Lo que pasó en Nonaspe este domingo suele suceder pocas veces y cuando ocurre hay que celebrarlo por todo lo alto. El día la patrona, la Virgen de las Dos Aguas, que siempre es el 8 de septiembre, coincidió en domingo por lo que la cita fue más especial todavía, ya que normalmente se festeja el día más cercano al ocho, si cae entre semana. Es un acto muy emotivo y viene mucha gente», explicó el primer edil, Fernando Taberner.
La cita empezó a las 10.30, pero para muchos lo hizo antes, en especial para los fabaroles. Los vecinos del municipio «comparten con los nonaspinos mucha devoción por la virgen» y vienen andando desde Fabara hasta la ermita. «Antes la gente venía con los carros y los niños. La tradición es muy antigua y queremos conservarla. Hemos venido 14 personas y aspiramos a que cada vez nos sigan más jóvenes», detalló Minerva Silué, vecina de Fabara, pero nacida en Nonaspe.
Al llegar les esperan los nonaspinos, que con sus ramos y trajes de baturros dan inicio a la misa baturra aragonesa cantada por el coro Virgen de Dos Aguas. «El día 8 coincide con el día que apareció la virgen. Estamos todos unidos y hacemos una fiesta grande. En mi caso, llevo 40 años o más y es todo orgullo seguir este camino», detalló Natividad Domenech, miembro de la coral. Para las protagonistas de las fiestas también fue toda una experiencia y después de las fiestas patronales fue el mejor colofón que podían aspirar. «Nos hemos despertado muy pronto para ponernos los trajes y venir hasta la ermita. Es muy bonito ver toda la iglesia llena», decía Raquel Zurita, una de las Nonaspinas Mayores.
La tarde acabo con una comida popular alrededor de la ermita con todas las peñas y amigos despidiendo de alguna manera este verano y el día vivido.