Samper de Calanda, a través de sus balsetes

FOTOGALERÍA. Los Amigos de los Balsetes son una agrupación de voluntarios que hace un tiempo comenzó a catalogar y a recuperar las balsas y pozos que plagan el monte samperino. Ya han trazado 8 rutas
Publicado por Beatriz Severino el 24 de junio de 2021

A lo largo y ancho del extenso término municipal de Samper de Calanda se reparten decenas de balsetes, pozas y mases a través de los que se puede conocer una parte importante de la historia de la localidad. Especialmente relevantes resultan para una población eminentemente agrícola y ganadera y por eso, un grupo de vecinos se ha propuesto devolverles su valor.

Con el único afán que el de recuperar este patrimonio etnográfico, hace unos meses comenzaron las labores de limpieza de varios de estos enclaves para que sean visitables por la gente interesada en ello. De esta iniciativa se han encargado Miguel Abós, José Ínsa, Ángel Cortés, Leocadio Marín y José Albaiceta y trabajan bajo el nombre de los Amigos de los balsetes aunque sin ser asociación constituida, al menos de momento.

En la actualidad hay unos 40 visitables aunque tienen un centenar de espacios de interés catalogados. De ellos, más de 60 son balsetes y el resto son pozos, balsas, fuentes o pilas. Ya se han trazado 8 rutas que se pueden recorrer pero el objetivo ahora es conseguir los medios y apoyos de administraciones o instituciones para lograr que sean rutas oficiales y constituyan un atractivo más en turismo con sus señaléticas. Los Amigos de los balsetes cuentan con el apoyo de Samper Pedalea y la colaboración de la Sociedad de Montes que incluso aportó maquinaria para la limpieza de algunos de ellos. El siguiente paso será realizar tracks descargables para que senderistas y ciclistas puedan hacer las rutas sobre plano.
Hace unos días realizaron una excursión guiada con una veintena de vecinos para visitar algunos de ellos y el recibimiento por parte de los participantes fue «muy positivo».

Y es que este patrimonio resulta desconocido precisamente para los mismos locales. De hecho, esta inquietud que nació del seno social, viene de lejos. Hace cuatro décadas, cuando se jubiló, Miguel Abós comenzó a salir con la bicicleta y a conocer más el monte de Samper de la mano de un amigo. «Mi padre era ferroviario, por lo que yo no conocía los montes como otras personas que vienen de la agricultura. Me gusta mucho la naturaleza y fui conociendo más y más del entorno de mi pueblo preguntando a los que más lo conocen como son los agricultores», dijo. Fue antes de la pandemia cuando se empezó a movilizar al personal en la recuperación del mayor número de ellos que ahora vuelven a cumplir la misión por la que se construyeron: almacenar agua.

Homenaje a los antepasados y hallazgos curiosos

Antaño, cuando los agricultores salían al campo podían pasar semanas o incluso meses en el monte. «Se construyeron mases para ellos y también para el descanso de las bestias. Los hombres excavaron balsetes cerca para almacenar el agua de lluvia para consumo», explicó Abós. «En esos tiempos no había si quiera agua corriente en las casas, y en el monte había que agudizar más el ingenio para almacenarla lo más cerca posible», añadió. El agua no llegó a las viviendas hasta pasados los años 50 del pasado siglo.

La colaboración ciudadana también es importante para seguir ya que en las tareas de desbroces, los voluntarios se van encontrando con datos interesantes. Uno de ellos está en el límite del término de Samper con el de Alcañiz. «Los mojones de separación tienen tallada la caña en la parte alcañizana y la fecha 1859 y es muy curioso», comentó Abós. Junto a Escatrón, ya en el término de la localidad zaragozana, hay «unas veinte tumbas excavadas en roca y muy erosionadas en la zona de «La Pica»».

No lejos de allí, hay otro «punto curioso», uno en el que confluyen los términos de Samper, Alcañiz, Caspe y Escatrón y en el centro se observa un círculo divido en cuatro partes con cuatro dibujos alusivos a cada pueblo. «Algunos apenas se aprecian pero otros, perfectamente. La leyenda dice que ahí se reunían los cuatro alcaldes cada uno en su parte de círculo para debatir y poner en común los problemas y que siempre terminaban almorzando de una cazuela colocada en el centro», añadió sonriendo. «Toda aportación sobre cualquiera de estas cuestiones es bien recibida», concluyó Abós.

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