El Ayuntamiento de Samper de Calanda está poniendo a punto su parque de vivienda municipal con la reforma de una de las casas que antiguamente ocupaban los maestros que acudían a la localidad. Son dos en un mismo edificio ubicado junto al pabellón polideportivo.
La otra ya se reformó y está habitada, mientras que la que trabajan las máquinas estuvo ocupada hasta hace un tiempo. Con la salida del último inquilino y, antes de volver a ponerla en alquiler, se está sometiendo a una reforma integral en los interiores. La casa dispone de tres habitaciones en dos plantas y una pequeña terraza, y los nuevos ocupantes dispondrán de todo nuevo, incluida la cocina, que se está empezando a construir, y el baño, que ya se ha alicatado y colocado el plato de ducha. La reforma incluye la instalación de climatización y cambio de ventanas para garantizar una mayor eficiencia energética. Se está ocupando de los trabajos una empresa local.
El Ayuntamiento dispone de un total de cuatro viviendas y las cuatro están alquiladas. Sigue existiendo interés, ya que para la que está en proceso de reformas hay casi una decena de solicitudes. «No se entregan a la ligera, para optar a ellas, se confeccionaron unas bases con unos requisitos que hay que cumplir y puntuaciones», dice el alcalde, Alfonso Pérez.
El objetivo inicial de ofertar viviendas en alquiler social es que sirvan a los habitadores de transición a una estabilización a medio plazo, aunque algunas estancias se alargan. «Cada caso es único, pero los inquilinos son gente del pueblo o gente que ha venido a trabajar en la zona y tiene idea de que quedarse tiempo», añade el primer edil, que destaca la casuística de Samper con «muchísimas casas cerradas».
Un casco urbano de 2.500 personas
La proliferación de casas vacías no es una situación exclusiva de Samper, un pueblo que sí posee un casco urbano amplio en relación al número de habitantes actuales. «Somos un municipio con mucha vivienda vacía y abandonada, porque de casi 3.000 personas que hubo en su momento nos hemos quedado ahora con poco más de 730», apunta. «Cuando los mayores fallecen la casa se cierra y la familia la vende o la deja estar sin mantenimiento. Si se vende y no se ha hecho ese mantenimiento, al nuevo propietario le implica acometer una reforma integral, por lo que una inversión en una casa de pueblo es alta», reflexiona. Considera, no obstante, que con las viviendas municipales actuales para alquiler social, se cubre parte de la demanda, ya que no se contempla, al menos de momento, construir viviendas nuevas.