Verónica Casado: «Blindar la atención primaria es fundamental para el futuro de la sanidad rural»

La médica reconocida como la mejor del mundo comparte su visión sobre los desafíos y oportunidades de la atención sanitaria en Teruel, enfocándose en la redistribución de recursos, el uso de la tecnología y la importancia de fidelizar a los profesionales jóvenes
Publicado por Aarón Ferrando el 6 de octubre de 2024

Verónica Casado (Francia, 1959) fue reconocida hace seis años por la World Organization of Family Doctors (WONCA World) como la mejor médico de familia del mundo. Se licenció en Medicina y Cirugía en 1982. En 1985, obtuvo el título de Médico puericultor y, un año más tarde, la especialidad en Medicina familiar y comunitaria. En 1987, se doctoró en Medicina y Cirugía y se diplomó en Sanidad. En 2009, logró el título de Diplomada en ecografía abdominal. 1989, comenzó a ejercer como médico de familia de atención primaria en el Centro Universitario de Salud Parquesol de Valladolid. Entre los años 1990 y 1997, realizó labores de gestión sanitaria, siendo directora médico, gerente de Atención Primaria y subdirectora de Planificación sanitaria del Ministerio de Sanidad. Además, entre 1994 y 2004, fue una integrante activa de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). Desde julio de 2019 hasta diciembre de 2021, fue la titular de la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León. La trayectoria de Casado también abarca la docencia, la investigación, la edición de libros especializados y la colaboración internacional.

«España tiene uno de los mejores sistemas de atención primaria del mundo», afirma con una pasión que revela su profundo compromiso. A lo largo de su entrevista para Radio La Comarca, no duda en recalcar que el problema de fondo no es la falta de calidad, sino de planificación. «Lo que no se hizo en su momento nos está costando ahora», confiesa al recordar que ya en 2007 se preveía el déficit de especialistas que hoy afecta a todo el país. «No se tomaron decisiones, y ahora pagamos el precio», añade.

La conversación se torna aún más reveladora cuando Casado aborda la situación en Aragón y en particular en Teruel. «La dispersión geográfica y el envejecimiento son retos comunes a muchas zonas rurales», señala, subrayando la necesidad de adaptar los recursos a las características particulares de cada región.

La clave está en la redistribución

Para Casado, el mapa sanitario actual no responde a la realidad actual. «Necesitamos actualizarlo. No podemos seguir con un esquema de hace treinta años», aduce. La idea es clara: reforzar las zonas rurales con menos cobertura y redistribuir a los profesionales. En este contexto, menciona la importancia de contar con centros intermedios que funcionen como consultorios y centros de salud que podrían acercar la atención a los pacientes, apoyándose en la digitalización y las historias clínicas informatizadas. En su visión, es fundamental que la atención primaria sea el pilar que sostenga al resto del sistema. «Si la atención primaria funciona bien, la secundaria y la terciaria mejoran», concluye.

La tecnología como salvavidas

Uno de los aspectos que Casado destaca con especial entusiasmo es el uso de la tecnología para mejorar la atención sanitaria en zonas despobladas. «La telepresencia puede ser una revolución», asegura, refiriéndose a la capacidad de explorar a un paciente a distancia mediante herramientas tecnológicas que ya están al alcance de la mano. «No es solo hacer una videollamada. Se trata de poder auscultar, ver la garganta, escuchar los pulmones del paciente sin necesidad de que se desplace», explica.

La digitalización no solo ayudaría a los pacientes, sino que también permitiría a los profesionales optimizar su tiempo y evitar largos desplazamientos por caminos que, en muchas ocasiones, no están en las mejores condiciones. «Es clave que la tecnología llegue a todos los rincones», sentencia Casado, convencida de que la implementación de estas herramientas es un paso imprescindible para garantizar una atención de calidad en zonas rurales.

Fidelizar a los jóvenes profesionales: el mayor reto

Para que todo esto funcione, Casado reconoce que uno de los grandes desafíos es conseguir que los profesionales quieran quedarse en zonas como Teruel. «Hay estudios que demuestran que cuando un médico de familia se mantiene en su puesto durante más de quince años, la mortalidad de la población disminuye en un 26%», dice.

¿Cómo lograr que los médicos jóvenes elijan trabajar en zonas rurales? Casado tiene clara la respuesta: «No puedes amar lo que no conoces». Por eso, apuesta por una mayor exposición de los estudiantes de medicina a entornos rurales, convencida de que muchos de ellos se enamorarían de este tipo de atención si tuvieran la oportunidad de conocerla. Pero no solo basta con eso; también habla de incentivos fiscales y salariales, siguiendo el modelo de Canadá, donde los médicos que trabajan en zonas de difícil acceso ganan más. «Necesitamos hacer atractiva la medicina rural y, para eso, hay que ofrecer algo más que vocación», ultima.

La visión de Verónica Casado es clara y contundente: sin una reforma estructural y un compromiso real por parte de las instituciones, la atención sanitaria en las zonas rurales seguirá en declive. «Sabemos lo que pasa, es hora de empezar a actuar, y lo más importante es que no se haga una política con la sanidad, sino política sanitaria con mayúsculas», finaliza.

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