La púa de rastrillo

«En cuanto me recupere, iré a Barcelona a que me miren los ojos. He sido y soy una gran observadora: me interesa verlo todo, mirarlo todo, tanto si es una persona como una pared»
Publicado por Miguel Ibáñez el 29 de octubre de 2021

"En cuanto me recupere, iré a Barcelona a que me miren los ojos. He sido y soy una gran observadora: me interesa verlo todo, mirarlo todo, tanto si es una persona como una pared". Así repuso Caterina Albert, a los 94 años, cuando un periodista le preguntó por su salud. Como otros grandes escritores, se dedicó primero a la pintura, y sus palabras parecen haber sido forjadas en las fraguas de sus ojos.

Pero, quizás, algunos de vosotros, curiosos lectores, os preguntaréis: ¿Quién fue Caterina Albert (1869-1966)? Ante todo una de las más grandes, pero de verdad, de las más grandes escritoras en lengua catalana de la literatura española: "Su léxico es el más vivo, el más diverso, el más jugoso, el más expresivo que jamás haya poseído un escritor, poeta o prosista, en lengua catalana. Se dan, en él, los giros más garbosos, más desconcertantes; las metáforas, si más certeras, más inesperadas…", escribía Mª Luz Morales. Y yo añado: es un prodigio, un enorme río de pura escritura que fluye y que nos encanta, nos desconcierta, nos admira y, sobre todo, nos redime con la mejor literatura.

Esta antología de relatos que hoy os presento, y que acaba de ser editada: "LA PÚA DE RASTRILLO" (admiráblemente traducida por Nicole d´Amonville) propone un recorrido por su narrativa a través de once cuentos que abarcan medio siglo de escritura, y que termina en el lugar donde todo empezó: "La infanticida", un monólogo dramático en verso, absolútamente delicioso, que fué el primer texto que presento a un concurso, y que el jurado premió; pero, luego, al descubrirse que el escritor era una mujer lo vetó en el acto. Este primer contacto con la dura realidad de las mujeres escritoras de aquella época la llevó a asumir el pseudónimo masculino de VÍCTOR CATALÀ, que ya nunca abandonó (y con el cual se la sigue conociendo y firmando sus libros hasta el día de hoy), para de esta forma poder escribir con absoluta libertad y construir los destinos humanos, especialmente los femeninos, sobre el hilo de la violencia. Y así lo hizo con toda su obra; el cuento que da título a la antología, por ejemplo: "La púa de rastrillo", redime siglos de violencia masculina sobre la mujer, su protagonista es una joven a la que han intentado violar: la púa de un viejo rastrillo se convierte en arma de autodefensa contra el agresor.

Caterina nació en el seno de una acomodada y culta familia de propietarios rurales en L´Escala. En vez de resignarse al destino previsible para las mujeres de la época (matrimonio y maternidad), nunca se casó y se entregó a actividades artísticas como la pintura y, sobretodo, la escritura: escribió verso, prosa y drama; pero sobre todo ello, escribió una novela legendaria, una auténtica joya de la literatura, una obra maestra: la cumbre de las letras catalanas: "Soledad" (que, precísamente, también acaba de ser reeditada).

Ningún lector puede perderse esta novela y estos cuentos que os recomiendo; en ellos se fusionan como en ningún otro sitio la belleza y el dolor, el amor y la tragedia o la bondad y la maldad, y todo en un ambiente rural, bucólico e impresionante.

Bienvenidas, en verdad, estas nuevas traducciones de VÍCTOR CATALÀ, la gran dama de las letras catalanas.

Miguel Ibáñez. Librería en Alcañiz