Reconocen la calidad de la Judía de Beceite, a punto de desaparecer

Mientras un estudio demuestra sus excelentes cualidades culinarias, su cultivo está en serio peligro
Publicado por Javier de Luna el 19 de abril de 2019

Mientras un estudio demuestra sus excelentes cualidades culinarias, su cultivo está en serio peligro

Cuando parecía que la Judía Blanca de Beceite o Fesol de Beseit corría un grave peligro de desaparición, un estudio llevado a cabo dentro de la Red de Semillas de Aragón, en colaboración con el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón, concluye que esta alubia constituye un producto de primera calidad, comparable a otros tipos de judía con reconocida fama a nivel nacional e internacional.

La iniciativa partió de varios productores y vecinos de Beceite y de otras localidades del Matarraña tras acelerarse en los últimos años el abandono de este tradicional cultivo por la jubilación de buena parte de los agricultores que la cultivaban. Por ello, ante la amenaza real de que pudiese desaparecer esta variedad, que ya aparecía en la Enciclopedia Madoz de 1845 se procedió a conservarla con el objetivo, explican, de ponerla en valor y constituir un punto de inicio para su hipotética producción y envasado.

La historia del cultivo de esta especie está muy ligada a los beceitanos Rafael Giner y Agustín Cuartielles, quienes, han estado más de 50 años produciendo miles de kilogramos de este producto. Giner quien cuya familia además es conocida como «Fesols», por la dedicación que siempre tuvo hacia este producto al igual que su suegro, fue uno de los mayores productores de judía blanca de Beceite hasta su jubilación. Comenzó desde muy joven siguiendo los consejos de su suegro, Juan Gil, que a sus 96 años aún recuerda cómo se llevaba a cabo este cultivo. «Nosotros toda la vida hemos cultivado las alubias y aprovechábamos el rastrojo de la alfalfa. Veo difícil que los jóvenes lo continúen, pero si así fuese sería una muy buena noticia», explica Giner quien no oculta su alegría de que «por fin» se reconozca la calidad del producto.

Otro de los mayores productores de esta judía blanca en las últimas décadas es Manuel Micolau, quien desde los 15 años, hasta su jubilación hace pocos años, cultivó la judía de Beceite en la histórica finca del Mas de Micolau, junto al río Algars. Micolau suministró durante muchos años a establecimientos hosteleros de reconocido prestigio del Matarraña. «Para que la judía quede perfecta, se tiene que regar con agua de cabecera y que se mantenga fría en verano, como la que tenemos aquí en el río Algás y el Matarraña» , explica Micolau. Lo cierto es que el estudio del Banco de Semillas de Aragón abala este hecho y recoge que para su calidad óptima, la planta tiene que ser regada con agua fría. Gran parte de la producción de esta legumbre tenía como destino a la Fonda Alcalá de Calaceite, cuyas judías con sardina y aceite de oliva virgen extra o con panceta tienen merecida fama desde hace más de 50 años.

La esperanza está en varios vecinos que continúan produciendo este producto. Es el caso del hostelero Javier Moragrega, quien apostó hace unos años por la utilización del fesol de Beseit y por divulgar el valor culinario de este producto en el establecimiento de la Fábrica de Solfa. De igual modo otros hosteleros como Ramón Ibáñez en su huerto del Hotel Font del Pas y Francisco Urquizu, en la huerta del Prat quien también abastece desde hace décadas a Fonda Urquizu. También a título personal los primos hermanos Juan José Latorre y Ricardo Latorre mantienen el cultivo de Fesol de Beseit para consumo propio , después de que el padre de Juan José, muy conocido en el Matarraña, fallecido recientemente y gran poseedor de la sabiduría popular beceitana, produjese miles de kilos de este manjar durante toda su vida.

Lo cierto es que la recuperación masiva de este producto podría ser un revulsivo para una localidad muy condicionada por su compleja orografía y en la que la agricultura históricamente ha tenido menor peso que en otros municipios debido a las dificultades del terreno. Sin embargo la esperanza estaría puesta en la Huerta Mayor, actualmente en un avanzado estado de abandono. De sus casi 30 hectáreas tan solo se cultiva en torno a un 40%. La gran parcelación del terreno y el fallecimiento de gran parte de sus propietarios no han favorecido un relevo generacional. Sin embargo, explican, la Huerta cuenta con agua de primera calidad y fría, como la que precisa el Fesol de Beseit.

«Es una alubia mantecosa y sabrosa»

La judía Blanca de Beceite fue una de las protagonistas de las XIII Jornadas Gastronómicas del IES Matarraña que finalizan hoy, con una charla que tuvo lugar el pasado martes en la Escuela de Hostelería del Instituto y que llevó a cabo el portillense Víctor Vidal, miembro de la Asociación de Productores de Agricultura Ecológica del Bajo Aragón y uno de los impulsores de su recuperación.

Durante la ponencia se llevó a cabo una cata de judías en las que se la comparó con otras variedades como la judía de la Bañeza de León y con varias marcas comerciales. La sorpresa de los alumnos fue mayúscula cuando descubrieron que la que más gustó a la mayoría fue la de Beceite. «Únicamente viudas, o con un poco de aceite de oliva virgen extra son excelentes, cosa que otras judías no pueden y deben estar acompañadas», explicó Víctor Vidal.
Entre las cualidades culinarias del Fesol de Beseit destaca, explicó Vidal, la textura mantecosa y no harinosa de la legumbre, así como la suavidad de su piel, que pasa totalmente desapercibida y que incluso la hace más digestiva que otro tipo de alubias, con unas cualidades organolépticas, añadió, de un producto de primera categoría.

Además de la genética de la judía, el estudio llega a la conclusión de que el tipo de suelo de Beceite, suelto, permeable y a los pies de una sierra caliza, junto con la composición del agua de los ríos Algás y Matarraña en su cabecera y -sobre todo- la baja temperatura que dichas aguas mantienen en verano, son decisivas para la calidad final, avalando así la teoría de los agricultores de Beceite. «Hemos plantado este tipo de alubia en La Portellada. Y aunque sigue quedando un producto de primera, no es igual que si se planta en Beceite», explica Vidal.

Otra de las conclusiones del estudio establece en 4,5 euros el precio de venta por kilogramo para hacer el cultivo rentable y competitivo en caso de volver a una producción considerable. «Creemos que es un buen precio», añadió Vidal.