Tuyo es el mañana

Publicado por La COMARCA el 2 de mayo de 2019
  • Autor: Pablo Martín Sánchez
  • Editorial: Acantilado
  • Páginas: 217

Hoy vas a nacer. No deberías, pero lo vas a hacer. No deberías porque el infierno está ahí fuera. Hay manifestaciones día sí y día también. La gente habla de elecciones. De atentados. De amnistías. (…) Hoy vas a nacer. No deberías, pero lo vas a hacer”.

Estamos en el día 18 de marzo de 1977 -época de convulsa transición-, y en la medianoche de ese día la suerte de un bebé que se desliza por el cuello del útero de su madre quedará ligada a las vidas de seis individuos.

Así se inicia la segunda novela del autor catalán Pablo Martín Sánchez, que tras el éxito de “El anarquista que se llamaba como yo” (obra donde el azar quiso que, tras buscar en Google las entradas de su nombre, el autor diera con un anarquista homónimo que murió a garrote vil en la dictadura de Primo de Rivera), vuelve a contactar con sus ansiosos lectores en un viaje “político, social y musical” al año 1977, cuando el propio Pablo Martín nació y en que los azares de la vida tienen su peso. Todo sucede, pues, en ese 18 de marzo. Y todo sucede alrededor de seis personajes, que en realidad son los seis narradores (una niña que sufre acoso escolar, un profesor y activista político, una estudiante universitaria, un perro de carreras, un empresario desaprensivo y su esposa); seis personajes anónimos, cada uno con sus particularidades y con su bagaje musical de la época, que deambulan por la novela en esa jornada de un año que el autor califica como: “el más violento de la Transición”.

El dibujo de la trama, alrededor de una acción terrorista, del maltrato animal y del siniestro mercado de la venta de bebés, va aflorando gradualmente, a medida que se anudan los hilos narrativos mediante la suma de voces. La inventiva de la armazón y el sentido del humor se combinan maravillosamente con el buen hacer de la prosa y el perfilado retrato de los seis hablantes. “Tuyo es el mañana” es la obra de un hábil demiurgo que recrea la imbricada trama de azares de que está hecha la vida y nos descubre un magnífico jardín de senderos que convergen.

Quizá no ofrece una reflexión penetrante sobre la Transición -ni creo que lo pretenda-, pero acierta a ser una novela no solo ingeniosa sino también inteligente, que, quizás, nos recuerde un mucho al gran Georges Perec, y un poco a Julio Cortázar.