Encontrar una vivienda de alquiler se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los nuevos pobladores que llegan al Bajo Aragón Histórico por motivos laborales. Profesores, sanitarios y otros profesionales que se trasladan a los municipios de la zona se enfrentan a una oferta limitada, precios cada vez más elevados y dificultades para encontrar alojamientos que se adapten a sus necesidades.
El problema va más allá de la búsqueda de un piso. La escasez de viviendas disponibles para residir durante todo el año supone también un desafío para los municipios que buscan atraer nuevos habitantes y mantener sus servicios. En localidades con actividad turística, la presencia de alojamientos destinados a estancias vacacionales añade otra dificultad para quienes necesitan un alquiler de larga duración.
En el Bajo Aragón Histórico, la falta de oferta de viviendas de alquiler disponibles merma el crecimiento y la fijación de población en el territorio. Un problema que comienza a ser crítico y que deja sin opciones a quienes quieren habitar los pueblos e instalarse para hacer su proyecto de vida aquí. Cada vez menos oportunidades y precios más elevados.
Pablo, de Chiclana a Valderrobres
Era verano y estaba en la playa de Chiclana (Cádiz) cuando Pablo de Sevilla se enteró del destino que le había tocado este año para trabajar como profesor, Valderrobres. El joven, de 31 años, enseguida pensó en la suerte que había tenido: «Me puse a investigar sobre el municipio y la comarca y quedé impresionado con los paisajes».
Así, comenzó su ruta con destino: el Matarraña. Aunque no todo fue tan fácil como él pensó que sería: «Pensé que en un pueblo con 2.500 habitantes no tendría problemas para encontrar una casa de alquiler». Enseguida se dio cuenta de la realidad. «Llamé a más de 15 personas y pasaron tres días hasta que encontré la vivienda donde ahora mismo estoy», relata. Además, en plataformas como Idealista o Fotocasa tampoco encontró opciones.
Pablo señala que el principal problema con el que se topó fueron las viviendas de uso turístico. Unos alojamientos que han crecido en el Matarraña y, concretamente, en Valderrobres con el auge del turismo en la zona. «Todos los alojamientos descartados eran porque en el mes de junio debía marcharme o no podía estar de forma permanente».
Finalmente, y después de varios días, Pablo logró encontrar un alojamiento adecuado a sus necesidades y donde poder establecerse durante todo el curso escolar.
Laura, de Antequera a Alcañiz
Laura es una enfermera andaluza que llegó al hospital de Alcañiz en 2021, en un momento en el que la situación de la vivienda comenzaba a ser un tema «preocupante». «Si vienes de fuera, la única manera de encontrar piso es mirando por internet, y en las plataformas inmobiliarias había tres o cuatro anuncios», detalla. Fue gracias a la gente del hospital por lo que encontró una vivienda: «Los compañeros tenían contactos y aumentan las posibilidades de encontrar una vivienda».
Desde que Laura llegó a la capital bajoaragonesa han pasado cinco años y la situación se ha ido agravando con el paso del tiempo. Cuando ha querido cambiar de vivienda cada vez ha tardado más y los precios han ido subiendo. «Las primeras veces que me cambié tardaba aproximadamente un mes en encontrar piso, y esta última vez no tenía prisa en mudarme pero me quería cambiar. Estuve desde el verano pasado hasta Navidad buscando alguno que se adaptara a mis necesidades».
En cuanto al precio, también ha notado un cambio considerable: «Recuerdo que cuando vine podía encontrar un piso por 300 euros y como muy caro 400, para mí sola, sin compartir. Ahora estoy pagando casi 600 euros».
María, de Teruel a Alcañiz
María es una joven turolense que eligió el Centro de Salud de Alcañiz como su destino para hacer su residencia de enfermería. Fue en julio del año pasado cuando se mudó a la capital del Bajo Aragón, pero su viaje comenzó casi dos meses antes. Era consciente del problema de la vivienda y quiso anticiparse. «Cuando comencé con la búsqueda, los pisos que veía estaban cercanos a los 1.000 euros y tenían más de tres habitaciones. Pero yo quería algo más pequeño y económico», detalla.
Pasaron varios días hasta que encontró el piso en el que ahora mismo vive: «Lo encontré hablando con contactos y un poco de suerte». Aunque señala que el precio es «asequible», subraya que «para ser Alcañiz me parece un precio muy elevado». Aunque supo adelantarse al problema de falta de oferta de vivienda, destaca: «pensé que no tardaría tanto en encontrar mi nuevo hogar».