LOS MIRADORES MÁS IMPONENTES DE ANDORRA – SIERRA DE ARCOS

La comarca Andorra-Sierra de Arcos atesora una red de miradores privilegiados sobre los variados paisajes del entorno gracias a su abrupta orografía y su localización entre las sierras ibéricas y el valle del Ebro. El viaje por los puntos de interés señalizados traslada al visitante de los amables y bucólicos paisajes agrarios del norte de la comarca a los agrestes, ásperos, rudos y retorcidos, pero bellísimos relieves en piedra del sur, pasando por los pequeños pero valiosos bosques de la zona central, sin olvidar los paisajes mineros.

Desde el pasado invierno, la comarca ha estado trabajado en la puesta en marcha de 17 miradores totalmente adecuados, accesibles y señalizados, aunque solo unos pocos son de nueva creación. La mayoría de ellos ya existían, pero el paso del tiempo se había traducido en desperfectos en los paneles señalizadores, las mesas de interpretación, los merenderos o el vallado. Las actuaciones han permitido renovar y mejorar en el equipamiento. Además, se han señalizado todos los miradores para facilitar su localización y mejorar la experiencia de los visitantes.

Algunos de los miradores están situados junto a la carretera, por lo que son accesibles para todo tipo de público. Otros, sin embargo, requieren botas de montaña para adentrarse a través de senderos. Estos últimos, supondrán un esfuerzo extra que sin duda valdrá la pena, no solo por la recompensa de las extraordinarias vistas, sino también porque el propio camino hasta ellos es toda una experiencia.

Mapa de localización de miradores en comarca Andorra - Sierra de Arcos./ L.C.
Mapa de localización de miradores en comarca Andorra – Sierra de Arcos./ L.C.

Miradores accesibles por carretera

Los miradores ubicados junto a la carretera son ideales para hacer una parada de descanso durante un viaje, aunque también pueden ser la excusa perfecta para disfrutar de un picnic con familia y amigos. Además, son una oportunidad para adentrarse en los cascos urbanos de las respectivas localidades y empaparse de su cultura e historia.

Desde el Mirador de Alloza, situado en la misma A-1416, se disfruta de una bonita y apacible vista del paisaje agrario de la Hoya de Alloza, repleta de olivos y almendros, y probablemente de los mejores atardeceres de la comarca. En la localidad se encuentra el yacimiento ibérico de El Castelillo, en cuyo centro de interpretación se explica la forma de vida de la época y la rica cultura de los íberos.

En Alacón se encuentra el único mirador adaptado para personas con movilidad reducida, el del Barranco del Mortero, junto a la TE-V-1101. Ofrece vistas a la cabecera del barranco que alberga pinturas rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad. Son curiosas de visitar las casi 500 bodegas excavadas en la roca que hay en el municipio. Además, del antiguo recinto amurallado se puede encontrar todavía uno de los arcos de acceso y un torreón medieval semiderruido conocido popularmente como “la Torre Vieja”.

Crivillén es el protagonista absoluto del Mirador de Santa Bárbara, junto a la ermita del mismo nombre, a la que se accede a través de la A-1416. Es uno de los rincones favoritos de los buitres, que habitualmente a primera hora de la mañana están calentándose al sol sobre el tejado de la ermita. Justo enfrente, al lado de las torres de comunicación se encuentra el Mirador de Pilatos, al que se llega pasando por las eras de Crivillén. Una parada muy interesante para descubrir un curioso dibujo en el suelo hecho con piedras planas de diferentes tamaños extraídas del entorno. La localidad presume de un magnífico Centro de Arte Contemporáneo dedicado a su hijo más ilustre, el gran escultor Pablo Serrano. Pueden visitarse exposiciones temporales dedicadas él o a artistas coetáneos.

Solo uno de los miradores se sitúa dentro de un casco urbano, el de Gargallo, marcando el inicio del sendero que conduce desde esta localidad hasta Crivillén siguiendo el valle del río Escuriza. En el municipio se puede visitar la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Piedad del siglo XVI, un templo barroco, construido en mampostería y sillería, que cuenta con tres naves; y el edificio de la Telefónica con decoración neoclásica de rodillos y dientes de sierra. Sin irse muy lejos, se puede llegar al Mirador de la venta de la Pintada, situado a unos metros por encima del hotel del mismo nombre, junto a la N-211. La pista de acceso no es adecuada para turismos, por lo que requiere un paseo de una media hora que merece la pena ante la mejor vista de la sierra de Majalinos.

Miradores en la Silent Route

63 kilómetros de calzada sinuosa unen las comarcas de Andorra-Sierra de Arcos y del Maestrazgo. Bautizada como ‘The Silent Route’, este recorrido por la A-1702 atraviesa los paisajes más indómitos de la provincia de Teruel. Desde esta carretera se llega al Mirador de Santa Ana, nada más pasar Ejulve. En solo unos metros se accede a la ermita donde hay, además, un merendero. Frente al visitante, la localidad se desparrama al sol por la ladera de la colina y a sus pies se desliza suavemente, entre campos de cereales y pequeñas huertas, el Guadalopillo en su curso alto.

