Solakinta: «Hago música para compartir y gozarlo juntos»

EncontrARTE. El bajoaragonés Nacho Pardo combina el circo contemporáneo por Europa con la música, donde ve su futuro y trabaja preparando shows y un EP
Publicado por Beatriz Severino el 2 de abril de 2024

Alcañiz ya sabe cómo se mueve y suena Solakinta en un escenario. En el Gumma Fest lo dio todo y pronto volverá a hacerlo. Y él no puede estar más feliz, porque Nacho Pardo -la persona detrás de este nombre- es un alma libre y como tal se mueve por el mundo. Pero necesita a su gente, su familia y «el solecito». Vuelve siempre que puede a su casa, a «una tierra llena de tesoros artísticos, paisajísticos y gastronómicos». «Tenemos oro», dice. Si hay que ubicar una base sería Bélgica, que es donde nació Soif Totale, la compañía de circo contemporáneo que fundaron entre casi una veintena de jóvenes al terminar los estudios.

Nacho se formó allí en este arte que ya le tiraba desde pequeño en casa. «Tengo dos tíos que hacían circo y con 8 años me llevaron un verano a su escuela, la Rogelio Rivel. Se me abrió el mundo y solo sabía que yo quería hacer eso», dice. Hizo Bachillerato de Artes en Alcañiz y, aunque le gustaba, no terminaba de cuajar. «Lo mejor que me pasó fue repetir curso porque ordené las ideas», dice. Al acabar se propuso hacer lo que tan claro vio con 8 años. Pasó las pruebas de acceso a la misma escuela Rivel y de ahí pasó a París, donde hizo dos años de la escuela nacional. Francia, junto a Suecia y Bélgica, además de Canadá, es de los pocos lugares que ofrecen carrera universitaria en artes escénicas. Su siguiente destino fue Bruselas, donde trabajaba dúo mano a mano -que consiste en portes acrobáticos con otra persona en los que él es la base-.

Son estudios exigentes, y si a las 8.00 comienza la clase, una hora antes ya hay que empezar con las flexiones para calentar. Incluyen matemáticas o anatomía, todo asignaturas aplicadas. «Trabajes o no hay que estar preparado siempre», apunta. «Si hay pasión en lo que haces y te hace feliz, no hay horas. En el circo no se ficha», dice. Al tercer año de entrenar y entrenar, su cuerpo se paró. «Se me partió la espalda y ahí, antes de los 30, terminó mi carrera y empecé otra», cuenta. Se metió de lleno en la música retomando lo que ya había empezado en su estancia en París. «Me recuperé hasta poder bailar, ya no forcé más», sonríe. «Pasó así y ya. La música me divierte, me encanta, me hace feliz», añade.

Ahora combina sus canciones con el circo de Soif Totale que fundaron entre varios compañeros de estudios. Él se encarga de la música, que compone y ejecuta en directo para seguir en contacto con el escenario. Son 14 nacionalidades, por lo que todo se decide por unanimidad. «La democracia no funciona en general, pero en la compañía menos porque todo el mundo tiene que trabajar a gusto, no por lo que diga la mayoría», apunta. Reparten sus actuaciones entre diferentes países -solo hay que echar un vistazo a su Instagram- y para el próximo año ya tienen Latinoamérica en previsión. También entre shows de calle y de sala. De cómo está el sistema montado da para otro capítulo. «Hay clasismo por todas partes, pero el mundo de la música es peor», ríe y no oculta su orgullo por ser capaz de ir sacando su música de una manera independiente.


Entre compromiso y compromiso, si puede se escapa a Alcañiz. Ahora con la preparación de un EP, un álbum de cinco canciones. En Youtube e Instagram como Solakinta tiene varios temas con unos videoclips cuidados al extremo. Muchos paisajes bajoaragoneses y amigos. El jueves se cumplirá un año desde el lanzamiento de su primer tema. «A mí me gusta el escenario y el público, y por eso quise sacar mi música, para compartir y gozarlo juntos. El arte mueve montañas y es lo más maravilloso del mundo», dice. «¿Mis amigos? Haría música solo para ellos porque me siguen a todo, están locos», ríe.

Sus raíces están entre Alcañiz y Valdealgorfa, y mientras, va dando forma a su sueño de construirse en el Bajo Aragón un espacio que sirva de refugio para los artistas del territorio para que acudan a crear, a organizar talleres o a lo que necesiten. «Tengo la suerte de que tengo a mi familia aquí y que me apoya, eso es el 50% de todo el camino», dice. «Ojalá que todo el mundo que se plantee salir, lo haga y dé el paso y que su gente les apoye, es cuestión de felicidad», reflexiona.