'Pepinero' recibe la «mayor de las recompensas» por sus 48 años en la banda del Silencio de Alcañiz

VÍDEO Y FOTOGALERÍA. Ángel Martínez, cabo durante 12 años, fue el Hermano Mayor de Honor y Joaquín Murria, de Turno, este Jueves Santo
Publicado por Laura Castel el 6 de abril de 2026

El alcañizano Ángel Martínez recibió anoche la «mayor de las recompensas» para «quien ha podido disfrutar» tocando con sus cuatro hermanos, siempre en el comienzo de la fila izquierda de la banda, y «con toda una generación de grandes tamborileros, de varias generaciones, muchos de ellos grandes amigos».

‘Pepinero’ fue nombrado el Jueves Santo Hermano Mayor de Honor de la cofradía del Silencio, en la que estuvo 48 años en su banda (2024 fue el último año en el que tocó). Entró en 1970 siendo el más joven y llegó a ser su cabo durante 12 años.

«Lo que siento hoy (por ayer) es un sentimiento difícil de explicar con palabras. Lo que me ha gustado ha sido tocar el tambor y lo he disfrutado durante 48 años en la banda. Entonces no me imaginaba que me iba a tocar vivir este momento. Siempre he dicho, y no me gusta ser presumido, que el cabo es el protagonista de la procesión del Silencio y guardo un recuerdo imborrable de aquellos años en los que también disfrutaba con mis cuatro hermanos», comentaba Martínez minutos antes de enfundarse la capa y coger el cetrillo de Hermano Mayor de Honor.

‘Pepinero’ fue el protagonista junto a Joaquín Murria, Hermano Mayor de Turno, de una procesión que recorrió la parte baja de la ciudad. Los pasos de Jesucristo en la Cruz, la Virgen de las Lágrimas y La Piedad pasaron por las estrechas calles del casco histórico en una noche marcada por el viento y el intenso frío. Muchos de los cirios procesionaron apagados en una noche en la que los termómetros fueron bajando y al volver a la plaza el viento fue más intenso con una sensación térmica de 0 grados.

Las obras de la Lonja y la Casa Consistorial impidieron, por segundo año consecutivo, que la plaza España brillara con todo su esplendor, especialmente en el cierre, en el que no faltó la alfombra de tomillo y romero embriagando una fría y ventosa noche. La banda de timbales que dirigió su cabo, José Manuel Goni, por tercer año consecutivo, se colocó en la plaza justo delante de la valla de las obras para que las tres peanas fueran pasando por delante en dirección a la Iglesia después de que los penitentes pasaran. La colocación de los cruzados, portadores de los emblemas, fue delante de la cafetería Guadalope y el silencio se hizo desde ese momento mientras pasaban por delante de la banda junto a las peanas.