Meses de trabajo es lo que ha hecho posible la restauración del cuadro de la Última Cena de Alcañiz. El proceso, mucho más complejo de lo esperado inicialmente, ha devuelto la luz a la obra, dejando incluso entrever figuras que permanecían ocultas bajo capas y capas de polvo. Y detrás de todo ello han estado los restauradores de la Fundación Santa María de Albarracín, quienes este viernes explicaron los detalles de su trabajo en una charla celebrada en el Parador de la capital bajoaragonesa.
No todos los días uno puede averiguar los entresijos detrás de un proceso artístico como este, y por eso esta era toda una oportunidad. Un nutrido grupo de vecinos curiosos se acercaron hasta el enclave para conocer de cerca la restauración que ha liderado durante estos meses Lidia Alcalá, y que ha contado con una inversión de más de 10.000 euros. Al acto asistió el director de la fundación, Antonio Jiménez, quien puso en valor el trabajo que realiza la entidad y su impacto en toda la provincia: "Llevamos 30 restaurando piezas como esta. Tenemos que dar la enhorabuena a Alcañiz por confiar en un proceso como este".
En el caso de a Última Cena, los trabajos de restauración se alargaron durante más de tres meses. A lo largo de este periodo, el cuadro se ha ido limpiado a conciencia y se han reparado los desperfectos causados por el paso del tiempo. «Primero realizamos un diagnóstico en el que vemos si los daños son propios del paso del tiempo, o provienen de agentes externos. Para nosotros, como restauradores, lo más importante es ser respetuosos con la obra». Y el resultado es evidente: se ha conseguido una mejor visibilidad de la escena, e incluso se han revelado imágenes de un perro y un gato que también asisten a la última cena debajo de la mesa. «Cuando damos con estas apariciones para nosotros es una alegría. Nos anima a seguir con el proceso», dijo Alcalá.
Cabe recordar que esta pieza había permanecido varios años enrollado hasta que fue encontrada en los archivos de la Iglesia. «Es un cuadro que se conservaba bastante bien para la época en la que fue confeccionado, pero a lo largo del proceso fuimos viendo que tenía una serie de deformaciones y pérdidas», añadió la restauradora. Por ello, la limpieza química que se debió realizar para devolver su color,y que permitiría que la estampa se viera bien, costó más de lo esperado. «Ha sido necesario realizar muchas más pruebas de limpieza de lo esperado hasta dar con el disolvente apropiado».
Aun así, el resultado ha sido muy gratificante para los cinco restauradores involucrados en el proceso. La Última Cena es un cuadro "especial", y de un estilo tenebrista. Además, a los profesionales también les ha sorprendido la disposición del mismo. "Es una escena que, normalmente, se representa en composiciones horizontales. Y en este caso es vertical", concreta Alcalá.
Ahora solo queda que quien no haya podido verlo en persona pueda sorprenderse con este nuevo tesoro que tiene Alcañiz. "Recuperar un cuadro como este es muy importante. Es un nuevo interés a nivel cultural, religioso y turístico", concluyeron desde la Fundación.
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