Dos niños de siete y un año y medio han vuelto a correr todos los días por las calles de Tronchón. Son los hijos de Mihai y Roxana Costea, una joven pareja que desde hace unos meses reside en la localidad, a la que se trasladaron para encargarse con ilusión de la gestión del único bar, de titularidad municipal.
De momento han comenzado poniéndose detrás de la barra, un servicio básico para el municipio; y cuando se les termine de dar un lavado de cara abrirán también las cinco habitaciones.
La familia es de origen rumano y llevaba seis años en la vecina provincia de Castellón, primero en Morella y después en Benicàssim. Tienen experiencia en hostelería tanto en cocina como de camareros y querían asumir la gerencia de un bar. Unos amigos instalados en Bordón les avisaron de que en Tronchón se buscaba una nueva gerencia para el bar y llevan desde octubre en el Maestrazgo.
Amplio horario y carta adaptada
La pareja está contenta con la acogida de los vecinos aunque asume que han comenzado su negocio en la época en la que solo pernoctan en el pueblo los residentes habituales – el censo es de 56 habitantes- pero en los festivos reciben más clientela y esperan con ganas la llegada del buen tiempo.
No obstante, el horario es amplio, de 9.00 a 15.00 y de 17.00 a 22.00 salvo los miércoles, el día de descanso semanal; y de viernes a domingo no cierran al mediodía y por la noche están abiertos hasta las doce.
Ahora sirven platos combinados y tapas pero también extras como paella los jueves y chocolate con churros los domingos. También han ofrecido algún día platos rumanos para darlos a conocer. Además, si un grupo avisa con antelación les pueden preparar un menú de comida casera y para el verano, aprovechando el aumento de visitantes, quieren ampliar la carta.
Roxana reconoce que el cambio desde Benicàssim, donde residían hasta su traslado, ha sido más «difícil» para su hijo mayor, de siete años, porque no tiene otros niños con los que jugar en Tronchón de diario pero se ha adaptado bien al colegio de Cantavieja. Al proceder de Rumanía el frío tampoco supone un problema. «Estamos acostumbrados a las bajas temperaturas y que el pueblo sea pequeño no es un problema para nosotros. Queríamos emprender y nuestro día a día es el trabajo pero nos preocupan más los niños, porque no tienen amigos con los que jugar. En los puentes festivos ya están acompañados con la llegada de visitantes», explica Roxana.
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Me encanta una pareja con hijos que traiga vida a los pueblos. No somos de allí pero haremos una visita a comer seguro.
no sé puede funcionar con un pueblo tan pequeño solo tienen pérdidas aseguradas
Si se puede funcionar, soy vecino de un pueblo de menos de 200 habitantes con un restaurante que sirve 30 menús diarios desde hace 17 años, y del que se cubren cuatro sueldos. El secreto es muy sencillo trabajo, dedicación, y mucho mucho esfuerzo
Mucha suerte a la familia y enhorabuena a la población.
mucho animo desearos lo mejor es una zona muy bonita y turistas tendreis
El ayuntamiento debería contratar a la gente que gestiona el bar ya que es un bien público.
Así lo dejan en sus manos y es como la ley Ryder, se aprovechan de las circunstancias
Si se puede funcionar, yo soy vecino de un pueblo de menos de 200 habitantes y en el restaurante sirven 30 menús diarios. Depende de trabajo, dedicación y mucho mucho esfuerzo
Siempre ponen cuando llegan las mismas historias, pero nunca cuentan cuando se van y por qué se van, sería curioso y muy ilustrativo ya que dejarían de marear con el tema y sobre todo dejarían de engañar a personas vulnerables.
Emprendedores y jóvenes, les deseo lo mejor. ánimos y fuerza