Zapater y Blasco, dos mujeres rurales que decidieron abrir camino para otras bajoaragonesas

TESTIMONIOS. El territorio pone el foco en el Día Internacional de las Mujeres Rurales para visibilizar las problemáticas añadidas a las que se enfrentan muchas emprendedoras
Publicado por La COMARCA el 16 de octubre de 2024

Este martes se conmemoró el Día Internacional de las Mujeres Rurales. En el Bajo Aragón Histórico son muchas las bajoaragonesas que decidieron apostar por emprender actividades laborales o diferentes iniciativas que hasta hace pocos años estaban tradicionalmente asociadas o reservadas al mundo masculino. Es el caso de la valderrobrense Rocío Zapater, la única árbitra del territorio que comenzó su carrera en 2002 en Calanda. Otra historia es la de Silvia Blasco, una zaragozana que ejerce de pastora en Caspe.

Rocío Zapater, pionera en un mundo masculino

Rocío Zapater es un ejemplo claro de esa fuerza silenciosa que las mujeres rurales han desplegado para abrirse camino en terrenos tradicionalmente masculinos. Zapater, la única árbitra del Bajo Aragón Histórico, comenzó su carrera en 2002 en un juvenil de Calanda. «El primer partido que arbitré fue en un equipo de chicos de quince o dieciséis años, y claro, para ellos era toda una sorpresa que una chica estuviera pitando el partido», cuenta Zapater, con una sonrisa que delata los muchos obstáculos que ha tenido que superar.

Zapater, en el campo del Valderrobres, tras una jornada de clases como técnica deportiva con la Comarca del Matarraña. Posa con la camiseta de árbitra y con la de jugadora que viste en las filas del fútbol 7 de su pueblo porque, como dice, «empecé tarde y me retiraré tarde»./ B. Severino

En aquel entonces, ver a una mujer arbitrando en el Bajo Aragón era una rareza. El fútbol, tanto a nivel de jugadores como de árbitros, era un mundo masculino. Sin embargo, Zapater fue abriendo el camino poco a poco. En la actualidad, el fútbol femenino ha ganado espacio, pero ella sigue siendo una pionera. Su trayectoria ha sido reconocida en el calendario ‘Pioneras’ de la Diputación Provincial de Teruel, un honor que, según confiesa, la hace sentir orgullosa. «Al principio pensé que había muchas mujeres que habían hecho cosas más importantes que yo, pero que pensaran en mí fue un gran honor»​, comenta.

Hoy, Zapater no solo arbitra, sino que también ha sido jugadora y entrenadora. «He tocado todas las facetas del fútbol», dice con entusiasmo. Aunque ya no arbitra todos los fines de semana, sigue colaborando como delegada de árbitros en la comarca y, cuando puede, vuelve a los campos a hacer lo que más le gusta. «Es un espejo para las niñas que quieren hacer lo que les apasiona, estén donde estén»​, aduce.

Silvia Blasco, la pastora que encontró su hogar en el campo

Otra historia de esfuerzo y dedicación es la de Silvia Blasco, una pastora que, contra todo pronóstico, encontró en Caspe su lugar en el mundo. Nacida en Zaragoza y sin ningún vínculo previo con la ganadería, Blasco se adentró en este oficio al casarse con un pastor. «Al principio solo le ayudaba, pero poco a poco fui aprendiendo, hasta que hoy puedo llevar las ovejas yo sola», explica. A pesar de que nunca pensó en dedicarse al pastoreo, reconoce que el contacto con los animales la ha enamorado. «Lo que más me gusta es cuidar de los corderos, ver cómo nacen y ayudarlos en sus primeros días de vida», explica.

La caspolina Silvia Blasco en su explotación ganadera./ L.C.

El pastoreo, no obstante, es un trabajo exigente y, para las mujeres, a menudo más duro. Blasco admite que la conciliación familiar en este sector es prácticamente imposible si no se cuenta con el apoyo de la pareja. «Desde que te levantas hasta que anochece, estás en el campo. Si no tienes una pareja que te apoye, no puedes compaginar este trabajo con la familia», argumenta. Además, señala las dificultades propias del oficio, como el trabajo físico o el papeleo administrativo que conlleva. «Es muy duro, pero al final te sientes recompensada. Aquí encontré tranquilidad y una forma de vida», comenta con alivio.

Silvia Blasco forma parte de la Asociación de la Mujer Caspolina, un colectivo que organiza diversas actividades para dar visibilidad al papel de la mujer rural. «Estas mujeres, muchas de ellas mayores, son un ejemplo de vitalidad y energía positiva. Preparan teatro, se organizan, y son una auténtica lección de vida»​, dice con convicción.