Allepuz tardará el recuperarse de la última edición del Festival contra la Despoblación, una octava edición que desde la Asociación Cultural Escurzón, promotora de la iniciativa, califican de "memorable". Todo sucedió este fin de semana, con tres días que empezaron el viernes ya con propuestas para todos los públicos y variedad. Desde la organización del festival, este año con nuevas incorporaciones juveniles, resaltan que "ha sido un éxito y una de las mejores ediciones en la historia del festival". Pese a dificultades logísticas, presume de haber conseguido una coordinación y organización muy satisfactorias y anuncia la continuidad del Festival contra la Despoblación en 2027, con la que será su IX edición.
El viernes se centralizó la actividad en el local social, que se llenó desde primera hora. Allí dentro se disfrutó de la exposición de José Orduña, de la proyección del documental de Marta Solano, y de la danza de una de las artistas más destacadas como es Ana Continente. Llevó su danza que, aunque contemporánea, está muy ligada a la raíz y el folklore. La segunda mitad de la jornada la protagonizaron dos conciertos alternativos. Por un lado, Poble Nostrum, que llegaron desde el Matarraña "alardeando de dominar el punk con bajo y batería únicamente".
Por otro lado, y como actuación destacada, salieron a escena los músicos del cuarteto de jazz experimental Edredon Sensible. Los franceses "dieron un show de altísima calidad musical y performativa, siendo uno de los grupos más destacados que el festival remarca en su historia", apuntan. Con un formato a pie de suelo, el público bebió de la energía de los músicos, y viceversa. Niños desde dos años hasta adultos se dejaron llevar por las notas disparadas de los saxos y las percusiones alcanzando "un trance colectivo en medio del Maestrazgo".
Sábado de mesa redonda y conciertos
Ya el sábado, con un tiempo que regaló un sol de medio día impecable, empezó con la celebración de la Mesa Redonda. Estuvo moderada por Marcos Navarro, periodista de Ejulve del Diario de Teruel, y acogió las ponencias esperadas y la activísima participación de público. Intervinieron cuatro personas. En primer lugar, el representante de Quesos Hontanar, Vicente San Francisco, en Aguilar de Alfambra. Explicó cómo empezó el proceso de creación de la cooperativa, con las dificultades administrativas y de falta de experiencia. Además, reivindicó la importancia del empleo rural, vinculada con evitar el cierre de la escuela del pueblo.
También intervino el activista de Pirineo digno, Luis Garay, una plataforma ciudadana que busca luchar por los derechos rurales, como la vivienda asequible y el turismo responsable, expuestos en el documental 'Por una montaña digna'. La persona siguiente fue Albert Calvo, un colaborador de Aplec dels Ports, en la Mata (Castellón). Explicó que este evento reúne a todo el pueblo, y crea un vínculo y un sentido de pertenencia inigualable. Buscan defender la vida en el pueblo por la complicidad y la relación entre todos los vecinos. Finalmente, Yolanda Gimeno, de la asociación 364 Bodegas-La Devanadera contó su experiencia para no perder el patrimonio del vino en Torrijo de la Cañada (Zaragoza). Ha luchado contra prejuicios y momentos de incertidumbre en el mercado.
A mediodía se disfrutaron de las actividades participativas del público con los bailes tradicionales a cargo de Inés Saltamontes y la espectacular batucada Punkaderia.
Tras una multitudinaria comida popular, arrancaron los conciertos, con puntualidad estricta durante toda la tarde noche, a pesar incluso de que hubo que restructurar horarios por cuestiones organizativas de última hora de uno de los grupos participantes. Ixeya abrieron su mundo íntimo tras el café. Isla Kume, como era de esperar, puso al festival en pie, dejando fascinado a todo el público, de todas las edades, asombrado y fascinado. "La organización ya auguraba un gran momento en este momento del festival", apuntan.
De nuevo Inés Saltamontes y Punkadeira animaron el espacio entre conciertos. Dando paso al adelanto de horario de Malifeta, quien dio un directo impoluto y presentó a una Ana Rajadel "tremendamente emocionada" de estar por primera vez en un escenario de su provincia natal. Por su parte, Eskorzo llenó de color el recinto. "Fiesta y gamberrismo unidos a una majestuosidad musical, el festival se convirtió en una especie de carnaval festivo donde lo único que importaba era ser feliz".
Y por último, "los queridísimos y esperados Azero", cerraron los conciertos del festival con el mejor rock de pueblo posible, todavía con el público esperando su concierto con fervor. La emblemática DJ zaragozana, Bárbara Gartland, puso el broche de oro con sus mezclas en un festival en el que la gente de última hora demostró ganas de seguir bailando y disfrutando.