Tres nuevas integrantes completan el legado y la tradición de la familia Vidal-Asensio en torno a la Semana Santa de Alcorisa. Vega, Lía y Aria todavía no saben caminar, pero ya tienen sus túnicas moradas y el cíngulo verde de la cofradía La Oración en el Huerto, a la cual abuelos, madres, padres e hijos pertenecen desde su creación. «Las pequeñas estrenarán este año túnicas dejadas, algo que ocurre en muchas familias. Vas pasándolas, igual que los tambores, de generación en generación. Y eso es lo bonito de esta tradición», afirma su abuelo Pascual Vidal, encargado de contar la historia familiar.
El alcorisano está casado con Silvia Asensio, a quien Luicidio Gracia, su tío, le enseñó el amor por el tambor. «Venimos de una saga familiar muy vinculada a la Semana Santa en gran parte gracias a él, que siempre tiró del carro», afirma Vidal.
Cuando se realizó este reportaje-el viernes 28 de marzo-Pascual y Silvia cumplían 38 años de casados y su casa se llenaba de tambores, bombos y el resto de familiares que confirmaban ese legado. Sus tres hijos, José, Marina y Olga, empezaron a vivirlo desde pequeños; y ahora tanto ellos como sus parejas, Silvia, Alejandro y Aarón, lo transmiten a los suyos: Lucas y Julen, que ya tocan el tambor, y las tres pequeñas, quienes seguro no tardan demasiado en dar sus primeros toques.
A excepción de Alejandro, que pertenece a La Verónica, todos ellos viven su Semana Santa ligada a la cofradía La Oración en el Huerto, con la que colaboraron desde el día uno. «Primero éramos todos del Nazareno, hasta que se decidió crear otra para sacar un Santo más. Era necesario porque las pocas cofradías que existían estaban masificadas, y así se podía diversificar el número de cofrades. El primer año nuestras hijas eran pequeñas y salieron en la procesión sin tocar, solo llevando los cordones del estandarte. Lo importante 'era hacer bulto'», recuerdan entre risas Asensio y Vidal.
Ahora, años después, sus hijos tienen una gran implicación en la misma. Marina es la presidenta de la cofradía, que acumula ya más de 140 integrantes, mientras que José es el encargado de los costaleros. Empezó a participar con su cuñado Aarón y su padre Pascual, quien también dejó el tambor para salir llevando pasos, y se emociona cada Semana Santa recordando a los que ya no están. «Cuando terminamos siempre cojo los centros de los ramos para dedicárselos a quienes comparten su vida contigo. Son momentos muy emotivos», cuenta Vidal.
De su juventud, además de la propia Semana Santa, el matrimonio Vidal-Asensio recuerda sobre todo los concursos de tambores a los que asistían fuera de Alcorisa. Silvia no se olvida de sus participaciones en Híjar, y Pascual tampoco borra de su mente el momento en el que tocó en plena plaza del Pilar de Zaragoza durante el concurso de tambores y bombos. Tenían 14 y 16 años, y pese a no estar juntos aún, ya se conocían y, sobre todo, ya compartían esa pasión por esta tradición.
Haberse convertido en abuelos, y haber tenido tres nietas más este último año, es algo que les hace vivir la Semana Santa desde «otra perspectiva totalmente diferente». «La vida en general cambia por completo cuando tienes nietos», reconoce Vidal. Aunque lo más importante siempre se mantiene: «vivirla entre familia y amigos, siempre juntos». En su rutina, además de los actos, no faltan los vermús varios con la cofradía entera, así como comidas familiares. «Mi hermana vive en Madrid y no hay año en el que no venga a Alcorisa», añade orgullosa Silvia.
Es por ello que cuando se les pregunta a ambos por cómo definirían estos días con palabras, directamente invitan a vivirlos. «Una de las cosas más bonitas que tiene la Semana Santa es que la mayor parte de la gente que nos visita, repite. Podrán ir a un pueblo un año, otro a otro…pero siempre vuelven. Para la gente que participamos es emocionante. Aún te motiva más para decir 'venga, pues otro año más'. Es algo que nos llena», concluye Vidal.