El Castillo de Albalate del Arzobipo acoge la exposición del ICRE, una muestra que se inauguró este sábado y de la que se podrá disfrutar hasta el 1 de octubre. Se exponen más de setenta obras de 42 artistas pertenecientes al Instituto Catalán para la Investigación en Escultura (ICRE) y llegan a Albalate después de su estancia en el castillo de Maella donde se exhibió en verano.
De hecho, entre las exhibidas, se encuentran las obras del alcañizano Jorge Egea que además preside el ICRE, y del maellano Joaquín Hernández. También hay trabajos del castellonense Adrià Arnau muy vinculado con Albalate junto a Egea y Hernández -suyo es el relieve en alabastro que luce en los porches del ayuntamiento-. El resultado de la exposición colectiva es un conjunto muy variado de piezas esculpidas a base de materiales que van del cartón al bronce pasando por la escayola o la cerámica y el alabastro autóctono del Bajo Martín, entre otros.
Esta muestra se puede visitar las mañanas de miércoles a domingo de 10.00 a 14.00, y las tardes de miércoles a viernes entre las 16.30 y las 18.30.
El catálogo de artistas que exponen se compone por José Abellán, Adrià Arnau, Àngels Badia, Rosa Bertrán, Mercè Bessó, Nuri Bofill, Rosa Castellà, David Centelles, Amaia Conde, Élvia Cor, Glòria Coronas, Javier De Mendoza, Jorge Egea, Mari Carmen García, Carme Gil, Coco Guilera, Juan Gutiérrez, Joaquín Hernández, Dámaris Llaudis, Anna López Roger, Santiago Martí, Ricard Mira, Eulàlia Monés, Xavier Moreras, Genny Murià, Cova Orgaz, Mony Núñez, María Peñato, Fili Plaza, Ramón Pons, Andreu Ponsirenas, Abel Pruñonosa, Joan Puyal, Carme Riu, Esther Tenedor, Josep Tomás y Eduard Varela.
Instituto Catalán para la Investigación en Escultura con vocación universal
El ICRE tiene su base en Barcelona ya que fue en Cataluña donde se creó pero su vocación es universal. Bajo sus siglas aglutina a 65 artistas asociados con base en tierras catalanas pero de procedencia variada. Es el caso del mismo presidente, Jorge Egea, un alcañizano afincado en Barcelona donde tiene su taller desde hace años. Ya han montado exposiciones en Barcelona pero también en Francia, ahora en Aragón y ya piensan en viajar al País Vasco precisamente aprovechando esa procedencia variada de sus asociados.
En cuanto a la asociación como tal, nació con la idea de "agrupar a gente que tenemos una misma filosofía de trabajo como es el asociacionismo y el amor por la escultura", dice Egea. "Y todos tenemos claro que esta es una disciplina muy dura en solitario porque montar una exposición personal con 50 piezas implica el trabajo de muchos años", añade. Tratan de dar a conocer sus esculturas y las de otros artistas a los que invitan a charlas, conferencias y seminarios, así como la escultura histórica gracias a historiadores del Arte que asisten a estas iniciativas a dar explicaciones. Con las exposiciones quieren expandir su mensaje. "En nuestro mensaje no hay un criterio de estilo o de material sino todo lo contrario, e intentamos mostrar al público obras de muy diversos estilos y de muchos materiales para que puedan ser atractivas a gente muy diferente", reflexiona Egea. Es lo que se puede contemplar en Albalate, diversos aspectos de la escultura contemporánea en la que pueden convivir obras figurativas y obras conceptuales y muy matéricas al mismo tiempo, y por otro lado, todas las técnicas que conviven en la muestra en el Castillo. "Todo el arsenal que usamos a diario los escultores", apunta.
La muestra albalatina se inauguró el sábado y contó con la asistencia de 22 artistas de los 42 que exponen en el Castillo y quienes disfrutaron de una visita guiada por la fortaleza. Alfredo Martínez, al frente de Albalate Turístico, se encargó del recorrido y de las explicaciones una vez que ellos dieron las suyas acerca de sus obras. "Somos una asociación que trabaja desde el voluntariado, ningún miembro de la junta cobra una retribución y eso hace que haya una energía en común. Evidentemente, estos proyectos no pueden salir en solitario y, como en todas las asociaciones, siempre tiene que haber una junta que tire del carro pero sin la colaboración de los socios y socias sería imposible", dice el alcañizano.
Estos viajes además propician que muchos socios se conozcan porque a veces no es fácil coincidir y menos en este último periodo. La asociación ha crecido en pandemia ya que mucha gente ha visto en redes sociales, y especialmente en Instagram (@esculturaicre), el trabajo que llevan a cabo y han visto que era la oportunidad de hacerse miembro. Preparar las exposiciones lleva consigo el conocerse y crear cierta hermandad entre los asociados, además de que es un aliciente extra salir para la gente que no conoce el territorio y para el propio territorio que los recibe. "También es un modo de vida porque los escultores y artistas en general tenemos esta cosa un poco circense de ir montando las exposiciones y eso implica desplazarte y hacer entre varios asociados todo el trabajo que hay detrás porque hay que embalar, montar, transporte y un largo etcétera", apunta. "Luego siempre hay uno que tiene un amigo que vive en un pueblo cercano y se queda a dormir aprovechando el desplazamiento, contacto con las casas rurales...", sonríe Egea. Al viaje para montar se añade el del día de la inauguración, en el que ya se disfruta del trabajo hecho y, en este caso además, de una estancia en Albalate con visita guiada y el disfrute de la gastronomía local.
Potencial de Aragón para acoger a artistas
Respecto al espacio, asegura que es un paso muy importante para la asociación. En verano fue el Castillo de Maella como pueblo de Pablo Gargallo, y ahora el Castillo de Albalate por ser el pueblo del simposio en escultura en alabastro. "Siempre buscamos situaciones en las que haya una ligazón al mundo de la escultura", señala y rompe una lanza en favor de Aragón como territorio acogedor de este tipo de iniciativas. "Creo que Aragón no se ha sabido potenciar mucho en este sentido y ofrece unas cosas muy valiosas para quienes venimos de la urbe, como por ejemplo, encontrar todas las facilidades para disponer de un espacio tan maravilloso como es este palacio, la generosidad de la gente y de los ayuntamientos que son muy acogedores y muy cercanos en todo y también en la gestión", apunta.
Esto, en una ciudad, señala Egea es mucho más complicado ya que solicitar una sala importante implica mucha burocracia y muchos tiempos de espera que a veces se traducen en tener que programar con dos e incluso tres años vista. "En pandemia planificar tanto no es viable, todo es muy incierto, y aquí con esa cercanía basta con programar con unos meses de antelación, algo que a nosotros nos facilita mucho nuestra labor como asociación", concluye.