La Masada de los Ladrones se levanta, casi derruida, en una de las zonas altas del término de Alcañiz. Desde allí, la vista alcanza Puigmoreno, Valmuel e incluso los Puertos de Beceite, y su construcción permite entender la geología que la rodea y la evolución del terreno. Este domingo y, dentro de 'Los Sonidos de las Masadas', unas rutas organizadas por las asociaciones de vecinos de Valmuel y Puigmoreno, se dieron a conocer todos los detalles que giran en torno hasta edificación que se remonta a millones de años atrás.
Fue especial y estuvo a cargo de José Antonio Bardají, Agente de Protección de la Naturaleza y de formación geólogo. El grupo descubrió toda la vegetación que rodea la zona y se intercambiaron curiosidades entre ellos. "Desde allí, se ve una perspectiva espectacular del paisaje. La gente se ha sorprendido con las explicaciones, especialmente con las del Cabezo de Puigmoreno, porque pensaban que era de origen volcánico y geológicamente no es así", explicó Bardají.
Se sabe que el edificio está levantado en buena parte con bloques de arenisca del Terciario, lo que permite imaginar cómo trabajaron quienes la construyeron. También aprovecharon las rocas más cercanas sin necesidad de desplazarse grandes distancias. El entorno está formado principalmente por arcillas, margas y areniscas, materiales que comenzaron a depositarse hace millones de años durante el Terciario.
De ahí que la excursión se trasladara a ese momento histórico en que tras la formación de grandes cordilleras como los Pirineos y la Cordillera Ibérica, la erosión fue arrastrando sedimentos hacia la Depresión del Ebro. Aquellos depósitos acabaron transformándose en las rocas que ahora configuran buena parte del paisaje visible desde la Masada de los Ladrones.
La construcción permite comprender una de las singularidades de la zona: el contraste entre los materiales horizontales del entorno y algunos relieves que aparecen inclinados o elevados de forma llamativa. Entre ellos, destaca el Cabezo Negro, formado por materiales mucho más antiguos, del Paleozoico y del Triásico, entre ellos areniscas y cuarcitas muy duras, lo que explica su resistencia y su presencia destacada en el paisaje.
Desde la masía se aprecia, además, la transformación humana del territorio. El contraste entre la estepa que todavía se conserva hacia San Pedro de Calanda y el verde actual de Valmuel y Puigmoreno. "Hemos analizado el paisaje, cómo se conforma sobre todo por la acción humana hombre, aunque depende mucho de la geología, flora, fauna", concluye Bardají.