La gran avenida de la noche del 13 de junio produjo un arrastre de sedimentos considerable y, sobre todo, de vegetación. Para analizar las consecuencias, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) sobrevoló 80 kilómetros de cauces de los ríos Cámaras y Aguasvivas en el Campo de Belchite, Ribera Baja y Bajo Martín. Con la precisión en imágenes y datos topográficos de los vuelos de dron, los técnicos comprobaron los movimientos producidos. «Una de las cosas que más nos sorprendió de esta crecida fue la cantidad de vegetación que arrastró», dijo Samuel Chopo, jefe del Área de Gestión Medioambiental de la CHE en una reciente visita a las obras, que también destacó la «anchura que llegó al alcanzar el río en tantos minutos, la altura en la zona de Vinaceite, y que el agua no pudiera laminar en kilómetros y llegase la onda casi hasta la misma desembocadura en el Ebro».
Las obras han comenzado después de que el dron ofreciera datos que a simple vista pasaron desapercibidos para establecer una estimación de coste. «Las afecciones son muy grandes, incluso superiores a las que esperábamos inicialmente», añadió. En zonas con acumulación de gravas no necesariamente se retirarán sino que se crearán espacios que permitan fluir el agua para evitar afecciones futuras. «El objetivo es que el cauce vuelva a conseguir equilibrio. El propio río con su dinámica habitual lo volvería a conseguir con el tiempo pero ayudamos que el proceso sea más rápido», apuntó.
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Si el mismo problema se presentara en la comunidad autónoma del País Vasco, Cataluña, Comunidad Foral de Navarra, La Rioja u otras, el problema, ya sería HISTORIA.
La HISTORIA se escribe con hechos y obras realizadas, no con eternas lamentaciones.