Ramón Magriñà (1940) adquirió su primer coche con 18 años, un Renault Dauphine y una Ducati 125 Sport. En la actualidad, posee en su museo más de 46 automóviles de treinta marcas diferentes y 100 motocicletas, además de una colección de bicicletas. El catalán ayudó desde «el primer momento» al impulso de Autoclassic en Alcañiz y este viernes se le rindió un homenaje por estos casi 30 años de colaboración y constante ayuda.
Ramon Magriñà, coleccionista: «Alcañiz es mi segunda casa. Siempre estuve dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta desde el primer minuto»
Ramón Magriñà adquirió su primer coche con 18 años y en la actualidad cuenta en su museo con más de 46 vehículos. / Autoclassic
¿Cómo empezó su pasión por los vehículos clásicos?
Desde pequeño siempre me han gustado las motos y coches. Tenía 18 años y había que trabajar, pero como mi padre era fan mío (ríe) me decía que si disfrutaba de mi hobbie, que no me preocupara, que lo haría él por mí. Con esa edad empecé en el mundo, pero desde los 40 años lo hice de forma más firme y ahora ya sumo casi 50 años en esta afición, que tanto me gusta.
Ha pasado mucho tiempo desde que se inició su pasión, pero ¿cuál fue la primera pieza que coleccionó?
Fue un Citroën cinco caballitos. Un coche muy popular – que normalmente tenían los médicos de los pueblos-. Lo guardo como un tesoro porque tengo un gran sentimiento hacia él por todos los años que han pasado.
Tiene más de 40 automóviles y 100 mototocicletas. ¿Cómo selecciona las piezas para que pasen a formar parte de su colección?
Cuando estás en un mundo de este estilo te ofrecen muchas cosas y hay que seleccionar porque si no, no tendría espacio. Ahora atesoro 46 coches en el museo. Sí que anteriormente tenía más de 60, pero ya prácticamente no cabían más… y cuando llegaba con un coche nuevo no podía abrir la puerta (ríe).
Es una colección muy completa y además, representa su emblemática trayectoria. Por ello, Autoclassic le rinde un homenaje. ¿Qué siente al recibir este reconocimiento?
Estoy muy contento con Alcañiz y para mí es como mi segunda casa. En 1994 me llamó un señor que venía al Raid de Sitges (Barcelona) y me dijo que querían hablar conmigo. Eran cuatro personas de Alcañiz y me propusieron la idea de impulsarlo. Les dije que les ayudaría en lo que hiciera falta y me enseñaron un plano en el que había una zona redondeada y les pregunte: ¿aquí qué queréis poner? Me respondieron que los coches que les dejara (ríe). El primer año les dejé 16.
Se lanzó a la aventura y confió plenamente en ellos.
Fui a mi casa y se lo expliqué a mi mujer y me dijo que estaba loco (ríe) y que si les conocía de algo. Le respondí que tenían cara de buena gente.
Tiene 46 automóviles, pero, ¿hay alguno que considera la joya de su corona?
Es muy difícil porque soy un enamorado de este mundo, pero ahora mismo tengo cuatro Ferraris con motor de doce cilindros, una marca emblemática.
Después de todos estos años por sus manos habrán pasado muchos volantes, manetas de moto y pedales de bicicleta. ¿Cómo ve el interés por los vehículos clásicos en las nuevas generaciones?
Ahora se han aprobado unos estatutos nuevos y parece ser que hay un poco más de tolerancia, pero de momento va mal por lo menos en Cataluña. Se ha implantado un nuevo impuesto C02 en el que cuanto más antiguo es el coche más se ha de pagar. En cuanto a las generaciones jóvenes sí que tienen ganas de este mundo y es una afición que en general está en auge.
¿Qué consejo le daría a todo aquel que quiere iniciarse en el mundo del coleccionismo y vehículos clásicos?
Es recomendable ir con cuidado porque no cualquier coche sirve. Le aconsejo que se asesore bien de la mano de un buen coleccionista y sobre qué tipo de coches es el mejor. Al final, cuando lo tienes le coges mucho cariño.