Simón Domingo: «No pararé… Disfruto haciendo ruido y polvo»

EncontrARTE. Las obras y amistades del escultor de Muniesa salpican buena parte del territorio bajoaragonés, mientras, él sigue innovando: a más años más curiosidad
Publicado por Beatriz Severino el 20 de agosto de 2024

«Si yo tuviera veinte años menos ya estaría haciendo robótica», dice. Camino va a sus casi 70 años porque su última innovación es colocar a sus lámparas un usb para que conectarla a un enchufe no sea condicionante. «La puedes sacar a la terraza, ponerle luz, apagar…», dice. Simón Domingo Blasco (Muniesa, 1955) es un maestro de la luz. La saca de donde no se puede o, mejor dicho, de donde parece que no se puede. Quedarán pocos materiales con los que no haya esculpido una pieza. Incluso al volver de un viaje a Egipto hace muchos años quiso hacer lo que había visto. «¿Allí hacen momias? Pues yo también. Tengo alguna figura de hace 15 años con piel de pollo que está como el primer día», dice. De lo orgánico a la madera pasando por la cerámica, el aluminio de fundición, resinas, acero, papel maché, hasta el alabastro y ahora el mármol, son algunos materiales de los que se sirve. «Me defino como una persona muy curiosa, siempre me ha gustado indagar y si algo se rompe buscar el motivo», se sincera. Esta inquietud le ha llevado a mantener muy alto su nivel de innovación en cada paso artístico. La evolución puede verse en lugares públicos, más concretamente en Alloza donde tiene cinco esculturas en el Parque Escultórico Los Barrancos y una en el Calvario; en Albalate del Arzobispo donde tiene dos, mientras que Used y Gallocanta poseen una cada una. También va haciendo exposiciones puntuales, como la de hace unas semanas en Zaragoza, o la de un tiempo atrás en la Comarca del Bajo Martín, ente otras muchas.

Desde hace unos días se ha sumado su pueblo, que en plenas fiestas dio a conocer el Cristo que hizo él y que donó para que descansase en uno de los huecos bajo un arco en la rehabilitada ermita de Santa Bárbara. «Estoy encantado de colaborar con quien sea porque lo mío es una afición y es una manera de disfrutar yo, y después, de intentar que disfrute la gente con las piezas», dice. Comenzó a modelar de niño en su Muniesa natal. «Empecé con la arcilla, que es lo que tenemos más a mano los de secano», recuerda. Estudió Químicas y dedicó su vida laboral a la industria, aunque su pasión y su tiempo libre siempre han sido para la escultura. Siempre ha aprendido «por libre», aunque es autodidacta en cuanto a formación académica reglada, pero no a rodearse de buena compañía. Es un habitual de talleres, cursos y simposios y su vinculación con el Bajo Martín y Andorra Sierra de Arcos es muy estrecha. El alabastro le llevó a Albalate del Arzobispo donde participó hace años en el simposio internacional. Allí ha vuelto a trabajar al CIDA después. «Soy un poco la nota que llama la atención porque, ¿cómo voy a hacer lámparas con mármol si es opaco? Pues le doy la vuelta, hago agujeros, ranuras y salen esculturas y lámparas», relata.

Ahora acaba de volver de Carrara, de disfrutar de una beca para crear un proyecto y parte lo dedicó a crear esas lámparas que expuso en Zaragoza en julio. «Me traje 700 kilos para trabajar, me queda Carrara para tiempo», avisa. La necesidad de espacio le llevó hace ya tiempo a hacerse con una nave en un polígono en Zaragoza. Reconoce que le gusta el reto, darle vueltas a la piedra y ver sus posibilidades. Disfruto haciendo ruido y polvo… A mi método. Para mí, lo más importante es la imaginación para darle la vuelta a las cosas, ponerlas en su lugar o quitarlas, complementarlas…». En este proceso algunas piezas se quedan en el camino pero no se descartan. Él mismo coge algunas de hace 10 ó 15 años y las transforma o une dos. «No me achanto, los retos son mi motivación», sonríe. Lamenta que no haya más espacios expositivos y tampoco mucha sensibilidad para obra pública. Además de en las calles y en las casas de amistades, en su Facebook e Instagram muestra sus trabajos. «Voy a seguir, cuando me pare será que voy a dejar de estar bien. Si un día no puedo con la radial haré cerámica como hice en pandemia; me adapto, pero no paro».