La espera ya ha concluido y el cuadro de la Última Cena de Alcañiz vuelve a formar parte de las piezas que se exponen en la Excolegiata de Santa María la Mayor. Los técnicos de la Fundación Santa María de Albarracín han traído este viernes, con sumo cuidado, el lienzo al templo y lo han colocado en una de las capillas. Concretamente, el nuevo escenario definitivo es el que se dedica a la Virgen de Pueyos, patrona de la ciudad.
La Fundación Santa María de Albarracín ha sido la encargada de una restauración que ha costado más de 10.000 euros. El cuadro se ha limpiado a conciencia, se han reparado los desperfectos causados por el paso del tiempo y se ha vuelto a colocar en un bastidor. La restauración ha devuelto la luz a la escena y ha revelado las imágenes de un perro y un gato que también asisten a la última cena debajo de la mesa.
Desde el área de Patrimonio celebran la vuelta del cuadro a su escenario original y aseguran que sirve también como un atractivo más de los muchos que tiene para ofrecer la ciudad. El propio concejal ha estado presente durante la mañana en la colocación del cuadro. Durante las últimas semanas se han organizado visitas con escolares para dar a conocer el trabajo que se realiza en Albarracín.
En el olvido durante casi una década
El lienzo fue descubierto en 2016 por Jesús Ponz, un alcañizano interesado en la historia local, al limpiar, ordenar y poner en valor los libros de la sala superior a la sacristía de la capilla de la Soledad. Lo encontró en el suelo, doblado sobre una parte del marco dorado que lo soportaba. Lo colgó en una de las paredes y durante ocho años «lo vio para sí mismo» hasta que decidió que «tenía que sacarlo porque es digno de que la gente lo vea».
El historiador del arte alcañizano Jorge Martín, a raíz de su tesis Arquitectura barroca en Aragón: antiguos arciprestazgos de Belchite y Daroca entre 1601 y 1750, ha realizado un arduo proceso de documentación en este campo y sobre la iglesia de Alcañiz en particular, en el que el puzle «podría encajar» respecto a la autoría de este lienzo con el pintor Francisco de Miedes. El historiador alcañizano cree que pertenecía a una capilla de la antigua iglesia gótica, construida en el siglo XVII, entre 1645 y 1652, y que correspondería al lienzo central del retablo. «Es una Última Cena muy típica, una iconografía adecuada para este tipo de capilla, la del Santísimo Sacramento», detalla.
Una escenografía muy contrastada
Con una visión tenebrista, la Última Cena presenta infinidad de personajes y una escenografía muy contrastada entre la mesa —con el Santo Grial en el centro, muy iluminado— y el resto, prácticamente en penumbra. Los apóstoles tienen caras «muy singularizadas», entre las que destaca la de Judas, que el director de la Fundación define como «espectacular», además de otros personajes con «expresiones bien diferentes» en torno a la figura central, la de Cristo.
Precisamente, el eje central lo marca Jesús de arriba abajo, con un foco justo en la zona de la cena y un reflejo importante en la mirada extasiada del propio Cristo. A los lados aparecen los apóstoles, con apariencia más tenebrista y rostros que se aprecian mucho mejor tras la restauración.
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