Mikel y Carla, los hijos mellizos de Miguel Ángel y de Rosa María, han esperado con ansiedad al igual que el resto de la familia la llegada del Domingo de Ramos. Durante las últimas semanas el ambiente ha sido distinto. En casa de los abuelos, como es tradicional en la localidad, una de sus habitaciones desprende el espíritu de estos días grandes al estar expuesta toda la indumentaria que utilizan cada uno de los componentes de esta familia.
Túnicas azules y negras, terceroles, cíngulos, capirotes, camisas blancas, corbatas negras, tambores, guantes y palillos, mantillas; todos estos elementos han salido de los armarios donde han reposado. Esta indumentaria la lucirán con orgullo todos los que forman la familia Orihuela-Milián y más en esta ocasión después de una espera que ha durado dos años debido a a pandemia. Han estado esperando con paciencia que todo pasara para volver a las calles a disfrutar de las procesiones Y es que, como confiesan Miguel Ángel y Rosa María, «para nosotros que somos muy semanasanteros esta espera se ha hecho muy larga».
Si hay algo que identifica a la familia Orihuela - Milián es sin lugar a dudas la pasión que sienten por la Semana Santa, a lo que se une su involucración en la misma ya que desde hace muchos años sus componentes la viven y la comparten con una emoción que en muchos casos es muy difícil de explicar.
Dicha pasión nace gracias a que Ernesto Milián y Margarita Valencia se la supieron inculcar primero a su hija, posteriormente a su yerno y ambos a sus dos hijos.
La relación de Miguel Ángel con la Semana Santa alcañizana comenzó cuando entró a formar parte de la familia Milián - Valencia. Gracias a ellos y en particular a la matriarca, Margarita, que le regaló su primera túnica negra, se hizo cofrade del Silencio. Ernesto pertenece a esta cofradía desde que era bien pequeño tanto es así que en 2012 fue nombrado Hermano Mayor de Turno. Y qué decir de Margarita, que todos los años no falta a la cita del Viernes Santo por la tarde con la procesión de la Soledad de negro riguroso y luciendo muy orgullosa la mantilla. Igualmente gracias a sus suegros, Miguel Ángel, tuvo su primera túnica azul y su primer tambor pasando de este manera a formar parte de las cofradías de Jesús Nazareno y del Santo Entierro. Todo ello desembocó que en 2010 pasara a formar parte como portante del paso de La Verónica, siendo designado como uno de los «cabos» que junto al resto de los compañeros sacan a procesionar dicha imagen el Martes Santo en la procesión del Vía Crucis o El Encuentro y en la del Entierro el Sábado Santo.
En el caso de Rosa María fue ya desde muy pequeña cuando comenzó a salir a las procesiones. Sus primeros pasos con su pequeño tambor fue el Viernes Santo en la procesión del Pregón. «Fue un día distintos en todos los aspectos ya que además procesioné con mi padre, lo que me llenó de orgullo», rememora. Más tarde, con el paso de los años, ha salido varias veces como «tortera», en el Nazareno y en el Silencio. Su ilusión es acompañar a su madre en la procesión de la Soledad, algo que si no hay nada que lo impida, llegará más pronto que tarde. Todos estos acontecimientos han hecho que los componentes de la familia Orihuela - Milián, Miguel Ángel, Rosa María sientan y participen cada año en los desfiles procesionales. Primero desfilando como pareja y, posteriormente, con la llegada de Mikel y Carla con sus hijos, que nada más nacer fueron inscritos en todas las cofradías y hermandades de la ciudad, por lo que han participado como infanticos, figuras bíblicas, como penitentes en el Nazareno y en el Silencio y este año por primera vez saldrán tocando el timbal como componentes de la banda del Santo Entierro en la procesión del Vía Crucis en la tarde del Martes Santo.