Un día, en el año 1965, ELIZABETH TAYLOR (1912-1975) le escribió a una amiga: "¡Odio mi nombre, lo odio!". Y buena razón que tenía para ello. Sin embargo, en realidad ella se llamaba originalmente Dorothy Coles, pero como detestaba el nombre de Dorothy, a los veinte años se lo cambió por el de Elizabeth; más tarde, a los veinticuatro años, se casó con el industrial Kendall Taylor, y claro, también cambió su apellido, fatalmente para ella.
Así pues, la gran escritora británica ELIZABETH TAYLOR tuvo que lidiar durante toda su vida con llamarse igual que la célebre actriz norteamericana. Pero ahí se acaba toda coincidencia. Nuestra Elizabeth fue siempre una persona discreta, de aspecto sobrio –aunque bastante elegante–, cercana a la izquierda política, hasta militar por un tiempo en el partido comunista; casi toda su existencia se desarrolló en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, donde cuidó a sus hijos y se dedicó a escribir esas delicias de novelas y relatos que la convirtieron en una de las mejores novelistas del siglo XX.
Como suele suceder bastante a menudo, su obra no fue muy bien valorada en vida por la crítica (no así por los lectores, que la adoraban), y solo después de su muerte empezó a ser admirada por muchos escritores y nuevos críticos.
La novela que hoy os propongo, una de sus últimas, "PROHIBIDO MORIR AQUÍ", fue finalista del premio Booker y ha sido considerada por "The Guardian" una de las cien mejores novelas de todos los tiempos. Y os aseguro que no es para menos.
En ella nos adentramos en la vida de la señora Palfrey, allá por los años 60, que acaba de quedarse viuda y decide dejar su casa en el campo e instalarse en el Claremont, un sobrio y económico hotel de Londres que tiene como huéspedes fijos a un variopinto grupo de jubilados llenos de manías, pequeñas envidias y dedicación casi exclusiva al cotilleo. Todos ellos saben que cualquier trastorno de la salud es ir de cabeza a los cuidados paliativos; y que recibir visitas es un signo de no estar abandonados del todo.
Por ello, como el nieto londinense de Laura Palfrey no aparece nunca a verla, el resto de residentes le dedican un callado desprecio. Cuando Laura cree que en su vida ya no habrá mucho espacio para las sorpresas, conocerá, gracias a una pequeña caída, a un joven escritor que acepta hacerse pasar por su nieto. Será una improbable y especial amistad que cambiará la vida de la anciana.
Esta encantadora historia sobre las excentricidades y sinsabores de la tercera edad es una inteligente indagación sobre la soledad y la amistad. Sus divertidos personajes, la precisión de las observaciones sobre la vida cotidiana y un fino sentido del humor, de la ironía y de la compasión hacen de este libro una narración inolvidable.
El crítico Ignacio Echevarría nos dice de ella: "Una novela sobre la vejez, quizá la más hermosa y delicada de cuantas recuerdo…". Y la escritora Elizabeth Jane Howard exclamó: "¡Cómo envidio a cualquier lector que la descubra por primera vez!". Y eso es todo.
Miguel Ibáñez. Libreria de Alcañiz