Casi en el límite con la comarca vecina, sin irse de la A-1702, se sitúa el Mirador del Alto Maestrazgo, popularmente conocido como el mirador de la cabra. Es el lugar de parada obligatoria en la ‘Silent Route’ para hacerse un selfie con el logotipo de la ruta y contemplar el ‘Sky line’ del Alto Maestrazgo en todo su esplendor: un gigantesco retablo de montes, colinas, nubes, bosques y masadas que en las mañanas de invierno se completa con los campos de brumas que ascienden desde los valles. El gran incendio del 2009, que asoló un rico manto vegetal que ahora lucha por renacer, abrió una ventana extraordinaria para contemplar el territorio.

Continuando esta ruta, en el límite entre Ejulve y Villarluengo (ya en el Maestrazgo), hay varios miradores sensacionales cuyas vistas son difíciles de superar como el Mirador del Barranco de Cueva Muñoz, el de Cabezo Gordo y el de los Órganos de Montoro. Este último, con vistas extraordinarias de 360º se asienta en la parte más alta del Monumento Natural de los Órganos de Montoro. A los pies del turista se intuyen las agujas de los Órganos, y mucho más abajo empequeñecida por la altura, la ‘Silent Route’; justo enfrente Montoro y tras él, las verticales paredes calcáreas que dan paso a Valloré. Conforme uno se da la vuelta se topa con Villarluengo, la muela Mujer y los cañones del Guadalope.

Desde este mirador se avista otro, el de las masías de Ejulve. A él se accede a través de un desvío en la A-1072, a la altura del km. 20. Tras unos tres kilómetros y medio de pisa en buen estado, se toma un desvío a la derecha antes de llegar a la Masía de los Barancos. Desde aquí es aconsejable seguir a pie unos dos kilómetros, ya que es una pista solo apta para vehículos todoterreno.

Miradores en rutas senderistas

Aunque todos los miradores merecen una parada, son aquellos que están situados en los lugares más recónditos los que permitirán al visitante gozar de la más absoluta soledad. Para acceder a algunos de ellos es necesario seguir una ruta senderista, mientras que para otros, aunque se pueda atajar sobre ruedas, merece la pena la caminata.

El Mirador Sierra de Arcos se encuentra al final del sendero PR-TE-92. Tras una hora y media de ascenso muy llevadero se llega a un extraordinario balcón natural sobre el valle del río Martín y la depresión del Ebro. Desde allí se contempla la Sierra de Arcos, mucho más abrupta y salvaje en su vertiente norte. Las laderas casi verticales, repletas de pinos, separan al excursionista del valle del río unos cientos de metros más abajo. El valle se muestra como un gran puzzle en el que se entremezclan los campos de cereales, olivos, almendros, el bosque de ribera, los bosques de pinos y carrascas, el santuario de la Virgen de Arcos y, casi en la línea del horizonte, incluso se pueden distinguir los estrechos del río Martín, ya cerca de Albalate.

En Alloza se encuentra el Mirador del Carnicero, que ofrece unas vistas magníficas sobre la val de Ariño, val minera por excelencia que une Andorra con Ariño. Se accede al mismo a través de un camino de unos tres kilómetros que se toma a la derecha del cruce entre la A-1402 y la A-1416 justo antes de iniciar el descenso hacia Alloza. Entre el mirador y la Sierra de Arcos se suceden las minas tanto de interior como a cielo abierto: el pozo de San Juan, la Andorrana, la Oportuna, la Corta Barrabasa, la Corta Alloza, la Mina María, la Corta Santa María y la Mina Sierra de Arcos. Se recomienda la visita en las mañanas de invierno cuando es posible que la niebla cubra toda la val de la que solo sobresalen las cumbres de las colinas en cuesta que hay a la izquierda, los altos de la sierra de Arcos y la silueta de la Central Térmica de Andorra.

El Mirador del Moncoscol está en una pequeña elevación, a 890 metros sobre los valles del río Estercuel y el Escuriza, justo sobre el lugar en el que ambos se encuentran. Se puede llegar en vehículo desde el Monasterio del Olivar por una pista de unos cinco kilómetros, tomando el primer desvío a la derecha del camino que va a Obón. También se puede acceder caminado por un recorrido más corto, de unos 50 minutos, que se inicia desde la parte posterior del monasterio. La panorámica, más cautivadora incluso en otoño, distingue el cauce del Escuriza enmarcado por una continua línea de chopos abriéndose paso por uno de los mejores bosques de coníferas de la comarca. Al fondo se avista la Sierra de Arcos.

A medio camino del sendero PR-TE-93 que une Ejulve con Gargallo, se sitúa a 1.110 metros de altura el Mirador del Campillo. La ruta discurre por el borde de la paramera ejulvina, que se quiebra bruscamente hacia el oeste para dar paso al valle del río Escuriza. El magnifico bosque que cubre la pendiente va dejando paso a los campos de cultivo y a los pequeños huertos que van jalonando el río a medida que este se acerca  a la población. A la espalda del senderista, se vislumbra el imponente pico Majalinos, con sus 1.601 metros de altura. A este mirador también se puede acceder desde la A-1702, en el punto kilométrico 5,5 por un camino en buen estado que pasa junto al aeródromo del Campillo. Se recomienda la visita a finales de abril y primeros de mayo, cuando miles de gamones florecen sobre el páramo inundando de flores todos los rincones. También se puede escuchar el canto de la alondra ricotí, un ave en peligro de extinción que habita estas parameras.