Vecinos de Cantavieja han visto un ejemplar de cabra hispánica con claros signos de Sarna. Ahora están a la espera de que el laboratorio confirme con una muestra lo que, como aseguran, ya tienen claro. La enfermedad provoca un gran deterioro en el animal hasta su muerte, por lo que es fácilmente apreciable. En localidades de la comarca y alrededores como Castellote, Ejulve, Montoro, Villarluengo o Pitarque, ya había ejemplares infectados. Sin embargo, no existían registros en el término de Cantavieja, aunque la plaga corre como la pólvora y ya ha llegado a través de la Cañada de Benatanduz. La situación preocupa a los vecinos por su rápida propagación al tratarse de animales salvajes y de un ácaro muy contagioso. Además, el tratamiento existente a base de medicación es poco eficaz y tiene altos riesgos. Aunque la situación podía preverse al aumentar la población de estos rumiantes, crea incertidumbre, ya que la caza genera un importante peso en la economía.
Ante la situación, se puede emplear pienso medicalizado, aunque no ha tenido muy buenos resultados donde se ha utilizado. La opción corre un grave peligro por si animales domésticos próximos lo toman, los que se pueden intoxicar. Además, también ocasionaría que la carne fuera tóxica, provocando que un análisis en el matadero pueda llevar a cerrar temporalmente la explotación. La medida baja su eficacia porque no garantiza que las cabras vayan a consumir el alimento medicado.
En un animal estabulado puedes hacer un tratamiento, pero en un animal libre es imposible. Es correr un gran riesgo al haber tanta ganadería extensiva en Cantavieja, sin ninguna certeza.
Emilio Sorribas. Agente para la Protección de la Naturaleza
«En un animal estabulado puedes intentar hacer un tratamiento, pero en un animal libre es imposible. Es correr un gran riesgo, al haber tanta ganadería extensiva en Cantavieja, sin ninguna certeza», remarca Emilio Sorribas, Agente para la Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón. Quien también confía en la regulación natural del medio ambiente por sí mismo. «Se ha intentado medicar en zonas sin ganadería y baja la mortandad, pero la plaga no desaparece. Hay que esperar que la enfermedad pase y las especies que la aguanten tendrán anticuerpos que pasaran a sus descendientes, fortaleciendo la raza», asegura el forestal.
Pese a que en un inicio se discutió sobre la idoneidad o no de adoptar la medida, DGA ha optado por el aumento en la concesión de permisos extraordinarios de caza. El Gobierno autonómico busca con la medida evitar que se propague y aprovechar económicamente los recursos aún existentes. También la Sociedad de Cazadores ha decidido no poner pienso con medicación por el peligro al que se pueden enfrentar animales domésticos. Aunque el aumento de la caza también corre el riesgo de acabar con los ejemplares sanos que han creado resistencia, por lo que no es recomendable abatir todos los ejemplares. «Gestionar y aprovechar los animales que hay mediante la caza para sacar un beneficio y el resto esperar. Cuanto antes pase, antes empezará la recuperación», subraya el APN, quién también con cierta resignación añade: «Más allá de intentar que no haya contacto con otros animales, no se puede hacer nada».
La enfermedad parasitaria se propaga tanto a animales salvajes como domésticos por contacto. Su punto álgido se alcanza a finales de invierno, con la época de celo y cuando el frío hace que mantengan un contacto más estrecho para resguardarse. Además, en personas también se han registrado casos de alguna reacción alérgica por el contacto. La escabiosis se manifiesta en el cuello, cabeza y espalda, y después se extiende por toda la piel. Los animales pierden pelo y se les forman costras, sufren picores que provocan que se rasquen de forma continua y se vayan debilitando hasta que mueren. Al rascarse desprenden ácaros que se quedan en ramas o rocas, por lo que animales que después lo tocan se contagian.
25 años para recuperar la situación
Desde que la especie en la región muere hasta que vuelve a aparecer, pueden pasar ocho años, y después hay que esperar 15 años hasta que son grandes y pueden cazarse. «La situación no vuelve a la normalidad en unos 25 años, y no lo hará con la misma densidad», puntualiza Sorribas.
La drástica reducción en la población de cabra hispánica traería consigo perjuicios económicos para el territorio; Ayuntamiento, sociedades de cazadores y particulares, ya que, actualmente, aporta casi más recursos que la madera. «Hace 10 años no había cabras y no pasaba nada, pero ahora ha creado una economía que va muy bien, mueve una gran rueda», señala Emilio Sorribas. Sin embargo, algunos ganaderos podrían ver con buenos ojos la situación para regular el animal que en zonas es una plaga. Al compartir hábitat con sus animales es un competidor directo que quita el alimento y rompe alambres.