Yaiza Perera: «Seguimos encontrando titulares sensacionalistas que ponen en riesgo a personas vulnerables»

ENTREVISTA. La periodista de El Mundo y coordinadora del proyecto 'Once vidas' reflexiona sobre cómo pueden los periodistas informar del suicidio de forma responsable
Publicado por Natalia Covarrubias el 28 de agosto de 2025

Yaiza Perales es periodista de El Mundo y coordinadora del proyecto 'Once vidas', una iniciativa que desde hace tres años trabaja para romper el silencio en torno al suicidio y fomentar un periodismo sensible y responsable. En su intervención en el VII Curso de Periodismo de Alcañiz, hablará sobre la importancia de abordar la salud mental desde los medios de comunicación, el papel que juegan los profesionales a la hora de prevenir el suicidio y los retos que plantea informar sin caer en el sensacionalismo.

¿Tienes ganas de hablar de periodismo, psicología y salud mental en el VII Curso de Periodismo de Alcañiz?

La verdad es que me apetece muchísimo. Me parece una oportunidad enorme para poder enriquecernos mutuamente, para compartir experiencias, vivencias, reflexiones, y también para hacer algo que yo creo que es muy importante: avanzar en la formación. La prevención del suicidio es una asignatura pendiente que  los periodistas aún tenemos.

¿En qué consiste el proyecto 'Once vidas'?

Queremos demostrar que podemos hablar del suicidio de otra manera, y que es importantísimo que los periodistas nos impliquemos de manera sensible y responsable. El suicidio es un problema de primera magnitud que hasta ahora teníamos desatendido. Una vez al mes, publicamos un reportaje en el que abordamos en profundidad el suicidio desde diferentes ángulos. Se publica el día 11 en recuerdo a las 11 personas que mueren por suicidio cada día en España. Buscamos determinantes sociales que influyen en el suicidio y que, lejos de lo que se puede pensar, no solo está relacionado con problemas de salud mental. Nuestra intención es ofrecer ayuda, esperanza, darle voz a supervivientes porque son ellos los que nos pueden orientar a hacer un buen tratamiento informativo y a concienciar a la sociedad.

Está demostrado que hablar del suicidio provoca un efecto contagioso, ¿Es por eso un tema difícil de abordar?

Informar del suicidio de una manera inadecuada provoca un efecto de imitación en personas vulnerables. Se produce cuando tratamos los casos de manera sensacionalista y hablamos del método, el lugar, no ofrecemos recursos de ayuda… Cuando contamos un caso de suicidio normalmente es porque es de interés público, porque ha muerto una celebridad, porque hay un problema social confirmado o tiene consecuencias públicas. En estos casos está legitimado, pero no podemos hacerlo de cualquier manera, tiene que ser de forma responsable. Es nuestra obligación recordar que el suicidio es prevenible y evitable, que no responde a una sola causa. Hay que añadir recursos como el 112 en caso de riesgo eminente o  el 024 en caso de necesitar ayuda emocional. Si cumplimos esas pautas, minimizamos el riesgo de que nuestra información sobre un caso concreto de muerte por suicidio provoque un efecto de imitación.

¿Estamos haciendo las cosas bien los periodistas?

Estamos aprendiendo a hacer las cosas mejor. En los últimos años, sí que hemos avanzado al periodismo preventivo. Elaboramos más reportajes sobre prevención con la voz de los expertos. La sociedad en su conjunto tiene que implicarse. Poco a poco le damos más voz a los supervivientes para que las personas vulnerables vean más allá de la muerte como la única solución al sufrimiento extremo. Publicar sus testimonios es lo que realmente salva vidas y cada vez hay más investigaciones que lo constatan.  Aun así seguimos publicando informaciones de riesgo, hay titulares simplistas que ponen en riesgo a las personas vulnerables. Tenemos una responsabilidad máxima.

También son muchos los vídeos que se encuentran en redes sociales, publicados por cuentas personales, en los que se ve a gente tomando esta decisión, perdiendo la vida. ¿Puede esto acentuar el suicidio en edades más jóvenes?

El riesgo se multiplica por mil en las redes sociales. Muchos adolescentes acuden con frecuencia a buscar validación, sensación de pertenencia, a aliviar ese dolor. Tenemos que ser capaces de crear entornos seguros a nuestro alrededor. El entorno educativo puede detectar y arropar a esa persona y darle la mano para que obtenga, si lo necesita, ayuda más especializada. Que haya tantas personas que acudan a las redes sociales para mostrar su dolor  nos tiene que hacer reflexionar. Tenemos que aprender a detectar esas señales de alarma y a no tener miedo a preguntar, porque este es un mito que está todavía bastante interiorizado, que hablar de suicidio provoca el efecto de invitación. Hablar alivia, reduce esa intensidad emocional y te hace sentir que tienes permiso para expresar algo que te está dañando tanto.

¿Cómo podemos identificar en una persona cercana a nosotros que puede estar teniendo pensamientos suicidas?

Una de las principales señales son los cambios de comportamiento repentino. Cuando vemos que una persona se empieza a aislar, se encierra en sí misma. Muchas veces cuando parece que está mejorando tenemos que estar alerta porque esa persona ya ha decidido quitarse la vida. Nos puede llevar a confusión y hay que tenerlo muy presente. También existen las conductas de cierre, los adolescentes cierran sus cuentas en redes sociales, los adultos entregan sus bienes y resuelven cuestiones pendientes. Hay manifestaciones verbales de “no puedo más”, “estoy agotado”, “no sirvo para nada”, “vais a estar mejor sin mí”. Todo ese tipo de expresiones nos tienen que llevar a pensar que esa persona está sufriendo y está sumida en la desesperanza, que es lo que puede poner más en riesgo a una persona. Hay que estar muy pendiente de cuando es así. Nunca invalidar, nunca pensar que son llamadas de atención y preguntarles, escucharles y acompañarles a buscar ayuda especializada si la necesitan.