Segundo Bordonaba: «Tenemos que preservar nuestro ADN sonoro»

Una vez se constituyan los nuevos Ayuntamientos, Bordonaba dejará la presidencia de la Ruta tras diez años
Publicado por Beatriz Severino el 4 de mayo de 2019

Una vez se constituyan los nuevos Ayuntamientos, Bordonaba dejará la presidencia de la Ruta tras diez años

¿Cómo te sientes en este momento en el que tu marcha ya es oficial?
Con sentimientos contradictorios, porque por un lado siento cierta pena pero por otro, espero sentir una especie de liberación cuando se haga efectivo porque al final han pasado 10 años. Todo son ciclos y cuando pasa una etapa y haces lo que puedes y sabes -y también te dejan hacer-, debe pasar gente e ideas nuevas. No va a haber un paso atrás por mi parte. Nadie nace sabiendo y hay cantidad de vocales muy válidos, tanto hombres como mujeres, que sería muy interesante que entrase una mujer.

¿Alguna espina clavada?
Ha sido todo positivo pero en tanto tiempo siempre hay. Han sido diez años de muchas luces y de alguna nube. De hecho, alguna muy reciente. Siempre he trabajado para todos porque en el momento que entré me he sentido de cada pueblo. He hecho ese ejercicio para identificarme con cada uno y tratar de intercomunicarnos mejor entre todos. He tratado de ser respetuoso con todos los grupos políticos, pueblos e ideales y lo único que he exigido a cambio es el mismo respeto para la Ruta y lo que representa que son los nueve pueblos.

¿Qué retos se le pueden plantear a la nueva junta?
Aunque pueda parecer que con la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco se ha tocado techo, no es así. Se ha trabajado muy intenso en estos 10 años para conseguirlo y se ha obtenido una recompensa que a partir de ahora hay que cuidar. Y creo que mantenerse es más complicado que conseguirlo.

¿Qué impresiones intercambiaron con la representante de la Unesco en las Jornadas en Andorra que acudió para recoger el Redoble?
Me dijo que agradecía que tuviésemos tan claro que había que trabajar para preservar la tradición por la que nos habían dado esta protección. Si te paras bien a pensar se nos pone al nivel del flamenco o de los fados portugueses a nosotros que somos un núcleo rural de unos pequeños pueblos de Aragón... A mí me temblaban las piernas cuando llegó el reconocimiento. Es muy importante y por eso insisto.

¿A qué nos referimos con preservar?
Para mí, preservar la tradición de la Ruta es vivirla tal como es, -con las posibles modificaciones que pueda haber a futuro claro está-, centrada en el ADN tanto visual con nuestros tres colores, como sonoro. Este nos identifica en cualquier parte y me preocupa que se cuide. Creo que si en momentos de la Historia nosotros hemos exportado toques a otras regiones, ahora debemos saber qué tocamos y no importar cosas que no sabemos ni por qué.

¿Existe alguna manera de hacerlo?
A lo mejor deberíamos haber trabajado más en este aspecto y en ese sentido, asumo parte de culpa. Se intentó hacer un «copyright» de las marchas porque no tengo duda de que, sobre todo gente joven, desconoce las que pudiera haber antaño en cada localidad. Hay pueblos que las tienen y que las mantienen muy bien pero no es la mayoría y no deberíamos acostumbrarnos a hacer repertorios nuevos y mezclas dejando de lado lo nuestro.

¿En qué se nota el trabajo de promoción? Los vecinos que vuelven son los mejores embajadores aunque eso quiere decir que no viven en los pueblos de forma continuada.
El hecho de que la gente que es natural de aquí venga y se reivindique ya es importante y es la mejor embajada. Los reconocimientos han ayudado mucho, los medios de comunicación, las redes sociales... todo. Pero nos encontramos con el problema de siempre que es la escasez de plazas hoteleras y, sobre todo, la despoblación. Cuando pienso en la Ruta a 40 ó 50 años esto es lo que más nos puede afectar de forma negativa. Antaño abarcábamos a 45.000 personas y ahora, poco más de 30.000. ¿Dentro de 50 años? El núcleo de la tradición, lo que genera la riqueza cultural y turística en la Ruta, es la gente y en el momento que falla, todo se puede tambalear. Y también hay cosas que no pueden ser. Como dije en mi intervención en las Jornadas de Convivencia, en diciembre de 2017 mataron a tres vecinos nuestros en Andorra y a día de hoy no hay ni una sola respuesta por parte de quienes las tienen que dar. La gente quiere vivir en los pueblos y se esfuerza mucho por darles vida. Este año por ejemplo, Híjar y Calanda estrenan centro de interpretación y a La Puebla vuelve el Tren del Tambor. Son iniciativas que ayudan a engrandecer al pueblo y, por lo tanto, a la Ruta. Todo ayuda pero sin gente, tenemos un problema muy importante.

Ser Ruta, estar todos juntos, ¿ha ayudado a este dinamismo?
Sí, somos 9 pueblos y 3 comarcas pero un único sentimiento y una forma de vivir en colectivo la tradición y eso no hay que perderlo aunque cada uno tenga sus matices. Baso la grandeza de nuestra tradición en que en un pueblo de 3.000 habitantes, uno de 16.000 y en otro de 400, el fondo de la tradición es el mismo: tocar el tambor. Todos los pueblos son iguales. A veces me hago eco de las palabras del pregón de Alicia Gómez Montano (exdirectora de Informe Semanal) que dijo que lo importante en la Ruta no es tocar bien el tambor, sino tocar juntos y cuanto más rato mejor.

¿Se tiene ese sentimiento de pertenencia?
La gente defiende este colectivo y por eso la Ruta ha tirado para adelante. Creo que, aunque haya diferencias y matices, la clave es defender el concepto de territorio que es la Ruta más que el concepto urbano de cada pueblo.

¿Y la gente que viene a visitarnos tiene más claro qué es? Se han hecho esfuerzos en esto, como por ejemplo, la sede museo.
Todo cuenta, desde los medios de comunicación, hasta la app que te avisa de los actos, y el museo. Tenemos la suerte de que en 50 kilómetros tenemos muchos actos a los que ir en un mismo día. En nuestro caso, la distancia no es un inconveniente para conocer más y mejor la Ruta del Tambor.

La burocracia nunca se lo ha puesto fácil a la Ruta. El Museo tardó, la declaración de Fiesta Internacional y la Unesco, también se demoraron.
No, no lo pone fácil aunque seas una asociación sin ánimo de lucro. Creo que lo que sucedió, entre otros inconvenientes, es que no resultó fácil acreditar ante organismos internacionales que somos 9 pueblos diferentes pero con el mismo sentimiento y tradición: tocar el tambor. En cuanto al museo, se hizo con FITE y eso lleva unos plazos y yo pensaba que no llegábamos pero se llegó. A mí me supuso unos meses agobiantes porque no soy político y no estoy acostumbrado a manejar estos tiempos (ríe).

¿Con qué te quedas de estos años?
Con las vivencias y las relaciones personales. Te da la oportunidad de conocer a mucha buena gente en los pueblos y en otros ámbitos e intensificar las amistades que ya tenías porque el tambor por sí mismo te conecta con gente maravillosa. El sábado por ejemplo, se presentó la réplica en gigante de José Alejos «Pepinero» y me penó no poder estar porque es una de las personas a las que me refiero. Yo me quedo con el lado humano de las cosas.

¿A qué te vas a dedicar?
A cosas cotidianas de prejubilado y, como he hecho toda la vida, ¡a tocar el tambor! (ríe)