frente. Años más tarde, los siete hijos, -entre ellos la suegra de Joaquín-, regalaron la que sale en procesión en la actualidad. Desde hace unos años, cuando desaparecieron las Esclavas como tal, los Pamplona Vallespín tomaron la responsabilidad de acompañarla y de ocuparse de ella todo el año. Joaquín restauró la antigua y le construyó un retablo en el que se le puede visitar dentro de la iglesia de forma permanente.